En una crisis de catapultada gravedad, uno de los errores más comunes no es comunicar mal, sino comunicar tarde. El silencio no da tiempo a beneficiarte del relato: el silencio es ocupado por otro que te priva de ofrecer transparencia e iniciativa informacional en un momento crítico. Ante un acontecimiento importante, como lo fue el accidente ferroviario en Adamuz del pasado domingo que se cobró la vida de 43 personas, se produce un repunte de la demanda de información y del consumo efectivo de esta.
Una calamidad de tal calibre no solo ocupa portadas de periódicos, ríos de tinta a manos de columnistas, y horas de tertulias en radios y televisiones; sino que traspasa la barrera del periodismo pragmático y se convierte en asunto de interés social, mundano, de conversación de vagón de metro.
Precisamente por eso, en una tragedia, un político no debe comunicar para brillar, sino para acompañar: estar presente, mostrar empatía, agradecer a quienes ayudan, hablar con claridad y transmitir serenidad. Como dijo el politólogo Javier Sánchez González, “la buena comunicación en crisis no debe buscar protagonismo, tiene que contagiar calma y confianza”. El portavoz seleccionado para un asunto tan dramático ―que no tiene por qué ser político― debe evitar los relatos partidistas, la confrontación impostada y la evasión de responsabilidades. Se requiere presencia mediática constante, cooperación entre Administraciones y la actualización de posibles novedades derivadas de la investigación.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha sido y es la cara visible de esta tragedia por inercia y competencia. Desde que se conociesen las primeras incidencias tras el descarrilamiento en Córdoba a las 19.45 horas, Puente compartió en redes sociales su desplazamiento al Centro de Gestión de Red H24 de Adif, donde se monitorizó la situación y se comenzó a descubrir la magnitud de lo ocurrido. A penas una hora después, el propio Ministro aseguró que las últimas informaciones que llegaban eran “muy graves” y confirmó un “impacto terrible” entre varias unidades de distintos trenes.
10 horas después, Puente ya se encontraba en Córdoba “de camino al lugar del accidente”. En aquel momento, la cifra de muertos no había superado la cuarentena. El lunes a mediodía pisó la zona cero del descarrilamiento y, tras “más de tres horas sobre el terreno”, Puente constató “la gravedad de lo sucedido y sus terribles consecuencias” ―según indicó en sus redes sociales―. A las 13.30, Puente compareció ante los medios de comunicación junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. A las 23.39 compartió el plan alternativo de transporte que Renfe mientras “se recupera la infraestructura del corredor sur”. Y desde entonces, ―como también anunció― atendió de forma ordenada a varios medios de comunicación: durante esa misma tarde y noche, atendió a cuatro programas de televisión y dos emisoras de radio.
El martes, acompañó a los reyes en su visita al lugar de los hechos y al hospital en el que estaban aún ingresados varios heridos; y durante aquella jornada respondió a las cuestiones que le preguntaron varios periodistas desplazados hasta la localidad andaluza. En la mañana del miércoles fue entrevistado en dos programas matinales y, a media tarde, compareció junto al director de Tráfico de Adif, Ángel García de la Bandera, y el director de Operaciones de Renfe, Alfonso Gálvez. La concurrencia ante los medios de comunicación duró dos horas y 18 minutos.
Tras las primeras intervenciones, los compañeros periodistas pudieron preguntar a los tres intervinientes sin límite de tiempo y preguntas ―algo más que particular en la última etapa de la política nacional―: Informativos Telecinco, Noticias Cuatro, TV3, Antena 3 Noticias, Más Vale Tarde (La Sexta), Canal 24 horas (RTVE), El Mundo, 20 minutos, ABC, El País, El Confidencial, El Independiente, El Economista, El Periódico o Reuters fueron algunos de los medios acreditaos ―de toda adscripción política― a los que respondió el ministro Puente y los respectivos cargos técnicos.
Ninguna pregunta fue vetada ni se quedó sin responder. Ningún asunto se quedó sin abordar: hubo datos actualizados sobre heridos, víctimas y muertos; una reconstrucción temporal sobre los hechos, un desgrane de los profesionales y recursos puestos a disposición, un resumen de los datos en inversión, mantenimiento y de liberación del mercado; una aclaración sobre el estado de los trenes y el punto de la investigación; una postura de empatía, conmoción y comprensión para con los familiares; matices sobre el accidente en Rodalies y la caída de un muro de carga de la AP-7 en Gelida (Barcelona), explicaciones sobre la revisión y el mantenimiento de la red ferroviaria española, sobre el confort y la seguridad de los trenes, sobre la posible infrafinanciación en el sector y sobre la reapertura de carreteras y líneas ferroviarias.
Entre las más de 50 preguntas, hubo cuestiones políticas y técnicas. Sin embargo, Puente no quiso proferir embestidas a la oposición ni respondió a las críticas de la ultraderecha. Tampoco a la carta enviada por el vicesecretario de Hacienda, Infraestructuras, Vivienda y Autónomos, Juan Bravo, en la que trasladó “la enorme preocupación que comparte toda la sociedad española, especialmente ante la noticia conocida esta tarde acerca de la reducción de velocidad en la línea del AVE Madrid-Barcelona”.
Ante todo, Puente mostró sobriedad, prudencia y, esta misma mañana, ha retomado su ruta por los medios de comunicación: ha sido entrevistado en El matí de Catalunya Ràdio, y en Herrera en Cope de Cadena Cope; y esta tardé participará en Todo es Mentira (Cuatro).
Puente ha sabido gestionar los tiempos y su mesura es acertada. Su gestión comunicativa y el empleo del lenguaje ha sido eficiente y adecuada. Algo que ha hecho brillar a otros actores dentro de la tregua implícita, como la de Juan Manuel Moreno Bonilla.