¿Una pizza precocinada para cenar? No es la opción más saludable, pero de vez en cuando muchos recurren a ella por comodidad, precio o falta de tiempo. El problema es que, tras analizar su composición real, el veredicto es contundente: la inmensa mayoría de pizzas refrigeradas del supermercado son una mala elección desde el punto de vista nutricional.
Un estudio reciente de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha comparado más de medio centenar de pizzas listas para hornear y deja un dato difícil de ignorar: solo dos logran aprobar en la Escala Saludable. El resto se mueve entre lo poco recomendable y lo directamente desaconsejable.
Cómo se ha hecho la comparativa
El análisis se ha realizado sobre 62 pizzas refrigeradas de supermercado, valorando tanto la información nutricional como la lista de ingredientes. La muestra incluye pizzas de jamón y queso, queso, barbacoa y vegetarianas, pertenecientes a 17 marcas distintas, muchas de ellas marcas blancas.
Para evaluar su impacto en la salud se ha utilizado la Escala Saludable OCU, un algoritmo que tiene en cuenta calorías, grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas, sal, aditivos e ingredientes ultraprocesados. El objetivo no es juzgar si están ricas, sino si su composición puede considerarse aceptable.
Lo que destaca la OCU como positivo
Las pocas pizzas que salen mejor paradas comparten varios rasgos claros: menor contenido en sal, grasas saturadas más contenidas y listas de ingredientes más cortas, con menor presencia de sustancias industriales.
En términos generales, estas pizzas se acercan más a una receta reconocible y se alejan —al menos parcialmente— del ultraprocesado extremo que domina la categoría.
Los elementos negativos que penalizan a la mayoría
El suspenso generalizado tiene explicación. La comparativa detecta una serie de problemas recurrentes:
- Exceso de sal: el contenido medio ronda el 1,6%, muy por encima del umbral recomendado (1%).
- Altas cantidades de grasas saturadas, especialmente en pizzas de queso y vegetarianas.
- Uso intensivo de aditivos: la media es de 7 por pizza, con casos que llegan hasta 17.
- Presencia habitual de conservantes y agentes de textura que la OCU aconseja evitar.
- Abundancia de ingredientes ultraprocesados como aromas, jarabes, dextrosas o almidones.
- Uso generalizado de aroma de humo, especialmente en pizzas barbacoa, un ingrediente cuyo uso dejará de estar autorizado próximamente.
El resultado es claro: nueve de cada diez pizzas analizadas son una mala o muy mala elección desde el punto de vista saludable.
Las dos mejores pizzas del supermercado
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Pizza jamón y queso – Eroski
44 puntos sobre 100- Menor contenido de sal y grasas saturadas que la media
- Lista de ingredientes más contenida
- Es la pizza mejor valorada del análisis
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Pizza Prosciutto – Hacendado (Mercadona)
41 puntos sobre 100- Perfil nutricional algo más equilibrado
- Menos ultraprocesados que la mayoría
- Segunda y última pizza que logra aprobar
Las peores pizzas: por qué la OCU no las recomienda
Aunque el informe no señala marcas concretas en el suspenso, sí deja claro qué características definen a las peores pizzas del supermercado:
- Contienen 10 o más ingredientes ultraprocesados, cuando a partir de 5 ya se considera no aceptable
- Acumulan niveles muy altos de sal y grasas saturadas
- Incorporan aromas artificiales y colorantes innecesarios
- Presentan listas de ingredientes largas y difíciles de justificar en un producto que se vende como comida sencilla
Las pizzas de queso, barbacoa y vegetarianas son las que peor salen paradas: ninguna de ellas consigue una valoración aceptable.
La conclusión es clara: las pizzas refrigeradas del supermercado deben reservarse para un consumo muy ocasional. Si se consumen, conviene no tomarlas como plato único, compartirlas y acompañarlas de verduras. Para disfrutar de una buena pizza, la diferencia sigue estando fuera del lineal: una pizza de restaurante o hecha en casa continúa siendo la mejor opción. Más información en la web de la OCU.