España

Montse Lluís, la mujer que asciende en Vox mientras caen los hombres fuertes de Abascal

La antigua directiva de 'ABC' y COPE se convierte en la número dos del líder de extrema derecha por Madrid tras años de crisis internas, salidas de dirigentes históricos y negociaciones con el PP

Montse Lluís junto a Santiago Abascal en la sede de Vox. Archivo.
Montse Lluís junto a Santiago Abascal en la sede de Vox. Archivo.

En Vox hay dirigentes que han construido su carrera política delante de las cámaras y otros que han acumulado poder lejos de los focos. Montse Lluís pertenece a este segundo grupo. Mientras algunos de los nombres que durante años representaron al partido de Santiago Abascal han terminado fuera de la organización o relegados a posiciones secundarias, ella ha recorrido el camino contrario. Primero desde Castilla y León, después desde la dirección nacional y ahora desde un puesto privilegiado en las listas electorales.

Su último ascenso se ha conocido este lunes. Abascal la ha elegido como número dos de Vox por Madrid para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. La decisión sitúa a la actual secretaria general adjunta por delante de figuras mucho más reconocibles para el electorado, como Pepa Millán, portavoz parlamentaria que ocupará el cuarto puesto. Entre ambas aparece Juan Sergio Redondo, dirigente de Vox en Ceuta.

La elección no es un movimiento menor. Abascal ha reservado una de las posiciones más codiciadas de su candidatura a una dirigente que ha participado en las negociaciones con el Partido Popular y en la organización interna de Vox, en lugar de apostar por uno de sus perfiles habituales de confrontación parlamentaria.

Tampoco es un nombramiento que pueda entenderse al margen de las turbulencias que han sacudido a la formación de extrema derecha. La salida de Iván Espinosa de los Monteros, la ruptura con Juan García-Gallardo y el desplazamiento de Javier Ortega Smith reflejan las dificultades de distintos dirigentes para conservar su posición en el entorno de Abascal. Mientras ellos perdían protagonismo, Lluís se consolidaba.

De los despachos de la prensa conservadora al aparato de Vox

Antes de convertirse en una figura de confianza de Abascal, Montserrat Lluís había desarrollado prácticamente toda su vida profesional en empresas de comunicación. Pasó por El Correo, ocupó responsabilidades directivas en Vocento y ABC y posteriormente trabajó en el grupo COPE, donde ejerció como directora general.

No se trataba, por tanto, de una militante que hubiera ascendido desde las bases del partido, sino de una ejecutiva procedente de los despachos de algunos de los principales medios conservadores del país.

Su incorporación a Vox se produjo en abril de 2022, cuando el partido acababa de acceder al Gobierno de Castilla y León mediante una coalición con el PP. Lluís fue nombrada directora general de Coordinación e Interacción Social de la Junta, bajo la vicepresidencia de Juan García-Gallardo.

Aquella experiencia autonómica resultaría decisiva para su posterior ascenso. Castilla y León se había convertido en el primer laboratorio de gobierno compartido entre el Partido Popular y Vox, con sus correspondientes disputas sobre competencias, prioridades políticas y comunicación institucional.

Lluís llegó para desempeñar funciones de coordinación en ese escenario. Pero su papel no se limitó a acompañar al vicepresidente autonómico. En enero de 2023, una investigación de El Español la describía como una figura enviada por la dirección nacional para supervisar la actividad política y comunicativa de Vox en Castilla y León. Según fuentes del partido citadas entonces, su función consistía también en transmitir las directrices de la sede nacional al equipo regional.

La tensión entre el poder territorial y el control ejercido desde Madrid ya estaba presente en el origen de su carrera política.

El ascenso de Lluís y la caída de García-Gallardo

La relación entre Lluís y Juan García-Gallardo permite entender una parte especialmente reveladora del funcionamiento interno de Vox. Ambos compartieron etapa en el Gobierno de Castilla y León. Sin embargo, sus trayectorias terminaron siguiendo direcciones opuestas.

García-Gallardo, uno de los primeros dirigentes de Vox en alcanzar una vicepresidencia autonómica, acabó enfrentado a la dirección nacional. Tras abandonar el Ejecutivo regional en 2024, terminó dejando también el partido en febrero de 2025, entre críticas a su funcionamiento interno. Lluís, por el contrario, había dado el salto a la estructura nacional en 2023 y continuó acumulando responsabilidades.

La ruptura entre el antiguo vicepresidente y la cúpula de Vox dejó episodios especialmente significativos. En marzo de 2026, El País reconstruyó el auge y caída de García-Gallardo y relató cómo, en una de las crisis del Gobierno autonómico, el dirigente quedó al margen de una reunión relevante con el PP.

En aquel encuentro participaron, por parte del entorno de Vox, Kiko Méndez-Monasterio, asesor próximo a Abascal, y la propia Montse Lluís. La información señalaba además que la dirección nacional trasladó a Alfonso Fernández Mañueco que su interlocutora para las negociaciones ya no sería el vicepresidente autonómico, sino Lluís.

El episodio ilustra una circunstancia especialmente incómoda para García-Gallardo: mientras él conservaba el cargo institucional, parte de la interlocución política se trasladaba a una persona vinculada a la dirección nacional.

No existen elementos suficientes para atribuir a Lluís la posterior salida de García-Gallardo. Pero la evolución de ambos refleja una dinámica observable en Vox: la pérdida de influencia de dirigentes que han chocado con el núcleo de Abascal y el fortalecimiento de perfiles estrechamente vinculados a ese centro de poder.

