Ángel Gómez de Ágreda es coronel del Ejército del Aire y del Espacio en la reserva y un reputado especialista en ciberseguridad, inteligencia artificial y guerra cognitiva. En su reciente obra 'Un mundo falaz' lanza una advertencia cruda sobre cómo las herramientas digitales han pasado de democratizar el conocimiento a secuestrar nuestra capacidad de decisión. Para este medio abordamos con él la tiranía oculta de los datos, el poder desorbitado e inquietante de magnates como Elon Musk o Peter Thiel y la necesidad apremiante de recuperar el pensamiento crítico. Un aviso urgente contra la manipulación extrema a la que nos someten los gigantes tecnológicos.

Pregunta (P): Vamos directos al grano. ¿Quién tiene realmente el poder para definir la realidad hoy en día?

Respuesta (R): El poder deberíamos tenerlo cada uno de nosotros si hiciéramos el esfuerzo de decidir qué queremos hacer. Pero un gran poder lleva asociada una gran responsabilidad y no queremos asumirla. Renunciamos al poder y se lo cedemos gustosamente a aquellas empresas y plataformas que nos proporcionan la información que vemos y las emociones que sentimos en cada momento.

P: En tu libro juegas con el título clásico de Aldous Huxley. ¿Estamos perdiendo la capacidad de distinguir la verdad o es que preferimos vivir cómodamente en la mentira?

R: Mantenemos la capacidad, pero no queremos usarla. Se vive mucho más cómodamente en un videojuego o en una película con un guion muy estructurado que en el mundo real, que es complejo y difícil de controlar. No estamos en el mundo opresivo de Orwell donde el Estado te obliga a entender la realidad a su manera. Estamos en un mundo de colorines que te distrae para que no pienses. Mientras tanto, hemos separado muchísimo las clases sociales y nos dedicamos a pelearnos en nuestra pequeña parcela sin mirar hacia los que acumulan todo el patrimonio.

P: Con los algoritmos dándonos la razón constantemente, ¿cada grupo político vive ahora en una realidad diferente e incompatible con la del resto?

R: Absolutamente. Vivimos dentro de burbujas cerradas. El algoritmo nos alimenta de las noticias afines a lo que pensamos y cada vez las izquierdas se vuelven más izquierdas y las derechas más derechas. Ya no es que dialoguemos menos, es que no tenemos nada de qué hablar porque vemos realidades distintas. Intentar dialogar hoy con el otro es como hablar por teléfono con un marciano. Simplemente para ser relevantes en las redes, la gente extrema sus posturas y la tecnología manipula y distorsiona esa realidad común.

P: Defines el teléfono móvil que llevamos en el bolsillo como un auténtico caballo de Troya. ¿Por qué es tan peligroso?

R: Porque se ha convertido en una parte de tu cuerpo. El móvil lo llevas siempre contigo y eso permite dos cosas fundamentales. Primero, recopila muchísima información sobre ti para decidir qué forma es la más efectiva para influirte. Y segundo, permite influir permanentemente en ti en cualquier momento. Estamos cediendo nuestra libertad y nuestra seguridad a quienes utilizan esa información para manipularnos de manera constante.

P: Hablas del poder inmenso de las corporaciones tecnológicas. ¿Mandan ya estas empresas más que los propios gobiernos elegidos democráticamente?

R: En los países que no tienen grandes gigantes tecnológicos no hay ningún debate, mandan las empresas extranjeras. El setenta por ciento de los datos de todas las personas del mundo están distribuidos entre las nubes de Amazon, Microsoft y Google. Tienen tus datos y también los de tu presidente del gobierno o los de tu comunidad autónoma. Saben perfectamente cómo manipular a los gobernantes. Nunca en la historia se había producido una acumulación de datos semejante y son ellos quienes controlan el relato sobre el que se hace la política.

P: Da vértigo pensar que administraciones públicas no cruzan datos para facilitarnos el bono social, pero las empresas saben hasta qué vamos a comprar esta noche.

R: Es una cuestión de a quién beneficia saber las cosas. Hacienda cruza tus datos de maravilla porque beneficia al Estado recaudar impuestos. Pero que cobres el bono social te beneficia a ti, no a la administración, así que delegan el esfuerzo en el ciudadano. Las grandes empresas invierten los medios porque les beneficia económicamente saber qué vas a consumir. El nivel de control comercial es extremo y saben tus patrones subconscientes mucho antes que tu propia familia.

P: Magnates como Peter Thiel o Elon Musk acumulan herramientas tecnológicas brutales. ¿Buscan subordinar a los Estados a sus intereses particulares?

R: Sin duda. Palantir, la empresa de Peter Thiel, tiene un programa insustituible que permite extraer información sobre cualquier aspecto de la vida de cualquier persona. Él financia campañas políticas y han expresado su voluntad de aplicar un tecnofascismo o tecnocracia. Quieren gobernar a golpe de algoritmo prescindiendo de tu voluntad y tu libertad. Elon Musk es otro caso muy grave porque controla todo el ciclo de la información, desde la red de satélites y la energía hasta la red social y la inteligencia artificial. Elijamos al candidato político que elijamos, tendrá que subordinarse a los servicios que prestan estas grandes empresas porque ya es imposible hacer incluso la guerra sin ellas.

P: ¿Qué diferencia hay entre la propaganda clásica que sufrimos en el pasado y la propaganda computacional que padecemos hoy?

R: La capacidad de individualización extrema. La propaganda clásica hacía énfasis en el producto e intentaba venderte unas ventajas generales. La propaganda computacional actual decide qué es lo que tú vas a querer y te presenta la realidad a la que aspiras. En lugar de fabricar el producto, el producto eres directamente tú. Te fabrican a la medida de sus intereses y luego hacen que te guste.

P: Ante esta manipulación que defines como pérdida de "soberanía cognitiva", ¿cómo puede defenderse un ciudadano corriente?

R: Única y exclusivamente con esfuerzo. Dejarse llevar es muy fácil porque vas cuesta abajo. Lo primero es saber que esta manipulación existe y a qué nos enfrentamos. Después hay que tener la voluntad inquebrantable de mantener nuestra individualidad. Tenemos que dudar de lo que recibimos y dialogar con otros. Es igualmente malo creérselo todo que no creerse absolutamente nada. Si no te crees nada, te quedas sin base para tener criterio y te anulan igual.

P: Para terminar, con el auge irrefrenable de la inteligencia artificial, ¿qué te da más miedo del futuro que nos espera a corto plazo?

R: Me aterra que nos quedemos sin la voluntad de querer seguir siendo humanos y libres. A mí no me preocupa en absoluto una inteligencia artificial que sea mil veces más inteligente que un ser humano. Lo que me preocupa profundamente es un humano estúpido manejándola. El futuro debe pasar por utilizar estas herramientas para mejorar nuestras capacidades y ser cada vez más racionales. El peligro real no son las máquinas tomando conciencia de sí mismas, sino que nosotros perdamos la capacidad para decidir por nosotros mismos.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora