Santiago Abascal pasó por Málaga el pasado jueves para dar un mitin y todavía, varios días después, seguimos dándole vueltas a la misma pregunta: ¿a qué vino exactamente a Andalucía? El líder de la extrema derecha insultó a diestro y siniestro, desempolvó odios del pasado y agitó banderas con el vigor de quien no tiene nada real que ofrecer a la ciudadanía, pero no pronunció en Málaga ni una sola palabra sobre el precio de los alquileres que expulsan a nuestros jóvenes de sus barrios ni sobre el colapso de la sanidad pública que sufrimos cada día en los centros de salud de la provincia.
Fue el silencio cómplice de quien viene a nuestra tierra no a proponer soluciones, sino a ejercer de guardaespaldas político de Moreno Bonilla. Mientras los andaluces sufren una crisis de vivienda sin precedentes, con barrios enteros convertidos en parques temáticos para turistas donde los vecinos ya no pueden pagar una habitación, el líder de Vox prefirió lanzar ataques delirantes contra Blas Infante para evitar que se hable de su complicidad con el modelo privatizador de la derecha andaluza.
¿De verdad el "patriotismo" de Vox consiste en insultar al Padre de la Patria Andaluza y callar ante los aranceles de Trump que arruinan nuestro campo y asfixian a nuestros ganaderos? El mitin de Málaga fue un ejercicio de cobardía política de manual; un discurso donde se usó la fantasía histórica para proteger la gestión de Moreno Bonilla y donde los tanques de guerra y los misiles importan mucho más que las listas de espera en los hospitales andaluces.
Resulta bochornoso ver a Santiago Abascal subido a un atril en Málaga intentando darnos lecciones de historia con el rigor intelectual de un guion de ciencia ficción de serie B. Su última ocurrencia ha sido atacar la figura de Blas Infante con calificativos que rozan el absurdo, llegando a decir que era islamista.
¿Perdón? ¿Eso se lo ha dicho la varita mágica de Harry Potter o lo ha consultado en una sesión de Ouija con el más allá y reescribir la biografía del Padre de la Patria Andaluza a su antojo? No sabe ni de lo que habla, es un ignorante y, lo que es peor, le da igual el daño que hace a la identidad de un pueblo, el pueblo andaluz.
Blas Infante fue asesinado por el fascismo, su familia fue condenada y desposeída por el franquismo y su cadáver sigue hoy en una cuneta. ¿Andalucía no ha tenido otra que recibir a este señor para que venga a insultar nuestra memoria? Se puede tener poca altura política, pero es difícil tener menos dignidad que la mostrada por Abascal en este mitin.
En su intervención nos habló de la Reconquista de los Reyes Católicos, en lo que pretendía ser un arranque épico previo a las elecciones del 17M, pero ¿por qué no habla de los temas que realmente importan a los andaluces de carne y hueso en el año 2026? Deje de venir a nuestra tierra a tomarnos el pelo y a manipular nuestra historia mientras ignora nuestro presente.
¿Quién le prepara los discursos a este señor? Hay que tener mucha desfachatez para venir aquí a difamar a quien luchó para que los trabajadores andaluces dejaran de ser pisoteados por los terratenientes, esos mismos “señoritos” a los que Vox protege con tanto celo hoy en día desde sus despachos y sus estructuras de poder.
Y lo más triste de todo es que había gente aplaudiendo enfervorizada. ¿Qué aplauden exactamente? ¿Aplauden el insulto a nuestras raíces? ¿Aplauden la desmemoria interesada? ¿Aplauden a un señor que no sabe ni de lo que habla y que no conoce ni de lejos los problemas reales que afectan a la sanidad, a la educación o a la dependencia en nuestra tierra?
Es curioso que Abascal despliegue esta valentía de opereta en Málaga, pero ¿por qué no va a Cataluña o al País Vasco a insultar sus orígenes con la misma saña y el mismo desprecio? Tanta es su cobardía que prefiere refugiarse en el sur para escupir sobre la memoria de un hombre fusilado por defender lo que la extrema derecha hoy desprecia con cada una de sus votaciones en el Congreso y en el Parlamento andaluz.
Pero hablemos de lo que realmente importa y de lo que Abascal no se atrevió a decir en su paseo malagueño frente a las cámaras. En un momento donde Málaga lidera el ranking de ciudades con alquileres imposibles y precios de compra que son una condena al exilio para la juventud, él calla de forma negligente. Ni una propuesta para construir Vivienda de Protección Oficial, ni una palabra sobre regular los precios abusivos que están destruyendo el tejido social de la ciudad.
No lo hace porque piensa exactamente igual que Moreno Bonilla: la vivienda es un activo financiero, un negocio para unos pocos privilegiados, y no un derecho constitucional. Prefieren hablar de "okupas" para generar un miedo ficticio y así no tener que señalar a los fondos buitre que asfixian a las familias andaluzas cada principio de mes.
¿Por qué no habló Abascal de la asociación AMAMA, ni de las insoportables listas de espera en oncología, ni del desmantelamiento descarado y planificado de la sanidad pública andaluza? ¿Por qué no habló de los colegios que se caen a pedazos o de las listas de espera en dependencia que son una condena a muerte silenciosa para nuestros mayores? Sencillamente porque Vox es el cooperador necesario, el socio indispensable del Partido Popular en este destrozo sistemático de lo común.
Su función real es proteger la figura de Moreno Bonilla, desviando la atención mediática con polémicas estériles y guerras culturales de otra época mientras, por detrás, se favorece el suculento negocio de la sanidad privada. Para ellos, tu derecho a la salud depende directamente de la cifra que aparezca en tu cuenta corriente. Tampoco le escuchamos pedir perdón por votar en contra de la jornada laboral de 35 horas, que permitiría a los andaluces conciliar y vivir mejor.
Y para las pensiones, su plan es el "sálvese quien pueda": acabar con la solidaridad del sistema público y empujar a todos los ciudadanos a contratar planes privados que solo benefician a la gran banca.
El patriotismo de Abascal es de cartón piedra. No le hemos visto defender la soberanía de España ante los ataques de Israel, ni mucho menos criticar los aranceles de Trump que están hiriendo de muerte a nuestro sector agroalimentario.
De hecho, en un acto de cinismo absoluto, votaron en contra de las ayudas directas para agricultores y ganaderos que tanto dicen defender. Prefiere pedir más gasto en misiles que en hospitales, porque en su modelo de país los desfiles militares lucen más que una atención primaria digna.
Andalucía tiene memoria y no se deja engañar por cuentos de fantasmas. Blas Infante quería una Andalucía libre de cadenas; Abascal nos quiere encadenar a los alquileres imposibles, a la precariedad laboral y al olvido de nuestra identidad. Málaga y Andalucía se merecen respeto y soluciones reales, no sesiones de espiritismo político para tapar la privatización de nuestra tierra que ejecutan en estrecha connivencia Vox y el Partido Popular.