La inteligencia artificial (IA) aplicada a la salud suele generar titulares grandilocuentes, pero algunos de sus usos más interesantes no están en sustituir al médico, sino en ayudarlo a ver lo que hoy puede pasar inadvertido. Esa es la lógica con la que trabaja Aitheroscope.

He hablado con su CEO y fundador, Jesús Prada, para que me cuente cómo han desarrollado una herramienta para analizar imágenes del fondo del ojo y detectar riesgo de aterosclerosis subclínica.

El equipo fundador de Aitheroscope

Aitheroscope analiza imágenes del fondo del ojo para detectar placas de colesterol en las arterias

Además, este proyecto es el último finalista de la novena edición de los premios a la Innovación Social de la Fundación Mapfre, junto a los que ya te he presentado estos días: Livox, MindMuscle y Duppla.

IA para prevenir

Según explica Prada, “es una solución basada en IA que permite la detección automática de aterosclerosis subclínica, es decir, placas de colesterol en las arterias que todavía no muestran síntomas”. La idea es sencilla de explicar, aunque compleja de llevar al sistema sanitario: utilizar una retinografía (una imagen de la retina), para encontrar patrones asociados a riesgo cardiovascular.

“Cualquiera que haya visitado al oftalmólogo habrá hecho una prueba parecida”, señala. En concreto, la herramienta utiliza retinografías no midriáticas, aquellas que no requieren dilatación previa de la pupila. Esto permite pensar en una prueba sencilla, no invasiva y potencialmente escalable en atención primaria.

La clave, según Prada, está en que “la literatura médica indica que hay correlación entre patrones de la microvasculatura de la retina y la presencia de aterosclerosis”. A partir de ahí, Aitheroscope aplica modelos de IA capaces de analizar esas imágenes y devolver “un riesgo de aterosclerosis personalizado para cada paciente”.

Aterosclerosis subclínica: el riesgo cardiovascular que no siempre se ve

El interés de esta startup por la aterosclerosis subclínica nace de un problema de salud pública: muchas personas pueden tener placas en las arterias sin síntomas y sin que las herramientas actuales las identifiquen como pacientes de riesgo.

Prada subraya que es más frecuente de lo que se pensaba en población relativamente joven: “Los últimos estudios indican que hay una prevalencia de hasta el 60% de esta patología entre los 35 y los 55 años”, afirma. El dato es relevante porque, añade, la aterosclerosis “es la causa principal de enfermedad cardiovascular y de eventos como infartos o ictus”.

El problema, según explica, las herramientas que se utilizan actualmente pueden dejar fuera a una parte significativa de ese segmento de población: “Se ha observado que el 58% de estos pacientes son considerados por las calculadoras de riesgo actuales como de bajo riesgo, lo que provoca que no se evalúen y permanezcan sin diagnosticar”, sostiene.

Prada resume el impacto potencial con una cifra contundente: “Si combinamos 60% de prevalencia con un 58% de pacientes no diagnosticados, tenemos que un 35% de la población entre 35 y 55 años tendría aterosclerosis no diagnosticada y no estaría controlada por el sistema sanitario a pesar de estar en riesgo”.

La propuesta de Aitheroscope es no tratar el evento cardiovascular cuando ya ha ocurrido, sino adelantar la detección. “Sacar esta patología de aterosclerosis subclínica que ahora mismo está oculta”, dice Prada.

Retinografía e IA en atención primaria

Uno de los elementos que hacen especialmente interesante el enfoque de Aitheroscope es que no exige una tecnología inaccesible: “Cualquier retinógrafo del mercado es suficiente para el tipo de imagen que necesitamos”, aclara Prada.

Eso facilita su posible integración en el sistema sanitario, porque “gran parte de los centros de atención primaria ya disponen de retinógrafos”. Y cita el caso de la Comunidad de Madrid, en la que se realizó un proyecto de inversión para equipar con estos dispositivos a los centros de primaria. Además, añade que no son aparatos especialmente caros dentro del contexto sanitario: “Hay equipos disponibles en el mercado” en el entorno de los “3.000 o 6.000 euros”.

La prueba, según explica, podría ser realizada por “médicos de familia, enfermeros o enfermeras o incluso personal técnico auxiliar, con unas pocas horas de entrenamiento”.

La dificultad no está en capturar la retinografía, sino en interpretarla. “A día de hoy el médico de familia puede tomar la imagen, pero no tiene el conocimiento para evaluar esos patrones de la microvasculatura de la retina”, explica Prada. La herramienta de Aitheroscope cuenta con modelos de IA que “analizan automáticamente estas imágenes” y  devuelven una estimación personalizada de riesgo.

Un proyecto nacido entre cardiólogos, internistas y emprendedores

Aitheroscope no surge de una ocurrencia tecnológica, sino de la convergencia entre necesidad clínica y posibilidad técnica. Prada identifica dos influencias principales. La primera, dentro de la propia empresa: Carolina Espejo, socia cofundadora y cardióloga intervencionista, insistía en que existían “altos niveles de infradiagnóstico de riesgo cardiovascular no detectado”.

Además, Prada señala un aspecto especialmente importante: “El infradiagnóstico es mucho más prevalente en mujeres, que es algo que también está muy estudiado”. Para él, los modelos de IA pueden ayudar a “sacar todo este riesgo cardiovascular a la luz”.

