La derecha española salió en tromba a apoyar la agresión de Estados Unidos contra Venezuela cuando todavía no se conocían siquiera los detalles de la injerencia imperialista. Partido Popular (PP) y Vox se peleaban por ver quién aplaudía más fuerte a Donald Trump y atacaba con más virulencia al Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, una vez que el propio mandatario expuso que su única intención era apropiarse del petróleo venezolano y descartó deponer a los altos cargos chavistas, en favor de María Corina Machado, el silencio se apropió de las sedes de Génova y Bambú.
La principal tesis presentada por los de Alberto Núñez Feijóo y Santigo Abascal era la presunta colaboración del Ejecutivo con el narcoterrorista Nicolás Maduro, siendo el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero el señalado como enlace. La estrategia apenas duro unas horas, las que tardó la Justicia estadounidense en reconocer que el Cártel de los Soles que supuestamente dirigía el líder venezolano era un invento. Pero PP y Vox siguen cargando contra los socialistas, mientras Zapatero trabaja, como reconocen instituciones internacionales, por normalizar la situación en el país sudamericano. Una mediación que ha colaborado a la liberación de presos, cinco de ellos españoles.
Sin embargo, lejos de reconocer esta labora, el PP insiste en atacar al expresidente. El último paso ha sido sumarle a la lista de la comisión del Senado que aborda el caso Koldo. “Zapatero aparece vinculado políticamente, y debe aclarar hasta dónde, en uno de los entramados más opacos que rodean al actual Gobierno, un entramado que conecta rescates públicos, capital venezolano y decisiones administrativas profundamente anómalas", ha declarado la portavoz conservadora, Alicia García.
Zapatero, clave en la liberación de presos
El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, anunciaba este jueves la liberación de un “número importante de presos” como “un gesto unilateral para afianzar la decisión inquebrantable de consolidar la paz de la República y la convivencia pacífica”. El hermano de la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez, emitía un llamado a la colaboración y agradecía a varios perfiles extranjeros su participación como mediadores en las negociaciones. El presidente de Brasil, Lula da Silva, o el Gobierno de Catar fueron dos de los tres perfiles señalados, pero el primero de ellos fue el expresidente Zapatero.
“Agradecemos al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien, desde hace diez años, viene sumando todas sus capacidades para trabajar en conjunto por la convivencia nacional”, pronunciaba el presidente de la Asamblea Nacional. Un trabajo del expresidente que comenzó en 2015 a petición de la oposición venezolana y con el beneplácito de Mariano Rajoy, que por aquel entonces aún estaba afincado en La Moncloa. Una década después, Zapatero mantiene esta mediación y, a la par, otros expresidentes llaman a una insurrección interna en España. El que puede hacer, hace.
El PP elige la agresión por encima del diálogo
“El PSOE ha vuelto a ponerse del lado equivocado de la historia […] No sorprende si tenemos en cuenta las estrechas relaciones del expresidente Zapatero con el régimen de Nicolás Maduro”, acusaba el PP meses atrás, incluso antes de la agresión de Trump. Génova es partidaria de la tesis de María Corina Machado, que lleva años impulsando una invasión extranjera del país y un bloquero económico y comercial, rogando incluso a Benjamín Netanyahu que “aplicase su fuerza e influencia” en el terreno. "Yo los necesito sin gasolina, sin luz, sin gas, sin diésel, sin nada", pidió para su pueblo.
Una línea de actuación que no ha servido de nada en esta última década y que ha tocado su cumbre con la incursión ilegal de las fuerzas estadounidenses en territorio venezolano, el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el secuestro de las materias primas y la soberanía del país. Y Corina Machado en el ostracismo, arrastrándose y ofreciéndole a Trump compartir el Nobel de la Paz para acercarse al poder que tanto ansía.
En contraposición, Zapatero lleva años reuniéndose y apoyando a las familias de presos y negociando con el Gobierno bolivariano excarcelaciones, además de colaborando en operaciones de asilo como las del líder opositor Edmundo González. Si bien esta realidad no interesa al Partido Popular, que prefiere calificar de colaboración con el narcotráfico un trabajo que antaño agradecía. Quien no pueda hacer, que destruya.