La columna de Ana Iris Simón no ha dejado espacio para la ambigüedad. Tampoco para el matiz cómodo. La escritora ha aprovechado su tribuna en El País para construir una crítica directa - y deliberadamente incómoda - contra Ester Muñoz y, por extensión, contra la posición del Partido Popular ante el conflicto en Oriente Próximo.
Lo ha hecho desde una idea central que ha atravesado todo el texto: la incoherencia entre el discurso patriótico que reivindica la dirigente popular y su reacción ante la retención - o, como ella misma plantea, “secuestro” - de un militar español en el Líbano por parte del Ejército israelí.
Simón ha arrancado con una ironía sostenida sobre el concepto de patriotismo que encarna Muñoz. La describe como una “patriota” que escribe “Bandera” y “Nacional” en mayúsculas, para, acto seguido, confrontar ese relato con su respuesta pública al incidente. “Ester Muñoz es tan patriota que prefiere criticar a la policía española por sus controles que al ejército israelí por sus secuestros”, ha escrito, en una de las frases más incisivas de la columna.
El núcleo de la crítica se ha articulado precisamente ahí. La portavoz popular, tras ser preguntada por el caso, evitó pronunciarse en profundidad alegando falta de información, pero sí deslizó una comparación que ha sido ampliamente cuestionada, y es que no dudó en asegurar que había estado retenida “más tiempo” en controles de tráfico. Para Simón - igual que para muchas otras figuras que se han manifestado en los últimos días -, esa equivalencia no solo banaliza lo ocurrido, sino que revela una jerarquía de prioridades difícil de sostener en términos políticos.
La autora ha dado un paso más al cuestionar el propio lenguaje utilizado para describir lo sucedido. Frente al término “retención”, generalizado en los medios, plantea que lo ocurrido encaja más con la idea de “secuestro”, al haberse producido - recuerda - en territorio libanés y afectando a un miembro de la misión de Naciones Unidas.
Un reproche que trasciende a una dirigente
La columna no se detiene en el episodio concreto. A partir de ahí, Simón ha ampliado el foco y ha situado la crítica en un plano político más amplio, en el que cuestiona la relación de la derecha española con Israel.
“No se puede servir a dos señores”, ha señalado, para sostener que, en su opinión, el PP ha optado de forma reiterada por alinearse con los intereses israelíes incluso en situaciones que afectan directamente a ciudadanos españoles. Una idea que ha rematado con una expresión que sintetiza el tono del artículo: “patriotas de corchopán”.
En ese recorrido, ha introducido comparaciones con otros gobiernos conservadores europeos, como el de Italia, y ha recordado distintos episodios y vínculos que, a su juicio, evidencian una afinidad política sostenida en el tiempo.
Simón ha advertido de que este posicionamiento puede acabar teniendo coste político y, para ello, ha recuperado una idea atribuida a Julio Anguita con la que ha resumido su crítica: una concepción de patria reducida a símbolos y no a la defensa efectiva de los intereses nacionales.