Capítulo 11 y quizá tenemos el capítulo más machista del año 2026. ¿Lo habéis escuchado en estos últimos días? Capítulo Julio Iglesias. Hemos visto a gente apoyándole hasta el último de los días, como ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con ese tuit infame diciendo que solo hay mujeres violadas en Irán, como si en nuestro país, en su comunidad en la que gobierna, no se estuviese vulnerando la credibilidad de las víctimas de agresiones sexuales y humillando una vez más a las víctimas.

Pero ¿qué podemos esperar de un partido que le dice a las analistas cómo deben vestir? Ese partido que además te dice si eres prostituta o si solo un rato les interesas. Pero dejemos lo que no importa. Vayamos al caso Julio Iglesias y a lo que esconde detrás. Esa forma de medir el poder y de tenerlo, ese relato que nos han intentado contar de que solo hay violadores en callejones a las cuatro de la mañana con una capucha puesta.

La realidad es que hay, en nuestro entorno, en nuestro grupo de amigos, en nuestras familias, con jueces, fiscales, empresarios poderosos, en medios de comunicación, en periodistas, en redactores, en muchas relaciones, hay casos de acoso sexual en el mundo de la música, en el mundo del cine y en el mundo de la política. Eso que nos intentaron contar para algunos tapar a sus amiguitos.

Porque recordad que perro no come perro. Pero la realidad es que las mujeres estamos alzando la voz y ya cada vez tenemos menos miedo a los poderosos, como Julio Iglesias, que a pesar de un aparato político y mediático que siempre le ha protegido. Ahora estamos denunciando: denunciando vejaciones, denunciando presuntas violaciones, denunciando presuntas agresiones, control en el teléfono móvil, control en las relaciones que se tenían entre empleados, control en las salidas entre ese resort y las entradas, control en nuestras vidas.

A pesar de lo que te vayan a contar ahí fuera, Julio Iglesias es un presunto violador y todas las mujeres —las más vulnerables, las más ricas, las más o las menos famosas— tienen derecho a denunciarle o no hacerlo. Las víctimas deciden siempre cuándo hablan: en el momento, años después o nunca. Siempre, siempre lo deciden ellas. Y nuestro trabajo es acompañarlas, arroparlas, creerlas y estar de su lado.

No estar, como algunos, en el lado fácil, acompañando y apoyando a presuntos agresores. El caso Julio Iglesias solo demuestra que los más poderosos también violan y que este señor era más un truhán que un señor.

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