La segunda influencia llegó del doctor Juan Torres Macho, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Infanta Leonor. Según cuenta Prada, fue él quien planteó utilizar “la retina como puerta de entrada” a la evaluación del riesgo cardiovascular, a partir de estudios que apuntaban a esa correlación entre retina y aterosclerosis.

“La unión de estas dos ideas, saber que sacar a la luz de manera más precoz aterosclerosis o riesgo cardiovascular era algo importante y el cómo hacerlo, que nos vino a través del doctor Juan Torres Macho, se acabó uniendo en este proyecto”, resume.

El desarrollo se ha realizado en colaboración con la Fundación de Investigación del Hospital Infanta Leonor y del Sureste. Prada destaca que esta colaboración ha sido fundamental porque proporcionó “la cohorte de pacientes de más de mil pacientes con los que se ha validado la eficacia de esta herramienta”.

Del estudio científico al producto sanitario

En salud digital, una cosa es demostrar que una tecnología funciona en un entorno de investigación y otra muy distinta convertirla en un producto que pueda utilizarse en un centro sanitario. Prada lo explica con claridad: “Mucha gente cree que lo difícil es desarrollar la tecnología y obviamente eso tiene un valor y es complicado. Pero de tener la tecnología ohaber hecho una validación en una publicación, a tener un producto en el mercado es un paso de gigante”.

Ese salto incluye la parte comercial, pero no solo: “Estamos hablando de un sector con unas barreras de entrada muy grandes”, afirma. “Tienes que hablar con muchos interlocutores, los ciclos de venta son largos, también hay una cierta resistencia cultural y también ética y regulatoria”.

El CEO de Aitheroscope reconoce que, incluso con experiencia previa en salud y emprendimiento, llegó a infravalorar esa distancia entre proyecto y producto. Para una startup pequeña, la exigencia puede ser especialmente dura. “El proceso es quizá demasiado exigente en términos de tiempos y de costes”, admite.

Prada no plantea la regulación como un obstáculo absurdo. Al contrario, defiende su filosofía. “En Europa se sigue una visión muy garantista de cara al usuario, en este caso al paciente”, señala. “Estar bastante de acuerdo con esa filosofía nos ha permitido también hacer el esfuerzo”. Sin embargo, cree que la aplicación práctica todavía tiene margen de mejora, especialmente para no frenar innovaciones clínicas con potencial.

De hecho, advierte de una consecuencia: muchos emprendedores sanitarios prefieren evitar el área clínica y centrarse en automatización u optimización administrativa. “Cuando ven este panorama o se van a otro sector o lo que hacen es intentar esquivar la regulación”, afirma. En su opinión, eso puede estar frenando “innovación que podría ser muy potente”.

IA en salud: mejor un médico con una herramienta que sin ella

La conversación con Prada deriva inevitablemente hacia el papel de la IA en la medicina. Su visión huye de la comparación simplista entre médicos y máquinas. “Tenemos que intentar huir de esta dicotomía de si es mejor un médico o una IA, porque no estamos ahí”, afirma.

Para él, “el debate debería ser un médico sin ordenador, por así decirlo, o un médico con un ordenador, con una herramienta que le apoye”. Y en ese escenario, sostiene, la IA puede aportar valor en tres grandes áreas: diagnóstico por imagen, medicina personalizada y monitorización remota de pacientes crónicos.

Su visión conecta directamente con la prevención. “El sistema sanitario se ha enfocado mucho y ha tenido gran éxito en que vivamos más”, reflexiona. “Pero creo que también estas tecnologías nos van a permitir no solo vivir más, sino vivir mejor”. La clave, añade, está en evitar que algunos pacientes lleguen a cronificarse porque la patología se detecte antes.

De España a Latinoamérica y Europa

El primer foco de la compañía está en España. Aitheroscope trabaja para aumentar la penetración en el mercado y lograr que pueda convertirse en una herramienta estándar en centros de atención primaria. Prada señala que el modelo inicial pasa por acuerdos con instituciones sanitarias, mediante licencias anuales o plurianuales integradas en los sistemas de información del centro. Para centros más pequeños, contemplan también fórmulas de pago por uso.

El objetivo de 2026 es avanzar hacia acuerdos regionales o autonómicos, empezando por la Comunidad de Madrid. “Permiten una implementación de esta herramienta a nivel regional y que llegue a muchos más ciudadanos”, explica.

La compañía también mira fuera. “Ya tenemos un acuerdo para la comercialización en dos países de Latinoamérica”, señala Prada. A medio plazo, Europa aparece como un mercado natural, especialmente porque, una vez superadas las barreras regulatorias, la comercialización puede extenderse a otros países europeos.

Además, aunque hoy el foco está en la aterosclerosis subclínica, pero el modelo puede aplicarse a otras dolencias: “Ya existen estudios que apuntan a que la retina puede ser puerta de entrada también al análisis de otras patologías, como pueden ser problemas cerebrovasculares o enfermedad renal crónica”, apunta. Lo plantea como una línea a largo plazo, todavía en observación, pero coherente con la lógica de la compañía: convertir una prueba sencilla en una fuente de información clínica útil.

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