¿A que te ha pasado siempre lo mismo que a mí? Estás viendo Star Trek, Scotty pulsa un botón, un cuerpo se disuelve en un haz de partículas brillantes y, segundos después, reaparece en otro lugar. Yo flipaba cuando era pequeño y, ahora, porque lo tenemos más normalizado, pero no deja de ser un sueño que todos queremos que se haga realidad.

Lo curioso es que existe, desde hace más de 30 años, una disciplina científica real que se llama teletransportación cuántica y que persigue —con matices muy importantes— la idea de mover información -no personas, claro- de un lugar a otro, sin que recorra físicamente la distancia entre ambos puntos.

Nuestros resultados demuestran que los fotones pueden sobrevivir al viaje y seguir entrelazados

El pasado 22 de julio, un equipo de la Universidad Northwestern, en Illinois, anunció un avance en ese terreno que resuelve el problema de la pérdida de datos. Hasta ahora, la información cuántica era tan frágil, que cualquier intento de enviarla por los mismos cables de fibra óptica que ya usa internet corría el riesgo de perderse entre el ruido del tráfico normal de datos. El nuevo experimento demuestra que ya no tiene por qué ser así.

Qué significa "teletransportar" y qué no

Lo primero es no liarnos y entender bien de qué se trata. La teletransportación cuántica no traslada materia ni personas de un sitio a otro. Lo que hace es transferir el estado de una partícula cuántica —normalmente un fotón— a otra situada en un lugar distinto, mediante un fenómeno llamado entrelazamiento cuántico. Cuando dos partículas están entrelazadas, el estado de una queda inseparablemente ligado al de la otra, sin importar la distancia que las separe. En lugar de viajar para entregar información, las partículas entrelazadas permiten intercambiar esa información sin que recorra físicamente el trayecto.

Es una tecnología real desde hace más de tres décadas. El concepto lo formularon en 1993 el físico Charles Bennett y varios colegas y se ha demostrado ya en laboratorios de todo el mundo, con récords de distancia que incluyen experimentos entre satélites y estaciones terrestres separadas por más de mil kilómetros. Lo que faltaba era demostrar que funciona en las condiciones reales y sucias del mundo cotidiano, en un cable de fibra óptica ya ocupado, a tope de capacidad, con tráfico comercial de internet circulando por él al mismo tiempo.

Un fotón viajando entre elefantes

El experimento, publicado en la revista científica Optica Quantum, consistió en generar pares de fotones entrelazados en un laboratorio del campus de Evanston de Northwestern. Uno de cada par se quedaba en el laboratorio; su pareja viajaba 24,4 kilómetros a través de fibra óptica instalada ya en uso hasta una instalación de telecomunicaciones en el centro de Chicago. Ese mismo cable transportaba, simultáneamente, dos canales de datos de 800 gigabits por segundo cada uno; y replicaba las condiciones de un enlace comercial a plena carga. En total, el cable llevaba suficiente potencia como para transmitir hasta 36 terabits de datos convencionales por segundo, el equivalente aproximado a 20 millones de vídeos de YouTube reproduciéndose a la vez por una sola fibra.

Prem Kumar, profesor de ingeniería eléctrica y de computación en la Escuela de Ingeniería McCormick de Northwestern y autor principal del estudio, describió la escala del desafío con una imagen sencilla: las señales cuánticas son diminutas comparadas con las señales clásicas, "como una hormiga viajando por un camino lleno de elefantes". Pese a esa disparidad, los fotones cuánticos sobrevivieron al trayecto y conservaron el entrelazamiento con una fidelidad superior al 94%, un nivel de precisión que ningún sistema de comunicación clásico podría replicar.

Un carril libre en una autopista saturada

La solución técnica que hizo posible el experimento no fue inventar una física nueva, sino algo más parecido a encontrar un carril libre en una autopista saturada. En un estudio anterior, publicado en 2024, el propio equipo de Kumar ya había descubierto que era posible desplazar los fotones cuánticos hacia una franja del espectro óptico menos concurrida —la llamada banda O—, mientras las comunicaciones convencionales seguían circulando por la banda C, en la que operan habitualmente los sistemas comerciales. Aquella primera demostración, sin embargo, se hizo en un cable de laboratorio de 30 kilómetros, no en una infraestructura real que conecta dos puntos de una ciudad.

El experimento de julio de 2026 ha sido el salto del laboratorio al mundo real. Como el ensayo se realizaba entre dos ubicaciones separadas físicamente —Evanston y Chicago—, el equipo tuvo que sincronizar ambos extremos de la red con una precisión de billonésimas de segundo, gracias a un sistema de sincronización óptica llamado White Rabbit, desarrollado originalmente en el CERN. Esa sincronización extrema es la que permitió identificar en tiempo real qué fotones formaban parejas entrelazadas, en medio de un tráfico de datos constante y a máxima potencia.

Lo que todavía falta antes de hablar de un "internet cuántico"

Kumar explica lo que este experimento demuestra y lo que todavía no. Hay dos pasos bien diferenciados dentro de la teletransportación cuántica. Primero, hay que distribuir el entrelazamiento entre dos puntos distantes y solo después se puede aprovechar ese entrelazamiento para transferir información. "Hemos cruzado un puente importante y hemos demostrado que podemos distribuir el entrelazamiento", señaló. Aunque matizó que cada paso siguiente es más complicado que el anterior. El experimento de julio resuelve el primero de esos dos pasos sobre una infraestructura real; el siguiente objetivo declarado del equipo es realizar la teletransportación completa —la transferencia de información propiamente dicha— entre nodos remotos de una red de telecomunicaciones comercial real, no solo distribuir el entrelazamiento.

Es decir: todavía no existe un "internet cuántico" que funcione sobre la red de fibra que llega a las casas. Lo que existe, desde este verano, es la prueba de que la fragilidad de la información cuántica y la brutalidad del tráfico de internet actual pueden convivir dentro del mismo cable sin destruirse mutuamente, algo que hace apenas un par de años buena parte de la comunidad científica consideraba, según reconoce el propio Kumar, poco menos que imposible.

De la ciencia ficción a una fibra óptica de Illinois

O sea, que estamos a años luz (perdón por el chiste fácil) de la escena del transportador de Star Trek. De momento -y quizá nunca-, nadie va a disolverse en un haz de luz para reaparecer en otro lugar; y la teletransportación cuántica seguirá limitada, durante mucho tiempo, a mover información entre partículas subatómicas, no personas ni objetos. Pero la ambición de fondo —enviar algo de un punto a otro sin que recorra físicamente la distancia— es la misma que llevó a Gene Roddenberry a inventar el transportador en 1966, entre otras razones porque su serie no tenía presupuesto para rodar aterrizajes de naves espaciales cada semana.

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