Fue el humo que vendió Aznar, y que todos los golfos, sinvergüenzas, getas y chulos no solo lo airearon, sino que se dedicaron a realizar sus propias fogatas: desde el más alto de los banqueros, prestando el 120 o el 150 del valor de la vivienda, pues ya sabes, para el Cayanne, para el plasma y para ese viaje al Índico que tu familia se merece, hasta el inútil más acémila subido al cargo de concejal que pensando en servir al pueblo, no dejaba pasar oportunidad para hacer el egipcio con el erario público y terminando con el vulgar especulador, más listo que ninguno: “compro sobre plano y vendo antes de que me den las llaves le gano un setenta por ciento”. ¿Les suena alguno de estos individuos?

Siga leyendo en el blog de José Luis Peñas, denunciante del caso Gürtel