Tomar decisiones siempre es difícil, en la política especialmente y es la municipal quizá la más compleja. Siempre que se toma una decisión para ayudar, favorecer o mejorar se perjudica a alguien. La clave estará en medir lo “justo” de la medida y que el impacto beneficioso sea superior al perjuicio que pueda ocasionar.

La tendencia ética, y desde luego de lo que se denomina ahora como buena gobernanza, es tomar decisiones escuchando, dialogando, preguntando y haciendo partícipes a los ciudadanos. Los que mejor lo tienen para participar son las asociaciones de todo tipo, sociales, vecinales, de comerciantes... Aunque a veces no siempre el que más grita tiene que tener más razón.

En la distribución y nuevas alternativas de movilidad es quizá donde mejor se puedan analizar estas ideas.

En Madrid hace cuarenta y cinco años los coches circulaban por las madrileñas calles Preciados y El Carmen, unas calles con los alquileres comerciales más caros del mundo y uno de los mayores tráficos de personas igualmente. El paraíso de las compras en pleno centro de Madrid. Se comenzó a probar su peatonalización durante la Navidad. Los comerciantes se plantaron. Eso era su ruina. Hicieron muchísimo ruido. No les sirvió de gran cosa y se decidió por “artículo 33” que se peatonalizaría de forma definitiva. “¡Tendremos que cerrar!, esto es la ruina, ¿quien va a querer venir a comprar?”, exclamaban los comerciantes, que pensaban que si uno no podía ir en coche hasta la puerta de su comercio, no compraría allí. Las quejas fueron un gran error y la medida un acierto. Hoy es la segunda zona comercial del mundo, después de otra en Japón, en circulación de peatones y con un potencial de compra, precio de los locales y ventas tremendos. Ganaron las personas a los coches.

Reacciones similares se vivieron cuando se hizo lo mismo en la calle Fuencarral también de Madrid, y en otras muchas actuaciones de este tipo en muchas ciudades. La lección se aprendió.

Se ha calculado que el 65% del espacio común de la ciudad es para el coche y el restante 35% para todos los usos de las personas: aceras, zonas de juegos, plazas, parques,.. Si tenemos en cuenta que no todos los ciudadanos tienen coche, estará de acuerdo que la desproporción de dos tercios frente a uno es tremendamente injusta.

El perjuicio del tráfico excesivo en la ciudad es sobradamente conocido: contaminación atmosférica, consumo energético, ruido,.. teniendo un impacto muy grave sobre la salud. ¿Se necesita movilidad? Si, sin duda; pero quizá con inteligencia y priorizando las acciones. Transporte público, zonas cómodas y seguras de tránsito peatonal, limitación de tránsito a usos particulares si hay alternativas y otras similares son parte de la solución.

Pero más allá de la importancia de la afección al planeta y a la salud de las personas, hay una cuestión de justicia. ¿No está desequilibrado el espacio destinado a los coches? Salga a la calle y mire. Calcule a ojo cuanto espacio disponen los coches donde vive para circular y aparcar y cuanto espacio pude ser usado por las personas. Seguro que esa proporción de dos tercios frente a uno le parecerá clara.

En los nuevos desarrollos de las ciudades, esos en los que todo es igual y uno no sabe donde está, la proporción es mayor. los bloques de viviendas, ahora se le llama a todo urbanizaciones, suelen ser cuatro bloques que configuran una manzana que se miran haciendo un cuadrado y con un espacio común ajardinado y con piscina. No hay tiendas en los bajos que son particulares y eso obliga a utilizar el coche hasta para ir a por el pan. Las calles o avenidas en estos nuevos desarrollos son mucho más grandes, de tres carriles de media. Son los nuevos diseños de ciudad. Uno baja hasta el aparcamiento subterráneo de su casa, saca el coche por la rampa, circula un kilómetro, aparca en doble final, compra el pan, regresa y hace todo de nuevo a la inversa. Entre otros desequilibrios la barra de pan le costará más del doble de su precio, si sumamos los “extras”.

Ahora con motivo del COVID19 los ayuntamientos están tomando una decisión muy entendible, para facilitar el negocio de bares y cafeterías y que puedan aplicar la distancia social entre mesas. Están permitiendo una mayor proliferación de terrazas en número y espacio no pagando impuestos por ello. Parece una medida acertada y justa. Son negocios, familias y trabajadores que deben ser apoyados. Pero ¿donde se ubican esas terrazas? Generalmente se colocan sobre la acera, reduciendo una vez más el espacio de los viandantes. Cuando se ha probado a ampliar sobre las zonas de aparcamiento, que podría ser más justo, algunos vecinos se quejan porque les costará más poder aparcar. Si aún así, se adopta la medida, muchos vecinos comprueban que con esta medida, sustituir filas de coches por espacios decorados, con gente tomando algo y un espacio mayor para andar, han ganado en confort, belleza del entorno e incluso hay más clientes en las mesas.

Es difícil la labor de un gobernante que trate de hacer lo más adecuado. Es casi imposible que el beneficio de una acción sea bueno para todos, incluso que no surjan temores infundados. La política debe ser además de justa, dialogada, participada y muy especialmente, explicada.