Leo estos días titulares que afirman "La inflación en España vive su mayor caída en 10 meses y se modera al 2,4% en enero", pero salgo a la calle y voy al súper y la bolsa de picos de Antequera de la marca blanca de El Corte Inglés que antes de Navidad estaba a 1,20€ ahora en plena cuesta de enero cuesta 1,49€, un 24% de aumento.
Voy a mi farmacia de cabecera y de proximidad y el envase de hilo dental Superfloss de 4,50€ pasa a 5,95€, un 32% de incremento.
En el súper de la cadena ALDI el bollo de salvado ha subido en enero de 0,25€ a 0,29€, un 16%.
He elegido solo tres ejemplos de muy distintos establecimientos y de productos muy diferentes por su grado de necesidad para no cansar a las personas que me leen, pero la lista es interminable. Al mismo tiempo, las patronales CEOE y Cepyme se oponen a la subida acordada por el Ministerio de Trabajo y los sindicatos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en un 3,1% respecto a 2025.
La derecha política también se opone al aumento y el líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, dice que no es ético y que supone un grave esfuerzo para las empresas, las mismas que no tienen el más mínimo remordimiento ético en aplicar subidas abusivas a sus productos y servicios.
La inflación y el IPC se miden al monitorizar una bolsa de productos que los expertos califican de representativa del conjunto de los bienes de consumo. Pero a la vista de la realidad, esta bolsa habría que ampliarla porque la ciudadanía experimenta a diario que los datos que la Administración y las empresas esgrimen en sus debates no se corresponden con la verdad.
En la batalla por llegar a final de mes, pierde la inmensa mayoría y ganan las grandes cadenas de distribución, la banca, las eléctricas, las petroleras, las telecos... todas las que integran las grandes patronales y que en estos días dan a conocer sus excelentes resultados económicos en 2025 y las remuneraciones a sus accionistas. Los mismos de siempre.
Por supuesto, los medios de comunicación privados y los medios públicos en las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular van a redundar en las versiones de los empresarios y la oposición y a esconder la realidad y datos como los suministrados en esta columna.
Y en las redes sociales el ruido de los miles de cuentas falsas y anónimas neutraliza la información objetiva y veraz y amplifica la desinformación. Así, un día y otro crece la desafección y el malestar con la democracia que la ultraderecha se encarga de atizar sin molestarse siquiera en elaborar un programa alternativo.