Hace tiempo que le venimos declarando la guerra al azúcar, y en general a los productos con grandes dosis de glucosa, como las bebidas azucaradas. Michelle Obama fue pionera en esta corriente moderadora de la nutrición, y en los últimos años, la aplicación o incremento de impuestos a las bebidas con alto contenido de azúcar ha ganado atención por parte de algunos gobiernos. Existen evidencias de que su consumo desproporcionado está relacionado con un incremento en la probabilidad de sufrir de sobrepeso, y por consiguiente de enfermedades conexas como hipertensión, diabetes, accidentes cardiovasculares y caries.
Ahora, un modelo matemático desarrollado por investigadores norteamericanos, afirma que si se redujera un 10% el consumo de gaseosas azucaradas, se podrían evitar 2639 muertes entre 2015 y 2024, así como unos 13.385 casos de diabetes y cerca de 4.000 accidentes cardíacos y cerebrovasculares.

Una publicación reciente en la revista de Medicina Preventiva de EEUU sacó a la luz las maniobras que Coca-Cola y Pepsi-Cola han desarrollado en los últimos años para evitar que se hicieran públicos los efectos de las bebidas azucaradas. Así, se pubicó que han estado financiando a un total de 96 organizaciones nacionales de salud en EEUU, incluyendo muchas instituciones médicas y de salud pública, cuya misión específica incluye el combatir la epidemia de obesidad.

Tomando como modelo el combate al tabaquismo

Son más de una veintenta los países que han establecido un impuesto en estas bebidas siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), intentando que éste resulte disuasorio, que se reduzca su consumo, de igual  manera que el incremento del precio de los paquetes de tabaco ha solido reducir el tabaquismo. Así, en México, una de las aplicaciones más sonadas, se aprobó un impuesto del 10% a las bebidas azucaradas en 2014. Finlandia, Noruega o Francia han comenzado también a diseñar planes en el mismo sentido. En España, en Cataluña se aplica un gravamen sobre las bebidas azucaradas. En Reino Unido se aplicará el próximo abril, con un gravamen para bebidas para más de 5 gramos de azúcar por cada 100 mililitros y otra, más alta, para las bebidas con más de 8 gramos de azúcar por cada 100 mililitros. Australia se ha convertido en el primer país en el que se reclama, en este 2018, un impuesto a las bebidas azucaradas.