Desde hace más de una década, uno de los momentos televisivos más emblemáticos de la Nochevieja es, sin duda, el que rodea al traje de Cristina Pedroche en las Campanadas. Si la vallecana lleva 12 años tomándose las uvas desde la Puerta del Sol, 11 de ellos lo ha hecho de la mano de Josie, el responsable de la dirección creativa de su estilismo.
Sin obviar la magia de los anteriores, el diseño con el que han dado la bienvenida al 2026 ha sido muy especial por su doble intencionalidad. Pedroche se unía a la Asociación Española Contra el Cáncer para lanzar un mensaje en torno a la importancia del apoyo y el acompañamiento. Así, su traje tenía el siguiente doble fondo: por un lado, en agradecimiento a la fidelidad y la confianza de todas las personas que a lo largo de este tiempo le han permitido entrar en sus casas y compartir con ellas una noche tan especial; y, por otro, en reconocimiento a la labor que la Asociación realiza para apoyar y acompañar a las personas con cáncer y sus familias.
En lo que al diseño impulsado por Josie respecta, el resultado ha sido un look compuesto por una serie de elementos icónicos mostrados a lo largo de estos 12 años que confluyen en un ejercicio de suprarreciclaje hecho capa.
Pregunta: Más allá de la moda y el momento vestido, Pedroche y tú habéis logrado convertir el diseño en todo un evento, en uno de los momentos más esperados de la Navidad.
Respuesta: Me divierte mucho que algo que empezó como un juego de niños se haya convertido en una tradición que me hace sentir Papá Noel (risas). Cuando Cristina Pedroche llegó a Antena 3, tras su éxito cosechado en LaSexta el año anterior (2013/14), nadie veía las cadenas privadas y todo el mundo ponía La 1 directamente en el mando a distancia familiar. Ésto era un hecho institucionalizado y casi sagrado en las familias españolas. Año tras año, ella y todo este revuelo de estilismos han ido cambiando este hecho. Ha revertido el panorama y yo estoy muy contento y orgulloso de haber contribuido a que así sea.
(P): El diseño de este año supone un ‘homenaje’ a lo que venís haciendo en estos 11 años al incluir elementos de todos y cada uno de los trajes anteriores. ¿Cómo surgió esta idea?
(R): Hace años que me ronda en la cabeza porque los vestidos de las Campanadas son obsesiones hechas realidad, vivencias y deseos. Este año me encantó la exposición del Barbican Centre titulada “Dirty Looks. Desire and Decay in Fashion” y me obsesione aún más con la idea de hacer un upcycling con los vestidos y capas de estos doce años que tuviera el espíritu de los expuestos en la muestra: no buscar la belleza convencional y descubrir el lado desordenado a veces o incluso sucio de la moda para hablar del caótico mundo que nos ha tocado vivir y ser el contrapunto imperfecto a la perfección digital brillante y absurda, a veces.
Lo difícil era convencer a Cristina Pedroche, que se negó en rotundo porque no quería perder los vestidos que tanto significan para ella. Incluso, hablando de exposiciones, un día podrían mostrarse todos juntos en una retrospectiva. Ése ha sido el trabajo más difícil: convencer con un cronómetro encendido. Un día, muy temprano, antes de que el tiempo de decisión se agotase, me escribió y me dijo: “Prepáralo todo porque voy a hacerlo”.
Se ha convertido en una tradición que me hace sentir Papá Noel
(P): ¿Quiere decir que puede haber un fin de ciclo?
(R): La vida está hecha de ciclos vitales y llevamos 12 años de Pedroche Campanadas que es la historia de un éxito sin precedentes y un cambio de paradigma en el consumo televisivo. Hemos creado un ritual y un evento cuya semiótica ha triunfado y se ha colado en otras cadenas que se dedican a copiar y emular el combo Josie/Pedroche.
Cuando esto ocurre, es hora de cambiar de ciclo, de sorprender y buscar fórmulas nuevas que ofrecer a nuestras marcas blancas. Si seguimos juntos en esto, lo vamos a hacer. Y, si esto se acaba aquí, creo que mejor epílogo no puede existir.
(P): El de este año es un diseño muy especial, con un doble mensaje, ya que os habéis unido junto a la Asociación Española Contra el Cáncer. ¿Cómo habéis querido transmitir este mensaje a través del atuendo?
(R): Hay un mensaje importantísimo de desapego a lo material. Sin este proceso introspectivo de deshacerse de lo que tanto significa para Pedroche a nivel simbólico, hubiera sido imposible crear nada porque hay piezas de la colección que nunca volverán a reconstruirse tal y como fueron. También de despedirte de lo que eres cada día y que va rompiéndose a pedazos, que muchas veces tienes que ensamblar para volver a brillar. Es ahí donde ha sido fundamental contar con la Asociación Española Contra el Cáncer para que lancen con nosotros un mensaje de apoyo y acompañamiento.
