Las elecciones andaluzas se han convertido de facto en una encrucijada para el Partido Popular. La prerrogativa de Juan Manuel Moreno Bonilla de adelantar los comicios impacta de lleno en el estado de salud de las negociaciones entre las derechas en aquellas autonomías donde las urnas ya dictaminaron sentencia: Extremadura, Aragón y Castilla y León. 

En estas comunidades, donde los resultados electorales obligan a pactos entre ambas formaciones, el calendario andaluz introduce un factor de presión añadido. Tanto en la sede nacional del PP como en la dirección de Vox son conscientes de que cualquier acuerdo —o bloqueo— puede tener un impacto directo en la campaña andaluza.

"Es la fecha que está más despejada en Andalucía porque nuestra primavera está cargada de eventos que son muy importantes para nosotros. Es el día que quedaba limpio para poder posibilitar que hubiera una amplia participación por parte de los ciudadanos de Andalucía", ha explicado.

Las cuitas de los pactos de gobierno entre la derecha y la ultraderecha impactarán plenamente en la campaña electoral del presidente de la Junta, el único barón territorial que quiso desmarcarse del maratón de derbis electorales orquestado por Génova 13. 

El último y más importante caucus de las derechas será la prueba de fuego de este ciclo electoral ingeniado por Alberto Núñez Feijóo para desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, la vía andaluza se verá atravesada por los resultados regionales de Guardiola, Azcón y Mañueco.

Los de Santiago Abascal continúan asfixiando a María Guardiola y, pese al acercamiento en Aragón y Castilla y León, los acuerdos no se han materializado. Feijóo exige responsabilidad y premura, pero la ultraderecha se resigna a reconvertirse en una formación del establishment en pleno apogeo.

Los votantes de Vox apoyan a su partido en bloque y no aceptan acuerdos con el PP. Incluso políticas básicas, como ayudas al campo tras las borrascas en Extremadura y Andalucía o la subida de las pensiones, han sido votadas en contra por el partido y sus bases lo respaldan sin dudar. Este alineamiento férreo refuerza a la dirección de Vox y estrecha aún más cualquier margen de negociación.

Feijóo desautorizó primero a Guardiola asegurando que él llevaría personalmente las negociaciones. Cuando no funcionó, cambió de táctica: ahora dice que serán los propios candidatos quienes negocien. Este giro constante no se interpreta como flexibilidad, sino como una muestra de improvisación y falta de control. Pero la realidad es clara: Vox no quiere ceder y las elecciones repetidas se asoman como la consecuencia más probable.

La estrategia central de los populares andaluces pivota sobre la estabilidad de un gobierno en solitario, que aprobó cuatro presupuestos y que gobierna para todos sin necesidad de apoyarse en la ultraderecha. Sin embargo, sus tres compañeros de partido se encontrarán en plena concesión de peticiones para lograr ser investidos.

Sobre las palabras de María Jesús Montero asegurando que el PP tiene miedo de un repunte del PSOE, ha respondido: "Me sorprende que haga esa afirmación teniendo en cuenta los resultados que ha habido en los procesos electorales que se han producido en diferentes autonomías y teniendo en cuenta los sondeos electorales que conocemos en Andalucía".

Aunque le gustaría gobernar con mayoría absoluta, Moreno Bonilla sabe que es muy complicado en España: "Sabemos que es difícil, pero es posible. Todo lo que no sea una mayoría estable va a suponer meternos en un lío y que nos pase lo mismo que a otros compañeros que llevan meses sin Gobierno", ha dicho.

Todas las formaciones políticas han anunciado ya a sus aspirantes para hacerse con la presidencia de San Telmo, con la única excepción de Vox, que aún espera el visto bueno de Abascal para confirmar al portavoz Manuel Gavira. La actual mayoría absoluta del Partido Popular y la configuración del Parlamento, con los populares situados en el centro y presionados por ambos extremos, auguran unas elecciones con tintes plebiscitarios, en las que el foco estará puesto en Moreno Bonilla.

En este contexto, más que lograr la victoria, el resto de partidos persigue erosionar esa posición dominante del PP. Así arranca una contienda de largo recorrido, a la que muchas formaciones llegan ya con cierto desgaste tras un periodo marcado por la intensidad política.

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