La política internacional lleva semanas colándose en los platós españoles como si fuera una sección más del corazón: con frases redondas, villanos nítidos y giros de guion pensados para enganchar. Pero a veces el propio relato televisivo se resquebraja por una línea mal colocada -o demasiado reveladora-. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con Ana Rosa Quintana y María Corina Machado: lo que empezó como un discurso de apoyo explícito a la opositora venezolana ha terminado convertido en una polémica por una frase atribuida a la presentadora:

Con todos los exiliados venezolanos con los que hemos hablado… era inviable que María Corina dirigiera el país. 

La frase circula desde hace horas en publicaciones de X, replicada por varias cuentas que comparten el mismo enunciado y lo señalan como una “traición” a la líder opositora. Llega en un momento en el que Quintana había vuelto a poner a Venezuela en el centro de su editorial y había insistido en el reconocimiento público a Machado.

El editorial: Venezuela como munición doméstica

El 7 de enero de 2026, Ana Rosa regresó a El Programa de Ana Rosa tras el parón navideño con un editorial centrado en Venezuela, en el que mezcló denuncias sobre represión y cifras de exilio con dardos directos al Gobierno de Pedro Sánchez. En esa intervención, criticó que el Ejecutivo “no puede ser más ambiguo” con el chavismo y llegó a reprochar que “tampoco” se hubiera felicitado a María Corina Machado por el Nobel de la Paz

El enfoque no era nuevo, pero sí especialmente explícito: Venezuela como espejo para repartir culpas en la política española. Se recogió ese tono de “pataleta” contra Sánchez, subrayando cómo el monólogo terminaba desplazando el foco desde la situación venezolana hacia el ajuste de cuentas interno e insistiendo en la crítica de Quintana a Sánchez por no llamar “dictador” al Ejecutivo venezolano. 

Hasta aquí, el guion era reconocible: la presentadora se erige en altavoz de la oposición venezolana, sitúa a Machado como referencia moral y usa esa bandera para golpear al Gobierno español.

Ese mismo día, Telecinco publicó otra pieza vinculada al programa: una entrevista con Pedro Rojas, presentado como expreso político venezolano. En ella, Rojas abordaba un punto clave para entender por qué el debate sobre “quién dirige” y “desde dónde” no es menor: según explicó, muchos líderes opositores no estarían dentro del país, y el poder real lo seguirían marcando quienes controlan “las armas y el control de la violencia”. 

¿Por qué suena a “traición”?

El motivo por el que esa cita ha encendido a tanta gente no es solo lo que dice, sino lo que implica. “Era inviable” no es una crítica puntual ni una discrepancia estratégica: es un portazo.

En otras palabras, la frase se vende como conclusión compartida y casi definitiva. Para quienes han seguido el tratamiento mediático de la oposición venezolana en España, el efecto es devastador: convierte a la líder opositora en una figura útil para el relato… pero prescindible cuando el relato necesita justificar otro marco. Si algo demuestra es que el “personaje” María Corina puede ser presentado como símbolo de libertad un día y como opción “inviable” al siguiente.

Se habla abiertamente de “transición” con actores del propio régimen “al frente”, mientras se subraya la ausencia de líderes opositores dentro del país. Ese encaje -transición desde el régimen, oposición fuera, liderazgo moral desde el exilio- es, de por sí, un campo minado. 

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