La forja política de Isabel Díaz Ayuso no se adscribe a los cauces de la diplomacia orgánica ni al escalafón académico tradicional; se asienta en la denominada ‘guerrilla’ de Nuevas Generaciones (NNGG), la organización juvenil del Partido Popular. 

Las páginas de la crónica de su ascenso que contiene el libro “Ayuso. Zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid (Libros del KO)”, del periodista David Fernández, revelan que los rasgos que hoy definen su perfil público —la confrontación directa, la guerra cultural y el uso del impacto mediático— operaban ya como herramientas de manual durante sus primeros años en la sede de la calle Génova 13. 

Quienes compartieron espacio con ella en aquella etapa describen una atmósfera interna marcada por dinámicas de asimetría, camaradería utilitaria y una evidente crudeza competitiva.

Un animal en la manifestación del 1 de mayo

Los testimonios recogidos de exmiembros de la organización juvenil exponen que, ya en los inicios de su militancia, Ayuso apostaba por estrategias de agitación de alto impacto performativo, alejadas de la moderación institucional. Uno de los episodios más singulares data de los preparativos para una festividad del Día del Trabajo. Durante una reunión en la sede del partido, la hoy presidenta regional propuso una acción destinada a boicotear la manifestación sindical del 1 de mayo: hacer desfilar un cerdo vivo con lemas antisindicales pintados en sus lomos.

La iniciativa contemplaba embadurnar al animal con una capa de grasa o aceite con el fin de imposibilitar o dificultar severamente su captura una vez fuera liberado en mitad de la protesta. La propuesta, que encarnaba de manera fidedigna el concepto de “equipo de guerrilla” que Ayuso pretendía insuflar en las filas juveniles, fue finalmente descartada debido a su inviabilidad logística y a la complejidad intrínseca de trasladar un animal de tales características en un vehículo por el centro de la capital.

Este carácter combativo se replicó en marzo de 2007. Ayuso figuró entre las promotoras de un viaje en autobús que desplazó a cincuenta jóvenes de NNGG desde Madrid hasta San Sebastián. El propósito era concentrarse ante el Hospital Donostia, donde se encontraba ingresado el miembro de ETA Iñaki De Juana Chaos a causa de una huelga de hambre. Según reflejan los testigos de la expedición, durante el trayecto, Ayuso empleó la canción ‘Delgadito’, del grupo La Rabia del Milenio, con el fin de mofarse del estado de salud del recluso, evidenciando una temprana inclinación por la sátira política de trazo grueso.

La red de rescate y los 4.219 euros de Madrid Network

La relación de Isabel Díaz Ayuso con los cuadros de mando del partido conoció severos altibajos. En los albores de su carrera, ejerció como asesora del Gobierno autonómico de Esperanza Aguirre, especializándose en un área por entonces incipiente y minusvalorada por la vieja guardia: la gestión de las redes sociales. No obstante, su fuerte temperamento propició fricciones con la dirección de Presidencia, donde se la percibía como una colaboradora que “a veces se pasaba de lista”.

El detonante de su cese fulminante en marzo de 2008 revistió tintes surrealistas: la joven asesora tomó el vehículo oficial de Regino García-Badell —entonces jefe de gabinete de Aguirre— sin disponer de la preceptiva autorización. Pese a la actual sintonía entre ambas figuras, en aquel momento Esperanza Aguirre no intervino para evitar su destitución.

Fue en ese escenario de vulnerabilidad laboral donde se activaron los mecanismos de solidaridad interna del partido, vehiculados por un joven Pablo Casado, por entonces diputado autonómico y presidente de NNGG en la Comunidad de Madrid. A fin de garantizarle un sustento económico mientras continuaba ejerciendo de forma voluntaria y no remunerada en la secretaría de comunicación de la formación, Casado intermedió para su colocación en Madrid Network.

