Hasta 153 documentos vinculados directamente con el intento fallido del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 han visto este miércoles la luz después de que el Consejo de Ministros aprobara su desclasificación en aras de saldar “una deuda histórica” y poner a disposición de todo aquel que lo desee aquellos archivos que todavía se conservan y que abordan un amplio espectro de asuntos, desde las conversaciones que mantuvo aquel día el teniente coronel Antonio Tejero, hasta informes y comunicados al Consejo Supremo de Justicia Militar, entre muchos otros.
Sin embargo, lejos de tejer una narrativa coherente capaz de contestar a todas las preguntas que quedaron enquistadas en la historia tras aquel intento golpe de Estado, los documentos que este miércoles han visto la luz publicados en la página web de La Moncloa siguen sin dar respuesta a muchas de las incógnitas que todavía perduran en el tiempo, como las referentes al papel que desempeñó el CESID, el servicio de inteligencia que precedió al actual CNI.
De hecho, parte del foco de la atención tras conocerse el contenido de los documentos recae sobre la implicación de seis miembros de este servicio en el intento del golpe, así como sus esfuerzos por tratar de encubrirlo. Así, de los archivos se desprende que seis agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) “participaron activamente” en el 23-F. Según reza el documento, estos agentes “o bien conocían los hechos antes del 23 de febrero” o “planificaron un apoyo operativo que llevaron a efecto” y “posteriormente trataron de encubrir su participación activando una operación que justificara sus movimientos” durante aquel día. Estos miembros, cuyo nombre también aparece en los archivos, son el capitán García Almenta, el capitán Gómez Iglesias, el sargento Miguel Sales, el cabo Monge Segura y el cabo Moya Gómez, además del comandante José Luis Cortina, quien estaba al frente de la unidad de élite del CESID.
Con ello, se abre de nuevo una incógnita sobre qué detalles faltan todavía por conocer y escapan de estos documentos si quien debía colaborar en la investigación de los hechos, participó “activamente” en el intento del golpe. Y es que, pese a la amplia lista de archivos que ya aparecen publicados en la web de La Moncloa, no ha servido esto último tampoco para aclarar, entre otras cosas, quién fue la persona que supuestamente debía acudir al Congreso y a la que esperaban Tejero y uno de sus capitanes. El nombre y rostro de este “elefante blanco” en la Cámara Baja permanece en la incógnita, por lo que tampoco se puede saber. Además, a todo ello hay que sumar la cantidad ingente de documentos que durante años fueron eliminados y quemados y que nunca vieron la luz.
Sobre esto último, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio Silva, señalaba en su entrevista concedida a ElPlural.com que “se han destruido y escondido muchísimas informaciones que afectan a las víctimas de la dictadura”. “Hay toda una cultura de destrucción, de privatización de archivos que son públicos, porque los archivos normalmente los redactan los poderosos y quieren esconder sus crímenes”, defendió este martes Silva en declaraciones a este periódico.
Con todo ello, y a sabiendas del papel clave que jugó el CESID -actual CNI- en el intento del golpe de Estado, estos 153 archivos dejan multitud de preguntas abiertas sobre la mesa, no solo las referentes al papel que jugó o no Juan Carlos I o el general Armada, principal artífice del intento del golpe, sino también y especialmente sobre todos aquellos aspectos que han quedado escondidos y que quedan fuera de los márgenes de estos documentos que pretendían saldar la “deuda histórica”.
Reuniones con Milans del Bosch, asalto a TVE y todo lo que sí se ha desclasificado
Pese a ello, bien es cierto que entre todos los archivos desclasificados por el Gobierno se han podido conocer nuevas informaciones sobre todo lo que aconteció en el 23-F y en los días posteriores a este. Entre el amasijo de datos, informes y conversaciones, se desprende que el rey Juan Carlos I llegó a reunirse con el general Jaime Milans del Bosch antes del juicio por el intento del golpe de Estado. Sobre esto último, el documento se refiere a "entrevistas confidenciales y sigilosas de S.M. el Rey con los principales del intento del 'golpe de Estado'", además de mencionar que "alguien muy importante de la Casa Real" se entrevistó con el general Alfonso Armada. "En tales círculos de opinión se ASEGURA que, en efecto, el Rey se ha entrevistado confidencialmente con el T.G. Milans del Bosch; se señala que por encima de todo se pretende que la Corona no salga lesionada del proceso y que en todo caso, los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados y de reconocida vocación monárquica", señala el texto.
En un orden similar, pese a que no existe ningún archivo que incrimine a Juan Carlos I, de una de las conversaciones que ha visto la luz se desprende que el hijo del coronel Tejero aseguró que el general Armada y el rey estaban “detrás” del golpe pero que se echaron atrás.
Entre otras cosas, se ha conocido también la orden que recibieron los militares que asaltaron Televisión Española durante aquel día. “El primer tiro al aire y el segundo a dar”, es lo que se desprende del documento 'Conversaciones telefónicas de (presuntamente) la unidad militar El Pardo (24 de febrero del 1981)'. "Tocaron alarma y preparar todo, petates, la virgen, como para marcharse. Nos iríamos de maniobras y venga a Televisión y órdenes de no hablar con nadie, el primer tiro al aire y el segundo a dar, con los cargadores metidos y ni seguro ni nada", dijo un militar identificado como “John”.
Por su parte, también se ha conocido la manera en la que se articuló el intento de golpe de Estado y las tres vías que se plantearon. En un croquis titulado “operaciones en marcha” se contemplan las tres vías que se pusieron encima de la mesa para derrocar la democracia. En ese “panorama de operaciones en marcha” transcrito en 1980 pasaban tres estrategias diferentes: una “civil”, otra “militar” y una última “mixta (cívico-militar)”. O lo que es lo mismo, de los tenientes generales, de los coroneles y de “espontáneos”.