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Opinión

Una Matria llamada Andalucía

España y el sistema autonómico de nuestra democracia, que pone en cuestión Vox, le debe a Andalucía mucho

Manuel Francisco Reina
Izada de la bandera de Andalucía frente al parlamento con motivo del 28F.

Izada de la bandera de Andalucía frente al parlamento con motivo del 28F.

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Mi Matria se llama Andalucía. Digo Matria, haciendo alusión a ese concepto de pertenencia que creara Don Miguel de Unamuno, aunque tradicionalmente se llame patria. Andalucía es mi madre, que como sabemos todos es la raíz, la casa, más allá de quien ponga la semilla, ejerza o no de padre. Para ser honestos, antes que saber que era un concepto unamuniano, lo leí en el título de un  libro de la poeta andaluza Raquel Lanseros, que sabe, como yo, que la poesía también es una Matria esencial.  Se cumplen más de cuatro décadas de la autonomía andaluza. En el gobierno de la junta la mayoría absoluta del Partido Popular de Moreno Bonilla, peculiar y sonriente imagen de un partido que sabe hacer encajes y gestos, la ultraderecha de Vox, que se empeña en seguir negando el estado autonómico aunque se siente en sus escaños y cobre por ello, discutiendo temas que eran de consenso democrático como la violencia de género, la igualdad o la diversidad afectivo-sexual, y una izquierda que no se ha enterado que, o cambia el discurso, o va a seguir perdiendo elecciones. Estos son los bueyes con los que nos toca arar la conmemoración del aniversario de la Comunidad Autónoma de Andalucía, y no está mal recordar, para no olvidar, y estar pendientes del pasado para que no vuelvan a sustraérsenos derechos en el inmediato presente y en el futuro. Lo digo porque, en una efeméride de tanto relieve, la jauría andaluza de Santiago Abascal, dijo al llegar a San Telmo que tenían una voluntad decidida de acabar con las autonomías, en especial con la andaluza, que consideran “un apaño”.   Lo que no tiene sentido, una vez más, es que mientras pretenden dinamitar desde dentro la autonomía andaluza, sigan comiendo de ella.

España y el sistema autonómico de nuestra democracia, que pone en cuestión Vox, le debe a Andalucía mucho. Poco se ha contado sobre la oposición de los no demócratas, e incluso de la UCD entonces, para que, durante la transición, sólo fueran reconocidas las 3 llamadas “Comunidades Históricas”. Fue la oposición y la movilización de millones de andaluces lo que consiguió que, no sólo Andalucía, sino el resto de las autonomías que hoy conocemos, consiguieran el mismo trato en la Constitución democrática y en la administración del Estado. Mucho se ha escrito sobre el proceso autonómico andaluz, y su intento de ser considerada autonomía “por la vía rápida del artículo 151”, proceso fallido por la falta de apoyo mayoritario en la provincia de Almería, a lo que se aferra Vox para deslegitimar el proceso autonómico andaluz, mayoría que era necesaria para su aprobación en todas las provincias. De los movimientos políticos y sus figuras, con un muy potente entonces Partido Andalucista, ya desaparecido, y un importante Partido Comunista recién legalizado, además del Partido Socialista Andaluz, se ha escrito mucho. Poco se habla, sin embargo, de la importantísima labor que hicieron los intelectuales, escritores, pintores, cantantes, y artistas andaluces en Madrid para conseguirlo y movilizar a los andaluces, haciéndolos visibles en la capital.

