El Partido Popular obtendría el 30,1% de los votos si las elecciones generales se celebrasen hoy, frente al 28,1% del PSOE y el 16,1% de Vox, según el último sondeo de Cluster17 para Agenda Pública.
La encuesta, realizada durante la crisis de Ceuta y con la inmigración instalada en el centro de la conversación política, dibuja algo más profundo que una simple ventaja demoscópica: un sistema partidista en el que la derecha mantiene una posición dominante, el socialismo conserva un suelo electoral robusto y el espacio situado a su izquierda continúa atomizándose.
Una ventaja que no equivale a una mayoría
La fotografía electoral del final del verano tiene un protagonista estadístico y varios secundarios decisivos:
El PP aparece en cabeza con un 30,1%, apenas dos puntos por delante del PSOE, que alcanza el 28,1%. Vox consolida su tercera posición con el 16,1%, mientras Sumar y Podemos obtienen un 6,1% y un 3,6%, respectivamente. Esquerra Republicana de Catalunya se sitúa en el 2%; Se Acabó La Fiesta, en el 1,7%; Junts Per Catalunya y Aliança Catalana, en el 1,6% cada uno; Euskal Herria Bildu, en el 1,3%, y el Partido Nacionalista Vasco, en el 1,1%.
La aritmética política ofrece una lectura diferente de la clasificación individual. PP y Vox reunirían el 46,2% de la intención declarada, mientras PSOE, Sumar y Podemos sumarían el 37,8%.
Pero conviene no transformar esa diferencia porcentual en una predicción automática de gobierno. El sondeo ofrece intención directa ponderada, no una estimación de escaños. Y en España la traducción del voto en representación parlamentaria depende de la distribución territorial de las papeletas, la magnitud de cada circunscripción y la competencia entre candidaturas.
El PP gana, pero no se despega
El liderazgo de los de Alberto Núñez Feijóo se produce, además, en un escenario menos holgado que el resultado obtenido por el propio PP en las elecciones del 23 de julio de 2023.
Los populares pasan del 33,1% de aquellos comicios al 30,1% que recoge ahora Cluster17. El PSOE experimenta también un retroceso: del 31,7% logrado en las generales a un 28,1% en el nuevo sondeo.
La peculiaridad reside en que la pérdida de los dos grandes partidos no tiene las mismas consecuencias sobre el sistema. Vox crece respecto de 2023: pasa del 12,4% al 16,1%, cuatro puntos menos que el PP y casi doce por encima de la formación socialista.
La derecha, por tanto, no solo conserva una posición agregada favorable; también presenta una estructura interna diferente de la que mostraba hace tres años.
🔴 El PP lideraría con más del 30% de los apoyos, el PSOE resistiría con más de un 28% y Aliança Catalana optaría al Congreso si se presentara.
— Marc López Plana (@mlopezplana) August 31, 2026
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Vox captura el descontento de la derecha
El movimiento más significativo aparece cuando se abandona la fotografía estática y se observa el recorrido de los antiguos votantes.
El 84% de quienes votaron a Vox en 2023 declara que volvería a hacerlo, el porcentaje de fidelidad más elevado entre las principales fuerzas nacionales. El PP retiene al 78,3% de sus electores y el PSOE al 77,1%. La corriente entre PP y Vox, además, no es simétrica.
El 15,3% de quienes respaldaron al PP en las últimas generales se inclinaría ahora por Vox, mientras que únicamente el 7% de los antiguos votantes de Abascal se trasladaría en sentido contrario. Se trata de un dato especialmente relevante porque revela que Vox no necesita únicamente conquistar nuevos electores: también puede crecer mediante la erosión del principal partido de la derecha.
A ese flujo se suma Se Acabó La Fiesta, que atraería al 6,5% de quienes votaron a Vox en 2023.
La derecha aparece así como un espacio competitivo en su interior, no como un bloque perfectamente homogéneo.
El PSOE resiste donde la izquierda se dispersa
La paradoja socialista consiste en que el partido pierde posiciones respecto de 2023 y, sin embargo, conserva un electorado considerablemente más estable que el de sus aliados potenciales.
El PSOE apenas cede ante Vox: solo el 1,3% de sus antiguos votantes declara ahora inclinarse por la formación de Santiago Abascal. En cambio, un 9,5% de quienes votaron al PSOE en 2023 optaría hoy por el PP.
La erosión socialista tiene, por tanto, una dirección fundamentalmente transversal hacia el centro-derecha, aunque el partido mantiene un suelo electoral suficientemente amplio para disputar el primer puesto.
La situación es muy distinta en el espacio situado a su izquierda.
Sumar, el espejo roto de la izquierda alternativa
Sumar es la formación que presenta el mayor problema de fidelidad entre los grandes espacios analizados.
