Hoy se celebramos el día del Padre, una fecha asociada a tradiciones familiares que, sin embargo, convive cada vez más con una realidad distinta: la paternidad ha cambiado profundamente en apenas una generación. No tanto por los valores o los vínculos, sino por el entorno en el que crecen los hijos. Por primera vez, muchos padres están educando en un mundo digital que no existía cuando ellos eran niños, ni nosotros…

La paternidad ha cambiado profundamente en apenas una generación

Hace no tanto, la infancia pasaba por sitios muy concretos: el colegio, el parque, la televisión del salón, y si tenias suerte tenias una en tu cuarto. Hoy eso sigue ahí, pero se ha añadido otro espacio igual de importante, o más: el móvil, o mejor dicho el entorno digital. Redes sociales, videojuegos online o aplicaciones forman parte del día a día de muchos niños y adolescentes.

En España, además, ese acceso llega cada vez antes. Muchos menores tienen su primer smartphone en torno a los 10 u 11 años y empiezan a usar redes sociales antes de lo que recomiendan las propias plataformas, y la ley. Para los padres, eso cambia las reglas del juego: educar ya no es solo lo que pasa dentro y fuera de casa, también es lo que ocurre dentro de una pantalla.

Los padres actuales no crecieron con redes sociales ni con un entorno digital

Padres que aprenden sobre la marcha

Ahí aparece uno de los cambios más claros. Los padres actuales no crecieron con redes sociales ni con un entorno digital tan presente como el de ahora. Sus hijos sí.

Pero la diferencia no es solo tecnológica. También ha cambiado la forma de educar. Antes, bastaba muchas veces con marcar límites claros y poco más. Hoy, en muchos casos, todo pasa por explicar: por dialogar, entender qué sienten, poner límites desde el acuerdo y preocuparse por su estabilidad emocional, no solo por la física.

Es un avance, pero también exige más esfuerzo. Educar ya no es solo decir lo que se puede o no se puede hacer, sino acompañar y entender contextos que no siempre resultan evidentes.

Educar también es decidir sobre pantallas

En este contexto, educar incluye cosas que antes ni se planteaban. ¿Cuándo dar el primer móvil? ¿Cuánto tiempo puede pasar delante de una pantalla? ¿Puede usar redes sociales? ¿Con quién habla o qué contenido ve?¿Qué publican?

Son decisiones que hace unos años no existían y que ahora forman parte de la rutina de muchas familias. A eso se suman conceptos que han entrado en la conversación casi sin darse cuenta: privacidad, datos personales, comentarios, cuentas públicas o privadas.

También el debate ha llegado a las instituciones. En España, el Gobierno ha planteado medidas para reforzar la protección de los menores en entornos digitales, como elevar a 16 años la edad de consentimiento para el uso de datos personales en servicios online. No supone prohibir las redes sociales, pero sí refleja que la preocupación es cada vez mayor.

Cuando los hijos saben más que los padres

Otro cambio importante tiene que ver con el aprendizaje. Durante mucho tiempo, los adultos enseñaban y los niños aprendían. En tecnología, eso ya no siempre es así.

Hoy es habitual que un niño explique a su padre cómo funciona una aplicación o que le enseñe a usar una herramienta digital. Pasa con redes sociales, pero también con videojuegos, compras online o incluso con plataformas educativas.

La diferencia no está solo en el uso, sino en la rapidez. Los adolescentes, y preadolescentes, se adaptan casi sin esfuerzo a entornos nuevos, mientras que los adultos necesitan entenderlos primero. Eso cambia también la relación: ya no se trata solo de enseñar, sino de ir por detrás en algunos aspectos.

En la práctica, esto se traduce en situaciones muy concretas. Padres que tienen que preguntar cómo funciona una aplicación que usan sus hijos a diario, o que toman decisiones, como permitir o no una red social, sin conocer del todo cómo funciona por dentro.

De controlar a acompañar

Todo esto está cambiando; también el papel de los padres. Durante años, la idea era controlar: poner límites, decidir horarios, marcar normas claras.

Eso sigue siendo importante, pero cada vez se habla más de acompañar. No se trata solo de cuánto tiempo pasan los hijos con el móvil, sino de qué hacen en él.

Por eso han empezado a aparecer también más herramientas pensadas para ese acompañamiento. Algunas plataformas incluyen ya controles familiares que permiten ver el tiempo de uso o limitar ciertas funciones, y también se han desarrollado guías dirigidas a padres, como la de TikTok elaborada junto a PantallasAmigas, que explican de forma práctica cómo funcionan estas aplicaciones.

Entender qué ven, con quién interactúan o cómo se relacionan en esas plataformas se ha convertido en una parte más de la educación. Y no siempre es fácil, porque las aplicaciones cambian, aparecen nuevas funciones y las tendencias van muy rápido.

En ese contexto, el día del Padre también sirve para mirar ese cambio con otra perspectiva. Porque, más allá de la tecnología, lo que sigue marcando la diferencia no es saber más que los hijos, sino estar ahí mientras aprenden.

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