Hay figuras que aparecen en campaña para acompañar. Y hay otras que cambian el clima electoral. José Luis Rodríguez Zapatero pertenece a esa segunda categoría. Cada vez que el PSOE necesita agitar a los suyos, reactivar al votante progresista o convertir una campaña plana en una campaña competitiva, reaparece la misma fórmula: Zapatero. La vieja confiable, como suele decirse. Y funciona.
No es nostalgia, es cálculo político. Mientras el Partido Popular intenta reducir su figura a una sombra o fantasma del pasado, en Ferraz lo leen como un revulsivo electoral probado. Ya ocurrió en las generales de 2023, cuando fue uno de los grandes emblemas de una remontada que desbarató encuestas y pronósticos. Y ha vuelto a pasar ahora: primero en Extremadura, luego en Castilla y León donde se implicó a fondo; ahora también en Andalucía. No es casualidad. Cuando el PSOE quiere movilizar, llama a Zapatero.
Porque Zapatero no entra en campaña como un expresidente ceremonial, sino como activador. Tiene algo que en el PSOE cotiza al alza: capacidad de no sólo de encender a la militancia, sino de conectar con ella, llenar mítines y convertir un acto de partido en un acontecimiento político. En un tiempo de liderazgos desgastados, conserva ese preciado magnetismo que sincroniza con la izquierda sentimental, pero también con votantes que dudan si quedarse en casa o ir a votar. Y eso es precisamente lo que inquieta al PP. No temen al Zapatero del pasado; temen al Zapatero que moviliza.
Su desembarco en Castilla y León junto a Pedro Sánchez y Óscar Puente tuvo una lectura clara: convertir una campaña territorial en una batalla nacional. Más aún en una comunidad donde Zapatero no es un invitado, sino casi patrimonio político. Nacido en Valladolid, políticamente forjado en León, su vínculo emocional allí multiplica el efecto. Pero la operación va más allá. El PSOE está recuperando deliberadamente a su mejor agitador electoral. En Jaén ya se vio: Zapatero entró en la precampaña andaluza para confrontar el pacto PP-Vox y recordarle a la izquierda que las elecciones se ganan movilizando, no esperando. El mensaje es reconocible: “Nos dormimos una vez, no volverá a pasar”.
Zapatero aparece cuando hay que despertar al electorado y además lo hace donde más duele al PP: en el terreno del relato. Frente a una derecha instalada en la gestión y las encuestas, Zapatero introduce memoria, ideología, combate político, reivindica logros, confronta modelos y obliga al PP a jugar en un terreno menos cómodo. En Ferraz lo saben: Zapatero es una máquina de movilizar y por eso vuelve una y otra vez. Porque siempre funciona. Lo hizo en 2023. Lo hizo en Castilla y León. Lo hará en Andalucía. Y probablemente seguirá haciéndolo allí donde el PSOE necesite reanimar una campaña.
Mientras el PP confía en desgaste y demoscopia, los socialistas vuelven a tirar de su arma más fiable para encender la mecha. Y quizá por eso, más que incomodar al PP, Zapatero sigue provocándole algo peor: miedo a que vuelva a pasar.
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