Solo el 40,7% de sus votantes de 2023 repetiría ahora su voto. El resto no desaparece necesariamente del campo progresista: un 26,1% se desplaza hacia el PSOE y un 20,3% hacia Podemos. Es una fuga paradójica.
La izquierda alternativa pierde fuerza como opción electoral unificada, pero buena parte de sus antiguos electores continúa permaneciendo dentro de un espacio ideológico similar. El problema no es únicamente la pérdida de votantes: es la incapacidad de convertirlos en una fuerza común.
Sumar y Podemos reúnen ahora un 9,7%, frente al 12,3% obtenido por la candidatura conjunta que concurrió en 2023.
La fragmentación, en este caso, no es una cuestión estética. En un sistema electoral basado en circunscripciones provinciales puede determinar qué votos se transforman en diputados y cuáles quedan sin representación efectiva.
Una fractura de género que beneficia al PSOE
El comportamiento electoral también presenta una división nítida entre hombres y mujeres.
Entre los hombres, el PP alcanza el 30,1%, seguido del PSOE con el 26,2% y Vox con el 19,3%. Entre las mujeres, el orden cambia: el PSOE obtiene un 30,1%, ligeramente por delante del PP, que registra un 29,8%. Vox desciende entre las electoras hasta el 12,9%.
La distancia entre hombres y mujeres supera los seis puntos en el caso de Vox. En el PSOE ocurre exactamente lo contrario: su apoyo femenino es casi cuatro puntos superior al masculino. También Sumar y Podemos presentan una mayor penetración entre las mujeres.
No se trata únicamente de una diferencia estadística. Sugiere que género, valores culturales y percepción de la política pública continúan organizando una parte relevante del comportamiento electoral español.
Los jóvenes no votan exactamente como dicta el tópico
Otra de las conclusiones menos intuitivas del estudio aparece al introducir la edad.
El PP sería la primera fuerza entre los 18 y 24 años, con un 31%, por delante de Sumar, que alcanza el 17,6%, Vox, con un 13,7%, y PSOE, con un 12%. Entre quienes tienen entre 25 y 34 años, la ventaja popular aumenta hasta el 36,1%, frente al 18,6% del PSOE y el 16,7% de Vox.
Sin embargo, el mapa cambia a partir de los 35. El PSOE pasa a ser primera fuerza entre los 35 y 49 años, con un 27%, y alcanza el 34,4% entre los 50 y 64. En las edades superiores vuelve a imponerse el PP: 33,4% entre los 65 y 74 años y 38,4% entre los mayores de 75.
El resultado desaconseja cualquier lectura simplista sobre una supuesta generación políticamente homogénea. La edad no funciona como una línea recta: sus efectos se cruzan con la renta, ocupación, territorio, género y valores.
Vox encuentra su mayor fortaleza entre los obreros
La variable ocupacional introduce otra de las claves del sondeo. Vox se sitúa como primera opción entre los encuestados clasificados como obreros, con un 28,7%, por delante del PSOE, con un 23,3%, y del PP, con un 22,3%.
En el extremo superior de la estructura profesional, el PP alcanza el 35,1% entre ejecutivos y profesionales intelectuales de alto nivel, aproximadamente diez puntos por encima del PSOE.
La renta acentúa todavía más la separación: entre quienes declaran ingresos superiores a 5.000 euros mensuales, el PP llega al 49,5%. Entre quienes ingresan menos de 1.000 euros, el PSOE lidera con un 30,2%, mientras PP y Vox se mueven alrededor del 21%.
La vieja división entre izquierda y derecha aparece, de este modo, atravesada por una nueva geografía social: clase, renta, ocupación y percepción de seguridad interactúan con las identidades políticas tradicionales.
El mapa territorial vuelve a ser decisivo
La emergencia de Aliança Catalana constituye quizá uno de los datos más interesantes desde la perspectiva del sistema electoral.
La formación de Sílvia Orriols obtiene apenas alrededor del 1,6% en el conjunto de España, pero alcanza el 12% en Catalunya según los datos territoriales del sondeo.
La diferencia es mucho más importante de lo que parece. En unas elecciones generales, un partido no necesita necesariamente alcanzar un porcentaje elevado en el conjunto del Estado para conseguir representación. La concentración territorial puede resultar mucho más determinante que el volumen nacional bruto.
Por eso Barcelona no ofrece exactamente el mismo escenario que Girona, Lleida o Tarragona. La magnitud de las circunscripciones altera la relación entre votos y escaños y puede convertir porcentajes relativamente modestos en una posibilidad real de representación.
El dato no permite afirmar cuántos diputados obtendría Aliança Catalana —el estudio no proporciona una proyección de escaños—, pero sí señala que la formación podría entrar en el territorio electoral donde la representación deja de ser una hipótesis remota.
El desafío catalán no es solo independentista
La competencia dentro del independentismo también revela un cambio.
