La primera vez que Marcos acudió a una manifestación del Orgullo caminó durante varios minutos alrededor de la plaza antes de decidirse a entrar. Había dicho en casa que iba a pasar la tarde con unos compañeros de clase y llevaba una gorra que apenas utilizaba. Le preocupaba aparecer en una fotografía, encontrarse con alguien conocido o recibir una llamada mientras estaba rodeado de banderas. Cuando comenzó la marcha, avanzó cerca de la acera, preparado para separarse del grupo si era necesario.

Hasta entonces había pensado que salir del armario consistía en pronunciar una frase. Aquella tarde comprendió que también significaba aprender a ocupar espacios que durante años había recorrido intentando pasar inadvertido.

La calle nunca es completamente neutral. Es el lugar donde las personas se encuentran, se reconocen y muestran una parte de su vida. También puede ser un espacio de vigilancia, amenaza y exclusión. Caminar de la mano, elegir una determinada forma de vestir o despedirse con un beso son gestos cotidianos para algunas personas y decisiones calculadas para otras.

Durante el franquismo, la homosexualidad fue perseguida mediante leyes, instituciones y mecanismos de control social. Las personas que se alejaban de la moral sexual y familiar del régimen podían sufrir detenciones, internamientos, pérdida del empleo o rechazo familiar. La represión no necesitaba actuar todos los días para resultar eficaz. El temor a ser señalado bastaba para empujar muchas vidas hacia la clandestinidad.

Ocultarse implicaba modificar historias antes de contarlas, evitar ciertos lugares y presentar a la pareja como un amigo o una compañera de piso. También significaba vigilar el cuerpo: la manera de hablar, de caminar, de mirar o de relacionarse. La calle pertenecía formalmente a todos, pero no todos podían transitarla con la misma libertad.

La democracia eliminó progresivamente las normas que permitían aquella persecución, aunque las leyes cambiaron antes que muchos comportamientos. La posibilidad de ser insultado, agredido o expulsado del entorno familiar continuó condicionando la vida de muchas personas. La visibilidad seguía teniendo un precio, especialmente fuera de las grandes ciudades o en lugares donde resultaba difícil encontrar apoyo.

Las primeras movilizaciones por los derechos de las personas homosexuales y trans transformaron esa relación con el espacio público. Salir a la calle no era solo reclamar una reforma legal. Era demostrar que aquellas vidas existían, que no pertenecían únicamente a bares ocultos, domicilios privados o conversaciones mantenidas en voz baja.

Las pancartas, los colores y los cuerpos reunidos producían una imagen que contradecía años de silencio. Quienes habían sido tratados como casos aislados se descubrían parte de una comunidad. También podían ser vistos por adolescentes que todavía no tenían palabras para explicar lo que sentían y por familias que nunca habían escuchado esas experiencias contadas en primera persona.

Con el tiempo, el Orgullo incorporó celebración, música, empresas, instituciones y una enorme presencia turística. Esa transformación ha provocado debates sobre su significado, su comercialización y el lugar que ocupan dentro de él las reivindicaciones políticas. Pero debajo de esas discusiones permanece una conquista básica: la posibilidad de mostrarse sin que la invisibilidad sea el precio de la seguridad.

Esa libertad no se ejerce de la misma manera en todos los barrios, centros educativos o lugares de trabajo. Hay parejas que todavía sueltan la mano al entrar en determinadas calles. Jóvenes que calculan cuándo pueden hablar en casa. Personas trans que modifican sus recorridos para evitar insultos. La visibilidad puede ser cotidiana en una avenida y arriesgada unos kilómetros más lejos.

Cuando la marcha llegó al final del recorrido, Marcos se quitó la gorra. Una amiga le pidió una fotografía y él miró primero a las personas que tenía alrededor. Posaron delante de una pancarta, pero Marcos pidió que no la publicara todavía. Guardó la imagen en su teléfono y se quedó mirando la pantalla unos segundos antes de volver con el grupo.

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