España

La letra pequeña del CIS de vivienda: el quinto pilar del Estado del bienestar, en ruinas

El barómetro retrata una crisis que impide emanciparse, obliga a recurrir a la familia y aleja la propiedad de quienes aspiran a tener una casa

Una persona sujeta unas llaves durante una manifestación por la vivienda. EP/Archivo.
Una persona sujeta unas llaves durante una manifestación por la vivienda. EP/Archivo.

La vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los españoles, pero detrás de los grandes porcentajes del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se esconde una realidad bastante más compleja. La letra pequeña del estudio dibuja un país en el que independizarse se ha convertido en una carrera de obstáculos, acceder a una vivienda en propiedad queda fuera del alcance de numerosos ciudadanos y las familias terminan asumiendo parte de las carencias del sistema. La crisis residencial ha desbordado el mercado inmobiliario y afecta ya a decisiones tan elementales como dónde vivir, con quién hacerlo o cuándo abandonar la casa familiar.

El Barómetro de Vivienda 2026, elaborado a partir de 6.019 entrevistas realizadas entre el 22 y el 30 de junio, ofrece una radiografía de esas dificultades. Más allá de las respuestas sobre la preocupación social o la necesidad de intervención pública, sus preguntas permiten identificar las consecuencias materiales de una crisis que condiciona los proyectos de vida de millones de personas. El acceso a una vivienda digna, considerado con frecuencia el quinto pilar del Estado del bienestar, aparece atravesado por barreras económicas, dependencia familiar y una oferta protegida que tampoco consigue dar respuesta a todas las necesidades.

Los datos comienzan por una realidad aparentemente cotidiana. El 13,4% de los entrevistados vive en casa de sus padres o suegros junto a alguno de ellos, mientras que otro 4,5% reside en una habitación de un piso compartido. Aunque estas circunstancias no responden necesariamente a dificultades económicas, el propio CIS permite comprobar hasta qué punto los precios condicionan la posibilidad de abandonarlas.

La emancipación, atrapada entre los precios y los salarios

Entre quienes viven con familiares o en habitaciones compartidas y no tienen intención de trasladarse a una vivienda independiente en los próximos doce meses, los motivos económicos sobresalen con claridad. El 85,6% señala que el precio de compra es demasiado alto para sus ingresos, mientras que el 84,9% identifica el coste del alquiler como un obstáculo. A ello se suma un 77% que afirma no disponer de dinero suficiente para afrontar la entrada o la fianza.

La falta de empleo o de ingresos estables aparece en el 38,8% de las respuestas y un 41,4% señala que independizarse supondría tener que trasladarse a un lugar más alejado. Los porcentajes proceden de una pregunta de respuesta múltiple formulada a 737 personas, por lo que las razones pueden coincidir en un mismo entrevistado.

El problema no se limita a quienes todavía no han abandonado el hogar familiar. La vivienda también está obligando a retroceder a personas que ya habían conseguido independizarse. Según el estudio, el 11,8% de los encuestados asegura que durante los últimos cinco años ha tenido que regresar a vivir con su familia o compartir piso porque no podía seguir pagando su casa.

Son situaciones distintas, pero apuntan a una misma dificultad: el acceso a una vivienda independiente no depende únicamente de la voluntad de emanciparse, sino de disponer de recursos económicos suficientes para sostenerla.

Comprar una casa, un deseo que se aleja

El barómetro refleja igualmente una considerable distancia entre las preferencias residenciales de los españoles y sus posibilidades de acceder a la propiedad. El 93,5% preferiría vivir en una vivienda en propiedad, frente al 5,4% que se inclina por el alquiler. Sin embargo, únicamente el 18,4% de todos los entrevistados tiene previsto comprar una casa durante los próximos dos años.

Esa diferencia no significa que todos los demás quieran comprar y no puedan, pero las respuestas de quienes se encuentran precisamente en esa situación ayudan a entender el bloqueo.

Entre los 1.577 entrevistados que no son propietarios, preferirían serlo y no contemplan comprar en los próximos dos años, el 80,7% asegura que no dispone del dinero necesario para la entrada. Otro 71,3% señala que sus ingresos son insuficientes para afrontar las cuotas y el 63,5% considera que no cumple los requisitos para acceder a una hipoteca.