Entre quienes votaron a Junts en 2023, el 44,6% repetiría ahora, mientras que el 36,6% optaría por Aliança Catalana.
Si esta transferencia se consolidara, la cuestión ya no sería simplemente cuánto pesa el independentismo en Catalunya, sino cómo se redistribuye entre opciones con discursos diferentes sobre inmigración, identidad, soberanía y relación con el Estado.
La irrupción de Aliança Catalana introduce, además, una dimensión europea reconocible: la combinación entre nacionalismo territorial y posiciones restrictivas en materia migratoria que también ha ganado espacio en otros sistemas políticos occidentales.
Siete perfiles para una sociedad que ya no cabe en dos bloques
Cluster17 añade una herramienta analítica que permite observar el electorado más allá de las siglas. La encuestadora agrupa a los ciudadanos en categorías construidas a partir de actitudes y valores: progresistas, liberales, patriotas, tradicionalistas, autoritarios, antiintervencionistas y antiasistencialistas.No son equivalentes a partidos políticos ni deben interpretarse como compartimentos estancos.
Dentro de los denominados progresistas, el PSOE concentra el 64,6% del voto; entre los liberales, el PP llega al 86,8%; y entre los patriotas, Vox alcanza el 52,5%. El interés de esta clasificación reside precisamente en que intenta mirar debajo de la papeleta.
Los partidos compiten por votos; las sociedades, en cambio, se organizan alrededor de valores, experiencias y percepciones.
La inmigración como acelerante político
Cluster17 realizó las entrevistas entre el 22 y el 25 de agosto, cuando la crisis de Ceuta continuaba condicionando el debate público y la inmigración ocupaba un lugar central en la agenda política.
Eso no significa que los resultados puedan atribuirse mecánicamente a la crisis. Una encuesta no identifica por sí misma las causas de cada preferencia. Pero sí permite observar que el debate migratorio se produce en un contexto especialmente propicio para Vox, cuya posición política sobre fronteras, seguridad y soberanía constituye uno de sus principales elementos de diferenciación.
La inmigración está en el centro del debate. Hoy, el 40% percibe más sus problemas, el 30% sus beneficios y el 28% una aportación equilibrada.
— Agenda Pública (@a_publica) August 31, 2026
📌 Los jóvenes, los más críticos con el aporte de la inmigración. Léelo aquí: https://t.co/zqmTA3PJwY pic.twitter.com/GauDI4lYAN
En paralelo, una investigación específica publicada por Agenda Pública muestra hasta qué punto la inmigración divide al electorado: el 40,5% de los encuestados considera que aporta más problemas que beneficios, frente a quienes destacan sus aportaciones positivas o perciben un balance equilibrado.
La inmigración no es, por tanto, un asunto lateral del nuevo mapa electoral. Se ha convertido en uno de sus ejes de polarización.
Una encuesta no es una urna
El estudio contiene una advertencia metodológica que conviene no perder entre titulares. Se trata de una encuesta CAWI, realizada por Cluster17 entre el 22 y el 25 de agosto de 2026 sobre 1.637 entrevistas, con cobertura de todas las comunidades autónomas. La muestra fue ponderada por edad, sexo, comunidad autónoma, situación socioprofesional y recuerdo de voto de 2023 y de las elecciones europeas de 2024.
Para ese tamaño muestral, la referencia convencional de precisión al 95% sitúa el margen máximo en torno a ±2,4 puntos porcentuales. La intención de voto se calcula entre quienes manifiestan una opción partidista y se pondera según la probabilidad declarada de acudir a votar. No se realiza una redistribución de indecisos.
Esto importa especialmente en una carrera en la que PP y PSOE aparecen separados por solo dos puntos. Una diferencia de esa magnitud debe leerse como una ventaja demoscópica, no como una certeza electoral.
El precedente que obliga a mirar con atención
En suma, el PP lidera, pero no alcanza una distancia suficiente para considerar resuelta la carrera. El PSOE retrocede respecto de 2023, aunque conserva una resistencia electoral notable pese al desgaste acumulado por los escándalos que sobrevuelan al entorno político del presidente.
Vox ha dejado de ser una fuerza marginal del sistema y se consolida como un actor capaz de atraer votantes populares y de dominar determinados segmentos sociales. Sumar pierde cohesión. Podemos recupera parte del electorado alternativo. SALF mantiene una capacidad de absorción dentro de la derecha radical. Y Aliança Catalana empieza a explorar el espacio donde la concentración territorial puede convertir un porcentaje pequeño en representación parlamentaria.
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La ficha técnica y los resultados proceden del sondeo publicado hoy por Agenda Pública. He evitado atribuir escaños concretos a Aliança Catalana o a cualquier otro partido, porque el estudio ofrece intención de voto directa y no una estimación parlamentaria; convertir porcentajes territoriales en diputados requeriría una simulación específica por circunscripciones.
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