Noelia Castillo por fin descansa en paz. Han sido 602 días de lucha por conseguir acceder a un derecho, el de morir dignamente. En estos 600 días hemos vivido como una mujer de 25 años ha tenido que publicitar su sufrimiento hasta la extenuación para poder llegar hasta hoy, el día en el que por fin ha podido descansar. Todos hemos visto, leído y escuchado su desgarradora historia en una exposición mediática sin precedentes.
Sin ir más lejos, ElPlural.com ha ido contando el viacrucis judicial al que se ha visto sometida por culpa de su padre, y de unos carroñeros que han utilizado el sufrimiento de una familia para hacer política. Indecente. En este caso todo es indecente menos el final.
Llevo días escuchando que su caso ha reabierto el debate sobre la eutanasia. No señores, no hay debate que valga. La eutanasia es un derecho, no una obligación, pero gracias a gentuza que va de cristiana, pero que en realidad son unos desalmados, como es el caso de Abogados Cristianos, Noelia no solo se ha visto obligada a hacer público su sufrimiento, sino que lo ha visto prolongado durante 602 días.
También hemos visto como un programa de televisión ha espectacularizado el final de Noelia. No me meto con la entrevista, es un documento periodístico de alto valor al que no le pongo ningún pero. El trabajo de la compañera que ha conseguido esa entrevista es brutal, viéndola hablar con esa sensibilidad sobre Noelia se me saltaban las lágrimas, ha sido impresionante el derroche de empatía. Pero la forma de contarlo no ha sido la mejor.
Esta mañana leía un artículo de opinión de mi querida Ángeles Caballero en El País, artículo que recomiendo a todo el mundo, en el que la periodista lo explicaba muy bien: “Me pregunto, tras reposar lo visto, si era necesario seguir hurgando en esa herida con una cámara encendida delante. Si era pertinente hacerle una autopsia a las razones y a los detalles. Asistir a las tensiones y a las dudas entre madre e hija, la despedida de la abuela Carmen y los besos sonoros, la comida favorita de su nieta. La historia de una de tantas familias desestructuradas y rotas, precarias”.
Como les decía al principio, lo único bueno de todo esto es que, por fin, se ha cumplido la voluntad de Noelia. Por fin, 602 días después, Noelia ha podido decidir sobre su propia vida, pero lo que es más importante, sobre su propia muerte, y ya descansa en paz. Vuela alto Noelia. Bon vent i bona barca.