El precio no es el único problema. Un 34% indica que la vivienda que podría adquirir estaría peor situada que la actual y un 27,5% que tendría que conformarse con una casa más pequeña. La propiedad sigue siendo la opción preferida por una mayoría abrumadora, pero para una parte de los entrevistados se ha convertido en un proyecto difícil de materializar.

La familia como red de seguridad ante la crisis

Otra de las conclusiones que permite extraer la encuesta es el papel que desempeñan las familias para amortiguar los problemas de acceso a la vivienda. El 18,5% de los españoles entrevistados reconoce haber recibido ayuda económica familiar para pagar el alquiler o la hipoteca durante los últimos cinco años. En cambio, solo el 5,8% afirma haber recibido una ayuda económica de alguna administración pública con esa finalidad.

Ambos porcentajes miden experiencias declaradas durante un periodo de cinco años, no el volumen total de recursos aportados por las familias o por las instituciones. Sin embargo, ilustran la importancia del apoyo privado para una parte de la población.

La encuesta también recoge que el 31,8% de los entrevistados tiene perspectivas de heredar total o parcialmente alguna vivienda, frente al 67,1% que no contempla esa posibilidad. La combinación de estas respuestas plantea una cuestión de fondo: hasta qué punto la capacidad de acceder a una vivienda depende de los recursos y del patrimonio familiar.

Las dificultades económicas se trasladan asimismo a las condiciones de vida. Un 8,2% declara no haber podido pagar el alquiler en algún momento de los últimos cinco años y un 8,1% reconoce haberse visto obligado a cambiar de casa por no poder asumir su coste. A ello se añade un 14,7% que ha tenido que mudarse lejos de familiares o amigos por razones económicas.

Una vivienda protegida que tampoco llega a todos

La vivienda protegida, concebida precisamente para facilitar el acceso residencial en condiciones más asequibles, tampoco queda al margen de las dificultades que recoge el CIS. Solo el 8,6% de los encuestados afirma residir actualmente en una vivienda protegida. Esta proporción no equivale al porcentaje de viviendas protegidas existente en España, puesto que el estudio pregunta por la situación residencial de las personas entrevistadas.

Los problemas aparecen también entre quienes aspiran a comprar una casa. De los entrevistados con intención de adquirir una vivienda durante los próximos dos años, el 22,4% ha solicitado o tiene previsto solicitar una vivienda protegida.

Entre quienes no contemplan esa opción, el 58% señala la insuficiencia de oferta como uno de los motivos. Un 54,6% menciona la duración o complejidad de los trámites, mientras que un 52,7% reconoce no disponer de información suficiente. Además, el 58,4% considera que no cumple los requisitos exigidos.

Las respuestas retratan un sistema en el que las dificultades no se limitan a la disponibilidad de viviendas. La información, los procedimientos de solicitud y las condiciones de acceso también constituyen obstáculos para una parte de los potenciales compradores.

El propio barómetro recoge que el 91,4% de los entrevistados considera que las administraciones públicas deberían construir más vivienda pública. Existe, por tanto, una amplia demanda social de ampliar la oferta, aunque ese consenso no permite determinar por sí solo qué políticas serían más eficaces.

El coste de vivir bajo un techo

Las consecuencias de la crisis tampoco se agotan en los precios de compra o alquiler. En los últimos cinco años, el 24,2% de los entrevistados asegura haber vivido en una vivienda con frío o calor extremo y un 5,1% afirma haber residido en una habitación sin ventana.

También aparecen experiencias de inseguridad residencial. El 8,3% declara haber recibido presiones o avisos para abandonar su vivienda y un 10% asegura haber sufrido prácticas ilegales de inmobiliarias o empresas de alquiler, como pagos o penalizaciones abusivas. Se trata de experiencias manifestadas por los encuestados, no de infracciones acreditadas judicial o administrativamente.

En conjunto, las respuestas del CIS permiten observar las distintas dimensiones de un mismo problema. La dificultad para emanciparse, las barreras para acceder a la propiedad, la necesidad de recurrir al apoyo familiar y las deficiencias de algunas viviendas forman parte de una realidad que no puede reducirse al encarecimiento del metro cuadrado.

El quinto pilar del Estado del bienestar aparece así debilitado por una brecha entre las aspiraciones residenciales y las posibilidades económicas de una parte de la población. El barómetro no mide por sí mismo el estado del sistema público de vivienda ni permite atribuir todos estos problemas a una única causa. Sí documenta cómo las dificultades de acceso condicionan las decisiones y las condiciones de vida de numerosos españoles.

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