A los negacionistas se les ha tratado de manera benigna durante los últimos años, como si fueran unos frikis inofensivos. Pero ha llegado el momento de encarar el problema con rigor y valentía, porque el negacionismo se ha convertido en delictivo y criminal, en muchos casos, y ha causado ya millones de muertes en todo el planeta.

El negacionismo durante décadas de la industria tabaquera sobre los efectos perniciosos del tabaco arroja un trágico balance de millones de víctimas mortales. Lo mismo ocurre ahora con el negacionismo de la industria petrolera sobre el calentamiento global y su oposición a las energías renovables, cuando ya se cuentan por millares las muertes por calor y por incendios forestales.

Al Tribunal Penal Internacional habría que llevar no solo a Netanyahu por el genocidio de Gaza, sino a todos los que niegan la eficacia de las vacunas y están en la actualidad al frente de la Sanidad Pública en los Estados Unidos de Trump. La reaparición de enfermedades, que prácticamente se habían eliminado, ha matado a miles de niños y niñas en todo el planeta.

En Europa, el negacionismo climático de la ultraderecha ha obtenido ya victorias políticas en el Parlamento Europeo al ralentizar la aplicación del Pacto Verde y la Agenda 2030. Y en España, los acuerdos firmados en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía por el PP y Vox han ratificado el negacionismo como guía de su acción de gobierno en los próximos cuatro años.

Que las modificaciones legales que la ultraderecha introduce en los gobiernos y parlamentos que controla puedan ser recurridas en las instancias judiciales por la vía contenciosa no tranquiliza mucho, es necesario abordar por lo penal las consecuencias mortales de sus postulados negacionistas.

En Alemania y otros países que sufrieron las consecuencias del nazismo es delito negar el Holocausto. Detrás de los revisionismos y los negacionismos históricos hay una aprobación cómplice de los asesinatos de las dictaduras y eso es lo que Vox hace al derogar las leyes de memoria.

Negarle todos los derechos a las mujeres afganas clama al cielo, pero negarle el derecho al voto a las mujeres y sustituirlo por "un hogar, un voto" a cargo del cabeza de familia como pregona ahora la ultraderecha norteamericana, es simplemente una extravagancia más que no merece ni una línea en el ecosistema mediático que respalda a los partidos ultras.

El negacionismo ya no es solo una mentira conveniente; es una conducta delictiva cuyas acciones y omisiones se miden en vidas humanas. 

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