Esta entidad, constituida con capital público pero dotada de una forma jurídica de derecho privado, eximía a la entidad de someterse al control de los interventores públicos, del Parlamento madrileño o de rendir cuentas ante el Registro Mercantil. Las investigaciones periodísticas complementarias confirmaron que Ayuso percibió de esta sociedad una retribución neta de 4.219 euros mensuales entre los años 2008 y 2011, un refugio financiero habitual para los denominados ‘cachorros’ de la organización que carecían de encaje provisional en la estructura del Ejecutivo regional.

Del anonimato digital al éxito de @soypecas

El verdadero vector de influencia de Ayuso se consolidó en el ecosistema digital. Su entorno reconoce que poseía una iniciativa inédita para el manejo de comunidades virtuales. Su valía fue reivindicada por figuras posteriormente controvertidas como Francisco Granados, quien la citaba como ejemplo de perseverancia y disciplina de partido dentro de la estructura madrileña: “Isabel ha ido a todo [...]. Poner carteles, movilizar afiliados. Eso es lo que más recuerdo de ella”.

Su hito más reconocible en la estrategia de humanización de la jefatura del partido nació de una reunión informal. Ante el reto de sus compañeros de filas (“¿A que no hay huevos?”, le espetaron), Ayuso extrajo su teléfono móvil y procedió a inaugurar la cuenta de la red social Twitter destinada a la mascota oficial de la presidenta: @soypecas. A través del perfil digital del perro Pecas —cuyo periplo vital concluiría trágicamente al morir atropellado—, Ayuso desplegó una estrategia de comunicación institucional heterodoxa, bordeando el gamberrismo mediático para emitir mensajes políticos que la propia Esperanza Aguirre no podía proferir desde sus canales oficiales.

Posteriormente, expandió esta metodología de agitación digital mediante la creación de perfiles paródicos y de confrontación durante la campaña electoral de 2011, orientados a minar el crédito del candidato socialista, Tomás Gómez. Bajo su dirección se alumbró la cuenta @tomasodiparla (en alusión al pasado de Gómez como alcalde del municipio madrileño de Parla), desde la cual se emitían tuits de alto voltaje crítico como: “Dejé Parla más tiesa que la mojama. ¡Ahora, a por Madrid!”.

'Chucky', 'La Mónguer' y el debate del manspreading

La dureza de las campañas externas guardaba un correlato exacto en el trato intramuros de las bancadas de la Asamblea de Madrid. Los testimonios parlamentarios describen un ambiente de hostilidad mutua y apelativos despectivos entre compañeros de filas y adversarios políticos durante sus etapas como diputada.

En el plano interno, fuentes parlamentarias concurrentes de exparlamentarios del Partido Popular confirman que Ayuso llegó a recibir en los pasillos el pseudónimo vejatorio de ‘la Mónguer’, justificado por sus detractores bajo la consideración de que era "una persona un poco corta". Asimismo, se le asignaban otros motes como "el Corcho", aplicado a aquellos diputados que, pese a verse envueltos en constantes polémicas, lograban mantener su posición y sobrevivir políticamente en las sucesivas listas electorales, o el ‘Chófer de Drácula’, empleado para designar a otros miembros de su círculo.

Por su parte, la oposición de izquierdas tampoco escatimó en acritud. Desde los escaños del grupo socialista se la apodó ‘Chucky’, en referencia al personaje cinematográfico del muñeco diabólico. Parlamentarias de la época, como la activista Carla Antonelli, rememoran el porqué de dicho alias: “Era, sobre todo, por sus intervenciones. La mirabas con su cara de porcelana, empezaba a hablar muy tranquila y poco a poco se iba transformando en alguien mucho más vehemente. A veces daba miedo”.

Ayuso causaría baja como parlamentaria en noviembre de 2017. En sus dos últimos años de ejercicio en aquella legislatura (2015-2017), su actividad legislativa fue numéricamente discreta, limitándose a intervenir en siete iniciativas concretas. Entre ellas, destacó su participación en el debate parlamentario dedicado a regular el manspreading o “despatarre” masculino en la red de transportes colectivos de la región. La diputada calificó la iniciativa, impulsada con vehemencia por el grupo Podemos, como una “grave emergencia de pacotilla”, clausurando así una etapa parlamentaria que serviría de antesala para su designación como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

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