El Partido Popular (PP) ha llamado al orden a su líder en Extremadura, María Guardiola, a quien ha quitado el poder negociador postelectoral y ha relegado a un mero papel figurativo. Vox está decidido a apretar en las diferentes Comunidades Autónomas (CCAA) en las que se están sucediendo elecciones, con un gran crecimiento de la extrema derecha en las urnas, para obtener una mayor cuota de poder gubernamental y desde Génova temen que puedan forzar un adelanto electoral en Extremadura que devuelva al territorio a la casilla de salida.
“Sobra ruido y falta trabajo serio alrededor de una mesa”, pronunció hace escasos días vicesecretaria de Organización del PP, Carmen Fúnez. Una oración que cayó en tierras extremeñas como un jarro de agua fría, pero que funcionó como antesala de la desacreditación completa de Guardiola, que ya siquiera pilotas las negociaciones de su propio Gobierno. Vox, que nunca ha ocultado que dirige todo lo relativo a las diferentes autonomías desde Madrid, no quería negociar con la candidata y finalmente se ha salido con la suya.
Los de Alberto Núñez Feijóo quieren ganar tiempo, centrados ahora en las elecciones de Castilla y León, y emplazan las negociaciones hasta después de los comicios, fijados el 15 de marzo. Un tiempo en el que esperan que los focos nacionales se retiren de Extremadura y se evite repetir imágenes como la protagonizada por Guardiola durante una entrevista concedida a OkDiario, en la que reconocía que “su feminismo” era el “mismo” que el de Vox. Desde la formación capitaneada por Santiago Abascal están en las mismas.
La primera toma de contacto llegará en apenas una semana, el 3 de marzo, cuando la candidata del PP afrontará su primera sesión de investidura, para la que no se espera que cuente con el apoyo ultraderechista. Desde el entorno de Feijóo piden “calma” y “tranquilidad”, pero no se atreven a descartar que Vox, con una clara tendencia alcista en las encuestas, fuerce una repetición electoral si Génova no transige con algunos de sus radicales pretextos y cede suculentos sillones del Gobierno de Extremadura.
“Lo importante es dar estabilidad”, apunta Génova 13, desde donde asumen que volver a llamar a los extremeños a las urnas podría “castigar” a las derechas. Además, la pugna gana importancia por estar funcionando como laboratorio de pruebas del entendimiento entre PP y Vox. “Quiero que Vox sea mi socio de Gobierno. Nos unen muchas más cosas de las que nos separan”, ha reconocido Guardiola, quien cada vez vira más hacia la extrema derecha para conseguir ganarse las simpatías de los de Abascal.
Unos cantos de sirena que no engañan en la sede de Bambú, donde las reticencias con Guardiola han llegado casi a un punto personal. Es más, el propio Abascal ha reconocido que no descarta reclamar una sustitución de la lideresa del PP como condición para facilitar un pacto, aunque esa opción no está actualmente sobre la mesa. Algo más conciliador se ha mostrado el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, quien ha asegurado que su partido mantiene la “mano tendida”, si bien quieren garantías de que se impulsará un “cambio real” en Extremadura.
Los conservadores ya han comunicado que están dispuestos a asumir como propias casi la totalidad de las medidas de Vox (el 95%), pero son más reticentes a entregar sillones. Los ultraderechistas aseguran que su pretensión no son los cargos, pero a la par exigen una gran presencia en el Ejecutivo justificando que es la única manera de hacer cumplir su programa. Evitar el “desastre” es lo que quiere Génova y por ello han hurtado las negociaciones a Guardiola, obligada a dar un paso atrás.
Ambas formaciones tienen hasta el 3 de marzo, día que se celebrará el pleno de investidura, para alcanzar un acuerdo. De no conseguir la absoluta, la candidata del PP buscará la mayoría simple 48 horas después. Si esto no se produjese, el escenario está abierto a intentarlo cuantas veces haga falta hasta el 3 de mayo, tras el que sería obligatorio convocar unos nuevos comicios. Entre medias, Castilla y León ya habrá cerrado sus urnas y abierto un nuevo proceso negociador, mientras que todos los ojos girarán hacia Andalucía, escenario electoral más importante de 2026.
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