La mujer que se sienta con el PP en nombre de Abascal

El salto de Lluís desde Castilla y León a Madrid estuvo directamente relacionado con las negociaciones posteriores a las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2023. Abascal recurrió a ella para coordinar las conversaciones destinadas a formar gobiernos y alcanzar acuerdos con el Partido Popular. Su responsabilidad dejó así de estar vinculada a una sola comunidad para extenderse al conjunto de la organización.

En enero de 2024 entró en el Comité Ejecutivo Nacional de Vox y en mayo de 2025 fue designada secretaria general adjunta, un nombramiento anunciado oficialmente por el partido. Su participación en las negociaciones ha continuado durante 2026. En febrero, también se informó de que Lluís seguiría interviniendo, junto al dirigente extremeño Óscar Fernández, en las conversaciones con el PP para desbloquear la situación política en Extremadura.

Su trayectoria plantea una cuestión que va más allá de su capacidad para sentarse a negociar: qué consecuencias políticas tienen los acuerdos en cuya elaboración participa. Porque los pactos entre PP y Vox no son únicamente repartos de puestos institucionales. Se desarrollan alrededor de programas que afectan a cuestiones como las políticas migratorias, la igualdad, la memoria democrática o los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI.

Castilla y León ofreció uno de los ejemplos más controvertidos durante su etapa en la Junta. En enero de 2023, García-Gallardo anunció medidas relacionadas con la interrupción voluntaria del embarazo, entre ellas la posibilidad de escuchar el latido fetal y acceder a ecografías en cuatro dimensiones. El anuncio provocó un enfrentamiento con el PP y una controversia sobre los derechos reproductivos. La Junta terminaría negando la existencia de un protocolo aprobado. 

No está acreditado que Lluís diseñara aquellas medidas. Sí formaba parte de la estructura de coordinación de Vox en aquel Gobierno, donde se hizo evidente que las disputas entre ambos partidos tenían consecuencias que trascendían los despachos. Por eso, analizar su papel negociador exige algo más que presentar los acuerdos como victorias o derrotas tácticas: obliga a examinar las políticas que Vox intenta incorporar a las instituciones y el grado de responsabilidad de quienes participan en sus negociaciones.

Un partido cada vez más controlado desde arriba

El ascenso de Lluís también permite observar la transformación orgánica de Vox. Desde su irrupción en la política nacional, la formación de extrema derecha ha atravesado sucesivas crisis con dirigentes que en algún momento ocuparon posiciones destacadas.

Iván Espinosa de los Monteros abandonó la primera línea del partido en 2023. Juan García-Gallardo rompió con la organización en 2025. Javier Ortega Smith, uno de sus rostros fundacionales, también ha perdido el peso que llegó a tener dentro de la estructura.

Son trayectorias y conflictos diferentes, que no deben interpretarse como una única operación dirigida por Lluís. Sin embargo, vistos en conjunto, muestran una organización en la que la permanencia cerca de Abascal ha adquirido una importancia decisiva. Mientras Vox convierte habitualmente la defensa de sus posiciones políticas en una exhibición de firmeza, las decisiones internas sobre candidatos, cargos e interlocutores se concentran en un círculo reducido de dirigentes.

Lluís forma parte de ese círculo. Su entrada en el Comité Ejecutivo Nacional, su nombramiento como secretaria general adjunta y su papel en las conversaciones con el PP muestran que no es únicamente una asesora encargada de transmitir mensajes. Ocupa responsabilidades orgánicas relevantes dentro del partido y ahora ha recibido, además, una posición preferente en una de sus candidaturas más importantes. Su escasa exposición pública en comparación con otros dirigentes plantea una pregunta adicional: hasta qué punto quienes participan en decisiones fundamentales de una formación política están sometidos al mismo escrutinio que sus principales portavoces.

La mujer que Abascal coloca a su lado ante el 29-N

La designación de Montse Lluís como número dos por Madrid llega en un momento políticamente significativo. Las elecciones generales del 29 de noviembre abren la posibilidad de un nuevo escenario de pactos entre el Partido Popular y Vox. Aunque todavía no puede anticiparse cuál será el resultado electoral ni quién participaría en unas hipotéticas negociaciones estatales, la elección de una dirigente con experiencia en acuerdos autonómicos no pasa inadvertida.

La decisión también tiene una lectura interna. Abascal sitúa junto a él a una persona que ha trabajado en la organización del partido, ha participado en negociaciones territoriales y ha mantenido una posición de confianza durante varios años de enfrentamientos y salidas. Su candidatura representa una apuesta por el núcleo organizativo de Vox frente a algunos de los antiguos protagonistas políticos de la formación.

Hay una última contradicción que atraviesa su trayectoria: Lluís se ha convertido en una de las mujeres con mayor poder dentro de un partido que combate buena parte de las políticas públicas de igualdad y cuestiona el marco institucional de protección frente a la violencia machista. Esa circunstancia no convierte su ascenso en una paradoja personal, pero sí recuerda que la presencia de mujeres en posiciones de poder no implica necesariamente la defensa de políticas favorables a la igualdad.

Montse Lluís llega así al segundo puesto de la candidatura madrileña tras un recorrido muy distinto al de quienes han construido su carrera a golpe de intervenciones parlamentarias o declaraciones incendiarias.

No ha necesitado convertirse en uno de los rostros más reconocibles de Vox para alcanzar la primera línea del partido. Su trayectoria se ha desarrollado entre gobiernos autonómicos, órganos de dirección y mesas de negociación, espacios donde se adoptan decisiones que después otros dirigentes defienden públicamente. Mientras algunos de los hombres fuertes que acompañaron a Abascal en etapas anteriores han perdido su sitio, Lluís ha terminado encontrando el suyo justo detrás del líder.

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