Si me pinchan no sangro, lo confieso. Por supuesto, si es que me queda sangre de ver todas esas cosas con las que nos obsequia la realidad nuestra de cada día. Y precisamente de eso se trata, de que aquí no hay nada nuevo sino más bien viejo, viejísimo. Aunque remasterizado y digitalizado.

Hablo de escuelas y manuales de buenas esposas, que se pueden encontrar en Internet con mucha más facilidad de la que me gustaría. De hecho, nada más hice la primera búsqueda, el algoritmo me regaló unas cuantas más, A cuál más desazonadora. Tanta, que daría risa si no diera miedo.

Estos supuestos manuales, escuelas o simplemente consejos para ser una buena esposa son, simple y llanamente, la idea de esposa contra el que nuestras madres y abuelas lucharon durante muchos años. Un modelo que relega a las mujeres al ámbito doméstico en el que son las reinas y señoras, siempre con un aspecto impecable, una conversación adecuada y discreta y una sonrisa permanente mientras hacen una tarta de manzana ante sus criaturas que son, como no, más bonitas que un Sanluis.

Lo que subyace es lo de siempre. Sumisión, obediencia e invisibilidad. Las mujeres como complemento de sus mariditos, unos floreros que no se pueden permitir tener voluntad propia y que no pueden ser vistas sino a la sombra de su amo y señor. Faltaría más. Y que, además, y tal vez esto sea lo más alarmante, lo hacen encantadas de la vida.

En el fondo, es un ataque más al feminismo. Un ataque de quienes se empeñan en contraponer ser femenina a ser feminista, como si ambas cosas fueran incompatibles.

Desconozco la magnitud real del fenómeno. No sé qué porcentaje de mujeres son capaces de abrazar semejantes ideas o al menos de interesarse por ellas, pero, a decir de la estadística, parecen ser muchas más de las que podría imaginar. También ignoro el porcentaje de hombres que apoyan semejantes movimientos, aunque siempre serán muchos más que mujeres, por razones obvias. No obstante, reivindico la masculinidad sana de todos esos hombres que saben que una vida en igualdad es la mejor opción para todas y todos y obran en consecuencia.

Y es que, leyendo estas cosas, es imposible no recordar aquel Manual de la buena esposa de la Sección Femenina, convertido en la biblia franquista de lo que debía ser una mujer como dios manda o, más bien, como Pilar Primo de Rivera mandaba. Y eso me reconduce, con tanta preocupación como tristeza, a esas encuestas según las cuales muchas personas jóvenes elogian la dictadura de Franco e incluso manifiestan una nostalgia del régimen imposible en atención a su edad.

Y lo último que me apetece es sonreír, digan lo que digan los dichosos manuales.

SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus) 

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