Los primeros recuerdos que tenemos suelen ser relacionados con la familia, juegos, cumpleaños, regalos. Alguno de esos recuerdos perdura para siempre, una bicicleta, una playa, una tarta… Pero esa realidad es muy diferente para 420 millones de niños y niñas en todo el mundo que viven en zonas afectadas por conflictos armados. Para estos 420 millones de niñas y niños su realidad no es jugar en el parque, hacer tareas escolares o ir a cumpleaños. Su realidad es que su escuela ha sido atacada o destruida, su barrio sufre bombardeos o algunos de sus familiares han fallecido a causa de la guerra. Una parte importante su vida es la huida de su lugar de origen en busca de seguridad como refugiado y también ahí se encuentran con violencia o rechazo.

Imaginemos por un momento la rutina de cualquier niño de diez años: despertarse para ir al colegio, quejarse por tener que hacer los deberes, jugar en el parque con amigos y regresar a una casa segura donde cenar y dormir. Para millones de menores en el mundo, esta secuencia no es una realidad, sino una fantasía inalcanzable. En su lugar, el amanecer llega acompañado del sonido de las bombas, las escuelas se transforman en escombros y jugar en la calle se convierte en una actividad de alto riesgo.

La infancia es la patria. Es el lugar donde se aprende a andar, hablar, leer y sentir. La patria de 1 de cada 5 niños y niñas en el mundo es la guerra, y en la guerra se aprenden y viven muchas cosas, la mayoría nada buenas. Guerras que ahora se ubican bajo un paraguas conceptual de inestabilidad, tensiones, incertidumbres tienen en realidad detrás estrategias militares que se miden en daños y heridas para la infancia.

En primer lugar, los bombardeos o ataques a zonas con alta densidad de población tienen como resultado que niños y niñas que mueren o son heridos. En segundo lugar, el reclutamiento forzoso por parte de grupos armados que utilizan a niños y niñas como herramientas de guerra. Los llamados «niños soldado» no solo son obligados a combatir en primera línea; también son utilizados como informantes, porteadores o mensajeros. Son mano de obra barata y dócil.

En tercer lugar, los ataques a escuelas. Pocas cosas inyectan el miedo en la población de forma más eficaz que atacar escuelas. Y las guerras tienen el miedo como un arma de guerra para someter y controlar a la población. No es casual, sino causal que, según los últimos datos difundidos por la UNESCO, en 2024 se registraron ataques contra 1.265 escuelas, un aumento del 44 % en comparación con el año anterior.

En cuarto lugar, está la violencia sexual como arma de guerra. Lo mismo que pasa con el miedo en los ataques a las escuelas pasa con la violencia sexual. Cuando se viola a una menor de un poblado de algún modo se está violando a todas las niñas y mujeres de ese poblado. El miedo se generaliza y se colectiviza. Según los últimos datos la violencia sexual en los conflictos se duplica y alcanza un nivel sin precedentes.

En quinto lugar, se encuentra la denegación de acceso humanitario. Los datos actualizados de Naciones Unidas y de organizaciones internacionales señalan un retroceso histórico sin precedentes en la seguridad y en la protección de las poblaciones civiles atrapadas en conflictos armados. Bloquear de forma planificada el acceso y tránsito de personal y de convoyes con alimentos, agua potable y medicinas básicas convierten esto en una estrategia bélica cada vez más habitual.

Antes de que termine septiembre, como todos los años, tendrá lugar la Asamblea General de Naciones Unidas. Dos asuntos son cruciales este año; los conflictos armados globales y la crisis del acceso humanitario. En ningún otro lugar ni momento se puede afrontar estos asuntos.

Además, antes de que termine el 2026 el Consejo de Seguridad de Naciones deberá proponer a la persona que relevará a António Guterres como Secretario General de la ONU, y empezará un nuevo tiempo para el sistema global de Naciones Unidas. Habrá que ver si en septiembre la agenda del Gobierno de España y de la Unión Europa antepone como asunto crucial la infancia y las guerras como su agenda global de los próximos años.

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