Fuera”. Con un sorpresivo homenaje al presidente de Argentina, Javier Milei, ponía la guinda Alberto Núñez Feijóo a un mitin – más que una manifestación – que ha consumado el mayor giro a la derecha del Partido Popular. Génova está echada al monte, amenazada por el crecimiento de Vox, y este domingo, en el Templo de Debod y ante miles de personas, ha dilapidado todo resquicio de moderación que pudiera quedarle, empapándose del lenguaje que recuerda a los autobuses de Hazte Oír. Desde el mismo eslogan – “mafia o democracia” –, a la atronadora composición de Nino Rota para El Padrino, a las clásicas referencias a ETA o a la “dictadura sanchista” y hasta el gag final del líder de la oposición. Todo ello, aderezado con salvas victimistas de la “persecución” a Isabel Díaz Ayuso por parte de “los poderes del Estado”. Un cóctel de radicalización para eclipsar la respuesta de Vox en la calle de Ferraz.

Los acordes de El Padrino resonaban con fuerza en el enclave madrileño, mientras daban tiempo a todos los asistentes a ocupar sus posiciones, bandera de España en mano y proclamando soflamas contra el Gobierno a cada micrófono que se encontraban; antes de dar paso a la presentación modo NBA de todas las celebridades presentes: desde los expresidentes del Gobierno - José María Aznar y Mariano Rajoy – hasta un Iván Espinosa de los Monteros anunciado por megafonía y concluyendo con José Luis Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso y, finalmente, Alberto Núñez Feijóo.

Precisamente fue el alcalde de Madrid el que abrió la veda en el aquelarre conservador contra el Gobierno. Una intervención breve, pero que puso las primeras migas de pan de lo que sería finalmente este acto – que no manifestación – del PP. Arrancó – demandas electorales aparte – con un bulo al hilo del ingreso en prisión de José Luis Ábalos y que, en consecuencia, era la mecha que prendió la llama de esta movilización. En este sentido, vinculó a Soto del Real con las siglas del Partido Socialista, obviando el elenco de populares que han habitado entre las rejas del centro penitenciario. “No va a haber lugar con tanto militante del PSOE como Soto del Real a este paso”, adujo, antes de pasar por otro de los clásicos de la derecha y la extrema derecha como “los prostíbulos del suegro” del presidente del Gobierno.

Precisamente esa mención a las empresas del padre de Begoña de Gómez ya supuso una escalada en la venenosa cruzada retórica, cuando Feijóo elevó el asunto a sede parlamentaria en un ataque sin precedentes. Lo de este domingo ha sido la consumación absoluta no sólo de la radicalización del mensaje de Génova, sino la constatación de las urgencias electorales de unas siglas carcomidas por la crudeza retórica de un Vox que roza ya el 20% de los sufragios en algunas encuestas. “Nos desearemos año nuevo, mientras ellos se van a desear no entrar en prisión en el año 2026”, continuaba un Almeida, que aún no había soltado toda la carga de misiles.

Situando a Sánchez como “la mayor amenaza a la democracia” y acusándole de gobernar “contra el pueblo”, fue el primero en jactarse de la condena al fiscal general del Estado – cuya sentencia se desconoce dos semanas después de filtrarse la pena -. Pero no sólo eso, sino que además dio paso a Isabel Díaz Ayuso al presentarla como una “perseguida – y superviviente – de los poderes del Estado” sanchista. El alcalde se despidió con la presentación de quien en tiempo era su “amiguísima”, no sin antes enlazar con las notas de Nino Rota la comparación entre el “clan de los Corleone” – por Vito Corleone – y el “clan del sanchismo”.

ETA, Maduro y Mafia

La presidenta de la Comunidad de Madrid recogió el testigo del alcalde, en los mismos términos que maneja habitualmente contra el Gobierno de coalición. Arrancó con la enésima resurrección de ETA, cuyos herederos de EH Bildu - dice - preparan ya “su asalto al País Vasco y Navarra” mientras “sostienen” a Sánchez en el Gobierno de la Nación. “Hay que tener poca vergüenza y poca dignidad para salir todos los días a mentirnos a la cara como si fuéramos idiotas”, espetaba la jefa del Ejecutivo regional, jaleada por una cohorte de fieles que no dudaron en interrumpirla con salvas en su honor..

El epicentro de su discurso ha sido, precisamente, Bildu. Y por extensión, ETA. Sostenida por el bulo – alimentado por Ábalos – de la reunión con Arnaldo Otegi en un caserío euskaldun, Ayuso clamaba por la gran “traición” que supuso el pacto con los abertzales y que a la postre supone la “peor trama de corrupción que puede haber”, que es “blanquear” a la formación vasca y elevarla a una fuerza “fundamental” para la política española. “Franco es rabiosa actualidad y ETA es pasado, lejanísimo, cuando se sientan en las instituciones gracias a Pedro Sánchez, pero ¿se puede tener la cara más dura?”.