Hay circunstancias vitales en las que, cuando todo parece roto, queda algo que puede recomponerse. Ahí entra en juego la red de apoyo, para ensamblar piezas vitales que, como la capa de este año, representan a pacientes, supervivientes, familiares, cuidadores, profesionales sanitarios, investigadores… Porque cada pieza cuenta, es parte de uno mismo y, unidas, suman, posibilitando volver a brillar y a una nueva vida.
Otras cadenas se dedican a copiar y emular el combo Josie/Pedroche
(P): ¿Cómo definirías la pieza de este año teniendo en cuenta la complejidad de ese doble mensaje?
(R): Diría que es “El delirio simbólico de un histórico muy kitsch, coleccionado durante 12 años, en 12 vestidos y en 144 campanadas”.
“Histórico”, porque proviene del histórico propio de 12 años de ajuares hechos ex profeso para que Cristina Pedroche presente las campanadas con una profusión de elementos muy reconocibles que forman parte de la memoria colectiva y se aglutinan unidos en este último.
“Simbólico”, por estar cargado de símbolos y objetos que sirvieron para emitir deseos delante de una audiencia masiva y hoy se unen para simbolizar el ensamblaje de una mochila vital que podría ser la de cualquiera de nosotros.
Y, muy importante, “kitsch”, porque estamos viviendo la era de la cultura del exceso y Lipovetski este año me ha inspirado muchísimo. De hecho, Cristina Pedroche también leyó el libro que ha publicado en 2025 con Jean Serroy y que tanto explica de toda la acción de las campanadas de este año y de los 12: “La nueva era del kitsch. Ensayo sobre la civilización del exceso”.
(P): ¿Cuántas horas de trabajo hay detrás del traje de este año?
(R): Uf, muchas horas y en muy poco tiempo, además. Han sido muy intensas las últimas 5 semanas. Enfrentarse a un histórico tan potente y lleno de matices, contrastes y elementos que forman ya parte de la memoria colectiva ha sido muy complicado. Por no hablar de ecualizar pesos y potencia visual de los mismos... Yo creo que, un año más, lo hemos conseguido y, sobre todo, cuando veo a Cristina tan contenta, veo que todo este lío ha vuelto a merecer la pena.
No somos amigos de tomar cañitas. (...) Esta historia es la de un éxito muy divertido para ambos
(P): ¿Qué balance haces de estos 11 años de trabajo en las Campanadas? Anteriormente has comentado que los primeros años fueron difíciles.
(R): Muy positivo, me ha dado mucha diversión y sobre todo muchísima fama que he sabido llevar a buen puerto. También si esto acaba tengo una piña de personas muy valiosas y únicas: Cristina, María, Oscar, Carol e incluso Dabiz. Gente de lo mejor que hemos compartido más de una década de Nocheviejas y eso une mucho. El anecdotario es digno de recogerse en un libro. ¡Igual me lanzo en 2026!
(P): ¿Cómo ha evolucionado tu relación con Cristina en este tiempo de cara a crear los diseños?
(R): Siempre ha sido y es una relación de admiración y respeto. No somos amigos de tomar cañitas y todo eso que me parece una pérdida de tiempo absoluto. Nosotros nos divertimos de otra forma y es haciendo de este evento lo mejor. Esta historia es la de un éxito muy divertido para ambos y para todo el equipo. Difícil todo, pero muy gratificante.
Todos vamos a una y yo estoy aquí para reclamar mi parte de royalty
(P): En estos trajes, ¿qué porcentaje es idea tuya y qué porcentaje es petición/idea de Cristina?
(R): Eso es como lo de las horas. Es absurdo hablar de estos porcentajes o cuantificar el tiempo que no tiene límite. Cuando yo presento una idea a Cristina y tengo su ‘ok’, el proyecto pasa a ser de los dos al 100%. Y ése es el porcentaje: mutuo. Todos vamos a una y yo estoy aquí para reclamar mi parte de royalty (risas). Me parecería muy cutre.
(P): ¿Sueles estar pendiente de las reacciones que se hacen una vez desvelado el diseño?
(R): ¡No! Eso lo hice en 2014. Las redes sociales están para apagarlas en día 1 de enero. Yo me suelo ir a Lucio a brindar y al Eurobuilding a relajarme en el spa. Paso de lo que digan una vez el vestido se ha descubierto, pero cuento con que las cataratas de amor y odio no cesan hasta San Antón.
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