Podemos ha protagonizado un giro estratégico de gran calado en las últimas semanas tras la desaparición de los morados en Aragón y Castilla y León. Este viraje inició tras un acercamiento con el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián. Poco tiempo después, y tras reticencias notorias, Podemos firmó un acuerdo con Izquierda Unida y Movimiento Sumar para concurrir a los comicios andaluces como coalición.
La formación encabezada por Ione Belarra ha seguido moviendo ficha con la vista puesta en las próximas municipales y generales. Durante el acto celebrado por Irene Montero y Rufián, la eurodiputada dejó patente su voluntad de entablar conversaciones con todos los espectros de la izquierda de cara a julio de 2027, incluido Movimiento Sumar, el que había sido elemento radioactivo para Podemos.
En aquel coloquio en la ciudad de Barcelona, Montero deslizó la posibilidad de articular unas primarias conjuntas para confeccionar las listas de una eventual candidatura unitaria de la izquierda a la izquierda del PSOE.
No obstante, el debate está lejos de resolverse: mientras algunos sectores de la dirección recelan de la propuesta, otros la ven como una oportunidad para reforzar su influencia en una eventual lista conjunta. En cualquier caso, la idea ya está sobre la mesa y cobró visibilidad la semana pasada de la mano del ex secretario general Pablo Iglesias, quien, pese a no ocupar actualmente ningún cargo orgánico, mantiene un peso relevante en el rumbo partido.
Durante una intervención en Radio Nacional de España, Iglesias defendió que la fórmula para cohesionar a fuerzas con posturas divergentes —tanto en política internacional como en estilo— pasa por “imitar a las izquierdas latinoamericanas”, apostando por primarias abiertas a la ciudadanía.
Iglesias defendió su propuesta apoyándose en ejemplos internacionales, como el caso del Frente Amplio uruguayo, donde conviven desde fuerzas situadas a la derecha del PSOE hasta corrientes trotskistas, así como el peronismo argentino, que agrupa perfiles tan dispares como Juan Grabois, en posiciones muy escoradas a la izquierda, y Sergio Massa, más próximo a posiciones moderadas.
También aludió a Colombia, con referentes como Gustavo Petro o Iván Cepeda, y a Chile, donde —según subrayó— coexisten proyectos políticos muy distintos que, aun así, articulan sus diferencias mediante primarias abiertas. A su juicio, un sistema similar, abierto no solo a militantes sino al conjunto de la ciudadanía, podría suponer “un revulsivo” para la izquierda española.
Hasta ahora, Podemos no había rechazado explícitamente la opción de unas primarias conjuntas para las próximas generales, pero tampoco la había impulsado con claridad. De hecho, en el ámbito interno predominaban las reticencias hasta hace pocas semanas. La organización siempre ha reivindicado que sus listas las deciden sus bases, aunque en la etapa de Unidas Podemos —en coalición con IU— cada partido celebraba sus propios procesos y después negociaba el reparto de puestos en las candidaturas.
El cambio actual no reside tanto en la aceptación de las primarias como herramienta, sino en la apertura del debate sobre si estas deben ser compartidas con otras fuerzas. Además, se incorpora un elemento novedoso: la posibilidad de incluir en ese proceso a Movimiento Sumar. Hasta fechas recientes, esta opción era una línea roja para la dirección morada, que llegó a plantear públicamente que la formación de Yolanda Díaz se integrara en las listas del PSOE. Sin embargo, la semana pasada, Montero dejó claro un giro en la estrategia al mostrarse dispuesta a dialogar “con todos” los actores situados a la izquierda de los socialistas.
En sectores de la dirección de Podemos se extiende, sin embargo, la idea de que Izquierda Unida difícilmente aceptará unas primarias conjuntas y abiertas a la ciudadanía. Los morados consideran que ese formato les sería favorable, especialmente si concurren junto a Rufián en un posible “tándem”.
No obstante, esa hipotética ventaja dependería en gran medida del diseño del proceso: un sistema de voto digital podría beneficiar a Podemos, mientras que un modelo presencial, con votación en urna, reforzaría a Izquierda Unida, dada su mayor implantación territorial. También influirían elementos como el carácter abierto o cerrado de las listas y la inclusión —o no— de mecanismos correctores que garanticen la representatividad de todas las formaciones.
Con todo, tanto Izquierda Unida como Movimiento Sumar tendrían más dificultades para oponerse frontalmente, ya que llevan tiempo defendiendo públicamente esta fórmula que Podemos antes descartaba y ahora empieza a contemplar.
Hace año y medio, el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, planteó abiertamente la celebración de primarias entre todas las organizaciones, una posición que la federación ha reiterado en distintas ocasiones. De hecho, recientemente sus órganos internos aprobaron un informe en el que se proponía este mecanismo como vía de “participación amplia y colectiva” para elegir liderazgos dentro de un eventual “frente amplio”.
El equipo de Maillo ha optado por no reaccionar públicamente al cambio de postura de Podemos respecto a las primarias, una cautela que mantiene también en el ámbito interno. Por su parte, Movimiento Sumar tampoco ha emitido una valoración reciente, aunque su marco organizativo ya apuntaba en esa dirección.
En el congreso extraordinario celebrado el pasado año, la formación dejó establecido que impulsará procesos de elaboración de listas en coalición mediante primarias, con normas inclusivas y abiertas a la sociedad civil. El objetivo, según recogían esas tesis, es favorecer la participación del conjunto del electorado y garantizar que todas las organizaciones implicadas se vean representadas.