Así tras exponer la “publicidad institucional” del Gobierno a medios de comunicación afines – obviando las cantidades ingentes del erario público que destina ella a radios, televisiones y periódicos del ecosistema mediático de la derecha -, se dirigió al “tibio incomodado” de las tertulias para afearle que siga “mirando para otro lado” mientras confunde “moderación con cobardía”. “Los esguinces de cuello, para los tibios. Los que caminamos de frente no tenemos esos dolores”, remataba, mientras acusaba a Sánchez de “abandonar” a España y abocarla a un “deterioro institucional” sin precedentes y con un tsunami de pérdidas que arrastra a “familias, empresas, autónomos y clases medias”.

De ahí que pida a los españoles que no se “acostumbren a lo que es normal” y se rebelen contra las políticas que buscan – otro clásico retórico de la factoría MAR – convertir España en Venezuela porque, a través de la “mentira”, llegó Maduro al poder. “Y se mantiene en él”, defendía la lideresa madrileña, que barruntaba momentos “aún más duros para España”. Pero insistía: “No nos acostumbremos. Así comienzan todas las dictaduras”. Para evitarlo, llama a dar la batalla cultural, “sin complejos y hasta el final”, para frenar la situación “decrépita” del país, sustentado por una “mafia de corrupción que intenta impedir la alternancia democrática”.

“Ese es el leitmotiv de sus vidas […]. Necesitan ciudadanos divididos, enfrentados y despistados para que no gobierne el otro. Que ser de izquierdas o de derechas pese más que ser decente y hacer las cosas bien. Y encima es una mafia que no sólo pretende abrir viejas heridas”, percutía una Ayuso interrumpida constantemente y que extendió su discurso hasta pronosticar que el tiempo situará a Pedro Sánchez y sus aliados “en el lugar en el que se merecen en los libros de historia”. “Cuando no en la cárcel”, remató, dando paso al líder del Partido Popular.

Homenaje a Milei

Feijóo clausuró el acto, con más apoyo del que cabría esperar por parte de un público entregado a Ayuso. Enarboló el “hartazgo” de la sociedad hacia un Gobierno sumido en la “corrupción”. Pretexto que le ha servido para insistir en una llamada a la “decencia” de los socios de Pedro Sánchez para no seguir “tragando” ante lo que está sucediendo. Mensaje que diluyó poco después al incurrir en la contradicción de este fin de semana: moción de censura, sí; pero a Moncloa vía elecciones.

Zozobra argumental a la que acompañó una nueva escalada de rudeza dialéctica al colocar al “sanchismo en la cárcel”. “Tiene que salir del Gobierno. No nos lo hemos inventado, está en Soto del Real”, declaraba el jefe del principal partido de la oposición, flanqueado por los expresidentes del Gobierno del PP – Aznar y Rajoy -, la cúpula nacional del partido, algunos de sus barones autonómicos y ex de Vox como Espinosa de los Monteros o el fundador del partido ultra, Alejo Vidal-Quadras. Ante todos ellos volvía a tocar a la puerta de Junts o del PNV, advirtiendo a Sánchez de que “ya no cuela” el mensaje de “que viene la ultraderecha” porque lo que ocurre “va de vergüenza o dignidad”.

Esto va de mentira o verdad; de corrupción o limpieza; de delinquir o servir”, continuaba un Feijóo cuyo tono fue in crescendo a medida que avanzaba en la lectura del manifiesto. Por ello, insiste en que “hay que retratarse”, mientras los asistentes rompían en cánticos de “Pedro Sánchez, dimisión”. El gallego trataba de aplacar a sus masas, proclamando el hartazgo de las calles y pronosticando que aún “falta el uno” de la banda del Peugeot en prisión: “Cuatro cogieron ese coche para llegar al poder y tres ya conocen la cárcel”. Falta – continuó – “al que nada le consta, el que no sabe nada o no lo recuerda”. De ahí que aprovechara para mandar un mensaje a la militancia del PSOE: “No consientan que sus siglas se manchen del sanchismo”.

Una perorata que no era sino el preludio del giro final: un homenaje claro a Milei y su clásico “afuera”. Sin motosierra – aun en manos de Vox -, pero parafraseando uno de los vídeos más virales del ultraderechista argentino, Feijóo se presentó como el resorte que mandaría “fuera” toda la herencia de Sánchez, así como toda la suciedad acumulada bajo las alfombras del sanchismo.

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