Los constantes acercamientos a la derecha política, mediática y económica del expresidente socialista Felipe González se entienden mejor si la conversación parte de un hecho probado: su posición de privilegio, desde el año 2019, en el organigrama de una filial del Grupo Boluda, una empresa naviera de transportes marítimos perteneciente al empresario Vicente Boluda Fos, que también es, desde febrero de 2026, accionista de la COPE al 7%. Estos datos fueron publicados respectivamente por el diario El Mundo DirComfidencial, y ElPlural los ha corroborado nuevamente accediendo a varios informes empresariales que así lo acreditan.

La corporación marítima Boluda, de nombre oficial Boluda Corporación Marítima, es una empresa fundada en 1837, que presta servicios marítimos globales en el litoral español, Portugal, Francia, Italia, África Occidental, Latinoamérica y Océano índico, con presencia en los cinco continentes. Desde el 27 de junio de 2019, Felipe González se encuentra en su organigrama como consejero independiente del consejo de administración de Boluda Towage, una de las filiales dedicada al negocio de los remolcadores del grupo.

El fichaje se concretó en la citada fecha, hace ya casi siete años, y fue de carácter atípico, ya que la empresa es de carácter familiar y Vicente Boluda permanece como administrador único y los espacios de gestión han sido cedidos únicamente a sus hijos.

Boluda es uno de los más relevantes empresarios de la Comunidad Valenciana y de España, especialmente en el sector de las navieras. Es, desde 2011, presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios, el lobby privado empresarial que integra a otros hombres fuertes como Juan Roig, presidente y dueño de Mercadona. Vicente Boluda heredó la empresa de su abuelo y asumió la dirección en 1982 tras licenciarse en Derecho. En el pasado, también fue presidente interino del Real Madrid, concretamente en los cuatro meses de 2009 que separaron el mandato de Ramón Calderón del segundo término de Florentino Pérez.

Desde 2019, González está registrado en el consejo de administración de esta empresa, cuatro años después de haber abandonado el consejo de administración de Naturgy en 2015. En la gasística se embolsaba, según se hizo público, unos 126.500 euros brutos al año. No se conocen datos sobre su salario en esta nueva responsabilidad.

Anatomía de una deslealtad

La distancia entre Felipe González y el PSOE de Pedro Sánchez no es flor de un día, sino que esa herida, lejos de sanar, se ha hecho más grande con los años. El episodio más reciente se produjo esta misma semana, con un acercamiento al presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla. Un gesto que se enmarca a poco más de un mes de las elecciones autonómicas agendadas para el 17 de mayo y que en la cúpula socialista se ha leído como una mancha más en el currículum de deslealtades del expresidente. El barón conservador no ocultó su admiración por González. “Es un hombre de Estado… me gustan las políticas de Estado”, afirmó, subrayando la química entre ambos líderes y su respeto por la experiencia del expresidente.

Pero este acercamiento es solo la última estación de un camino de desencuentros que comenzó con la crítica abierta de González al propio Pedro Sánchez. El detonante fue la ley de amnistía, a la que calificó de “batata” y “bazofia” y que consideró una vergüenza para cualquier demócrata del PSOE. Desde entonces, González ha anunciado que no votará al partido si Sánchez se presenta a las elecciones generales, argumentando que la amnistía suponía una autoindulgencia que no se ajusta al Estado de derecho y que representa “pedir perdón a quienes han cometido una barrabasada”.

La ruptura de González con el PSOE se ha manifestado en múltiples frentes. Ha mostrado simpatía por el regreso del rey Juan Carlos I desde Abu Dabi, y su visión crítica sobre la gestión del Gobierno frente a catástrofes como la DANA en Valencia le ha acercado a José María Aznar, con quien comparte la idea de que todas las administraciones deben asumir responsabilidades. Ambos expresidentes aprovecharon eventos sobre la Transición para subrayar valores históricos y, sin cortapisas, para señalar los fallos de la administración Sánchez.

En entrevistas y declaraciones, González no ha escatimado en críticas. Considera que el partido que él construyó y lideró ha perdido el rumbo: “Ahora no somos alternativa en la mayoría de los sitios… No tenemos un proyecto de país autónomo, con vocación mayoritaria y autonomía estratégica”. Acusa a la dirección socialista de actuar de manera mercenaria y de rectificar constantemente para mantenerse en el poder, lo que para él es “de necios”. Su evaluación de la actual gestión orgánica del partido, según sus palabras, acumula “ideologías y disparates” que ponen en riesgo la coherencia del proyecto socialista.

El resultado es un expresidente que, tras décadas al frente del PSOE y del país, ha convertido la distancia con su formación en una marca política: crítica constante, alineamientos inesperados con la derecha, y un mensaje claro sobre lo que considera la deriva del partido que una vez lideró. La química con Moreno Bonilla no es un hecho aislado, sino la culminación de un largo recorrido de desencuentros y advertencias públicas.

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