Mucho de esto sabe Rafael Escuredo, primer presidente electo de la Junta de Andalucía, felizmente premiado con la Medalla de Oro de Andalucía en su cuarenta aniversario. Dicho sea de paso que los socialistas andaluces estaban, y siguen estando en deuda con él, y no siempre han sido ni son lo agradecidos y respetuosos que debieran. Digo que mucho de esto sabe el presidente Escuredo y su vicepresidente y sucesor, José Rodríguez de la Borbolla, porque él conoció bien la movilización del Instituto Cultural Andaluz, fundado en Madrid en la transición, y que, alrededor del editor, pintor y escritor granadino Paco Izquierdo, y que se reunía en la Casa de Cádiz de Madrid, en la calle Piamonte 12, aglutinó el sentir de la patria andaluza y de sus referentes artísticos e intelectuales en el país. Fue desde este Instituto, desde donde se organizó la serie de autobuses que desde Madrid a Granada movilizaron a millones de andaluces en una manifestación sin precedentes, que hizo replantearse, tras el referéndum, la entrada de Andalucía en el sistema de las  autonomías, y la creación del actual sistema autonómico andaluz. Entre los participantes, Miguel Ríos, Luis Rosales, Rafael Montesinos, Emma Penella, Antonio Hernández, Carlos Cano, José Infante, en unas movilizaciones, tanto en Madrid, en la plaza de Santa Ana, como en la caravana de autobuses y posterior manifestación de Granada, a la que se sumaron figuras no andaluzas como Serrat. Hubo incluso un cisma entre la UCD granadina y la nacional, pues los andaluces se enfrentaron a la opinión del partido a nivel estatal, lo que provocó que, y esto lo desconoce mucha gente, Carmen Díaz de Rivera, ayudara en la sombra a los granadinos, e incluso colaborase en la movilización y organización de autobuses para la manifestación de Granada el 4 de diciembre de 1977, que visibilizó la aspiración de millones de andaluces. La determinación de esta política, fundamental en el juego de la transición española, fue determinante en el cambio de postura respecto a las aspiraciones de los andaluces y, luego, del resto de las regiones, de Adolfo Suárez.

Cuando se hacen tantas bromas baratas sobre los andaluces, cuando se vuelve a debatir por parte de cierto partido reaccionario y antidemocrático y sus socios el valor de las autonomías, es necesario volver a recordar nuestra historia, y lo que la democracia española le debe a Andalucía y a los suyos. No sólo dinero, que también, pero que otros se embarren en el discurso de la deuda histórica económica y sus comparativas. Hablo de lo que nuestra Constitución, nuestra Democracia, nuestro sistema, ahora en cuestión desde muchos flancos que quieren demolerlo, le debe a Andalucía, y a un puñado de hombres y mujeres que con ilusión, compromiso y talento, se pusieron al servicio de Andalucía, y de la transición democrática de nuestro país. Hombres y mujeres premiados en la figura de Rafael Escuredo, en ediciones pasadas, y otros injustamente olvidados, en el engranaje ingrato del olvido contemporáneo. Como recitó en la manifestación de Granada del 77 el poeta y Premio Nacional de Poesía, Antonio Hernández: “Si digo Andalucía/ estoy diciendo el nombre de mi patria”.  O como también escribiera la maestra jerezana Pilar Paz Pasamar, “Llevadme al Sur en volandas/ya que no me llevo yo./Aves de retorno, nubes/de vuelta. Por aquí, no./Mi corazón por la arena, al aire mi corazón…”.

Manuel Francisco Reina

Sobre el autor

Manuel Francisco Reina

El que faltaba

Manuel Francisco Reina es un escritor, periodista y crítico literario español. Desde joven demostró una gran pasión por la literatura y por la cultura en general, lo que le llevó a formarse académicamente en estas áreas.

Nacido en Cádiz en el año 1974, estudió Filosofía y Letras, especialidad en Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz, y posteriormente cursó estudios de Grado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Fue cronista de Cultura del diario ABC y ha colaborado con La Vanguardia, Diario de Cádiz, Babelia, Zero o GQ.

En su trayectoria profesional destaca su colaboración con diversos medios de comunicación y publicaciones culturales. Actualmente es colaborador de opinión del diario digital ElPlural.com, donde es firma fija de opinión cultural y política en la sección “El que faltaba” desde el año 2015.

Anteriormente, fue titular de la sección “La Verdad del Cuento” en la que publicó artículos y reportajes sobre cultura, desde mayo de 2008 hasta mayo de 2010. También es miembro de la Academia de Artes Escénicas de España, lo que refleja su compromiso con la cultura y las artes escénicas en particular.

Entre sus últimas publicaciones destaca el poemario Servido en frío, que le valió el Premio Jaime Gil de Biedma de Poesía, otorgado por la Diputación de Segovia. Igualmente fue relevante La princesa Paca, co-escrito junto con Rosa Villacastín y publicado en el año 2014, libro del que posteriormente se hizo una adaptación para la televisión en cuyo guion colaboró el propio Reina.

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