La Iglesia Católica española es un muro infranqueable hasta para Vox. La inmigración es el motivo principal: la formación de extrema derecha lleva enemistada con los obispos desde que el pasado agosto les criticaran por apoyar a la comunidad musulmana de Jumilla y defender la acogida de los migrantes en situación irregular, entre otros reproches a la postura de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en algunos temas sociales. La inmigración siempre ha sido una línea roja para la Iglesia, que pese a su profuso conservadurismo, ha abogado históricamente por tratar con dignidad a los desfavorecidos y a los migrantes. Los religiosos, habitualmente silenciosos, han roto durante los últimos meses su letargo para contestar a la extrema derecha y, desde entonces, abrir una guerra de críticas y reproches mutuos. "Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano", decía Joan Planellas, líder de los obispos catalanes.

El partido ultra subió el tono con el Clero en enero, cuando el Gobierno aprobó el plan de regularización extraordinaria de medio millón de migrantes que fue apoyado de pleno por la CEE. "La oligarquía al completo odia al pueblo español", escribía un miembro de la formación ultraderechista mientras Abascal sostenía también que "hay obispos que están haciendo negocio con la inmigración". Tan intensa fue esta enemistad, entonces incipiente, que llegó al Vaticano: el Papa alertó a los obispos españoles que estaba preocupado por el ascenso "de los grupos de ultraderecha que buscan instrumentalizar a la Iglesia", según publicaba recientemente El País. El Papa León XIV no se refirió específicamente a Vox, pero la dirección del mensaje estaba clara. La CEE no ha querido pronunciarse sobre el asunto para mantenerse en la cautela, pero no todos los prelados han hecho lo mismo: al menos una decena de ellos han encarado al partido ultra tras sus discursos antiinmigración.

Los obispos le plantan cara a Vox

Muchas voces religiosas han alzado la voz ante los discursos discriminatorios de la extrema derecha. Uno de los primeros fue el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull. "Me ha repugnado siempre que haya cristianos con esa actitud, que van en contra de los más pobres y necesitados", dijo el 18 de enero en una entrevista en EFE, donde añadió: "Decir que no podemos acoger a esta gente porque son delincuentes es hacer un juicio de valor que no se corresponde con la realidad". El partido ultra le respondió de manera mordaz y en su línea: "Que los acoja en su palacio", le dijo en redes Jorge Campos, diputado por Baleares en el Congreso.

En cataluña, Planellas también fue uno de los primeros en contestar a los de Abascal por lo ocurrido en Jumilla. En una entrevista en la radio, manifestó que no se puede ser católico y xenófobo al mismo tiempo. "Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano. Y me parece que debe decirse con toda la contundencia", opinó. "Es una trampa que se erijan como defensores de la fe católica, y esto se tiene que tener muy presente. Podríamos decir que pueden usar este filón católico, que son procatólicos, pero en definitiva no lo son", añadió también.

Por su parte, el líder de la iglesia guipuzcoana, Fernando Prado, dio un sermón el 14 de agosto de 2025 en el que la inmigración tuvo un peso significativo, pidiendo a sus feligreses que "no echen gasolina a los fuegos que encienden algunas palabras" y que mantuvieran un mensaje y una actitud integradora con los desfavorecidos. "No hay que caer en la tentación de buscar réditos políticos con la suerte de los pobres, de los más débiles o la suerte de los inmigrantes. Dios no aceptaría de ningún modo ese modo de proceder que utiliza a los más débiles, y menos aún de quiénes dicen ser cristianos", señaló también ante las autoridades presentes.

"Herederos del franquismo"

César García Magán, secretario general de la Conferencia Episcopal, es uno de los religiosos a los que Abascal confrontó de manera directa y personal por su posición ante la resignificación del Valle de Cuelgamuros, antes Valle de los Caídos, o por afear las políticas antiabortistas de Vox en Castilla y León, que pretendían coaccionar a las mujeres para escuchar el latido fetal y manipularlas psicológicamente para que no tomaran la decisión de interrumpir su embarazo. García Magán no se amilana y define al partido ultra, directamente, como los "herederos ideológicos del franquismo", y dice de ellos que utilizan las mismas proclamas que hace décadas se utilizaron contra la Iglesia y "que jamás se tendrían que volver a oír en la historia de España". "Lamentablemente se vuelven a escuchar eslóganes que en el primer tercio del siglo XX se escucharon furibundos y tremendos contra el Evangelio y contra la Iglesia y las iglesias, que hoy son pronunciados por algunos de los supuestos herederos de los que en aquel primer tercio del siglo XX defendieron la Iglesia", señalaba el secretario el pasado verano.

Por otro lado, el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, tachó de "inmoralidad" el hecho de criminalizar a las personas por el hecho de pertenecer a un colectivo. Así se pronunció durante el acto de apertura del curso académico de la Universidad Católica de Valencia, desde donde exigió que se denuncien esas "actividades y comportamientos que, a veces, desde lugares y poderes públicos, se fomentan". Viajando hasta la capital, su arzobispo, José Cobo, es uno de los rostros más significativos de la defensa de los derechos de los inmigrantes desde el catolicismo, lo que le convirtió en el blanco de Vox en esta cuestión y fue uno de los primeros en pronunciarse sobre el tema. "Sembrar miedo al diferente no es el camino. El fundamentalismo religioso, los populismos políticos, los reduccionismos y la política del miedo conducen a la desfiguración de la religión en la sociedad", argumentaba.

En el mismo sentido, la postura del presidente de los obispos, Luis Argüello, en cuanto a la inmigración también es diametralmente opuesta a la de Vox. La regularización inmediata del medio millón de inmigrantes en situación irregular que viven en España fue defendida a capa y espada por éste, y de hecho, llamó al PP para buscar su voto a favor, lo que le ha llevado a estar en la diana de muchos miembros del partido de ultraderecha. En su calidad de presidente de los obispos, Argüello es uno de los responsables de la nota de prensa en apoyo a la comunidad musulmana de Jumilla, donde se desquitaba de la posición del partido de extrema derecha: "Hacer estas restricciones por motivos religiosos es una discriminación que no puede darse en sociedades democráticas", firmaba. No obstante, la relación del presidente obispal y Vox es particular: pese a estas críticas en materia migratoria, sí que apoya al partido ultra en otras de sus propuestas y es invitado a eventos, cursos y presentaciones de libros organizados por sus miembros.

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