El expresidente del Gobierno José María Aznar ha sido recibido a gritos de "no a la guerra" este jueves en Albacete momentos previos a la presentación de su libro 'Orden y Libertad'. Las protestas se han producido a las puertas del salón de actos de Unicaja, donde el exlíder del Partido Popular ha presentado su último ensayo en un contexto marcado por la escalada del conflicto con Irán y el debate político abierto en España sobre la posición que debe adoptar el país ante una nueva crisis internacional.
Los cánticos han recordado inevitablemente uno de los episodios más controvertidos de su etapa al frente del Ejecutivo, el apoyo del Gobierno del PP a la invasión de Irak en 2003 junto a Estados Unidos y Reino Unido. Más de dos décadas después, el rechazo social a aquella guerra ha vuelto a aparecer en la escena pública en un momento en el que el Partido Popular defiende alinearse con las posiciones de Washington frente a Irán, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en evitar la implicación directa de España en el conflicto.
Durante la presentación del libro, el exlíder del Partido Popular ha criticado con dureza la política exterior del Gobierno actual. En su intervención ha afirmado que España atraviesa una situación de deriva internacional y ha cuestionado el posicionamiento del Ejecutivo ante el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán. Aznar ha asegurado que "España está a la deriva". "Estamos donde no tenemos que estar, apoyando a quien no tenemos que apoyar y no estando con nuestros aliados", ha espetado.
En ese contexto, el expresidente ha rechazado las consignas pacifistas que han reaparecido en el debate político ante la escalada militar en Oriente Medio. Aznar ha afirmado que "no es momento para eslóganes, ni para gritos, sino para una reflexión muy profunda y la toma de decisiones muy profundas", en referencia a los mensajes de "no a la guerra" que han vuelto a escucharse en sectores de la izquierda y que también han sido utilizados en el pasado por el propio Pedro Sánchez.
Sus palabras pueden interpretarse como una defensa de una posición más alineada con las estrategias militares impulsadas por Estados Unidos, en un contexto internacional marcado por la tensión con Irán y por el debate en España sobre si el país debe implicarse o no en un nuevo escenario de confrontación promovido desde Washington.
El exjefe del Ejecutivo también ha acusado al Gobierno actual de situarse del lado equivocado del conflicto internacional, llegando a sostener que el gabinete de Sánchez se posiciona a favor de Irán, al que ha señalado como financiador de actos terroristas en Occidente. Un argumento que ha utilizado para reforzar su crítica a la política exterior del actual Ejecutivo.
Recuerdos de Irak
Sin embargo, la intervención de Aznar en Albacete ha reabierto inevitablemente el debate sobre su propio legado político. La guerra de Irak sigue siendo uno de los episodios más polémicos de su mandato. El Gobierno del PP justificó entonces el apoyo a la invasión en la existencia de armas de destrucción masiva en manos del régimen de Sadam Husein, una afirmación que posteriormente se demostró falsa.
A esa controversia se han sumado otras dos grandes crisis políticas que marcaron su etapa en el poder. Una de ellas fue el accidente del Yak-42 en 2003, en el que murieron 62 militares españoles cuando regresaban de Afganistán. Las investigaciones posteriores revelaron graves irregularidades en la identificación de los cadáveres y en la gestión del siniestro por parte del Ministerio de Defensa.
La tercera gran sombra de aquel periodo estuvo vinculada a la gestión informativa tras los atentados del 11M en Madrid en 2004. Durante los días posteriores a los ataques, el Gobierno del PP defendió públicamente la autoría de ETA a pesar de que las investigaciones policiales ya apuntaban hacia el terrorismo yihadista, lo que alimentó una fuerte crisis política y un debate que marcó profundamente el final de la legislatura.
Dos décadas después de aquellos acontecimientos, la reaparición pública de Aznar sigue generando controversia. Su discurso en Albacete, centrado en la defensa del papel de las democracias liberales y en la crítica a la política internacional del Gobierno actual, ha coincidido con un momento de fuerte tensión geopolítica y con el debate abierto en España sobre la posición que debe adoptar el país ante los conflictos internacionales.
La escena vivida a las puertas del acto, con gritos de "no a la guerra", ha evidenciado que el recuerdo de la intervención en Irak continúa muy presente en la memoria política española, especialmente cuando el expresidente vuelve a pronunciarse sobre conflictos internacionales y sobre el papel que España debe desempeñar en ellos.