Durante años, el debate sobre innovación en España giraba en torno a una misma idea: invertimos poco en I+D. Hoy, tras la inyección masiva de fondos europeos y el impulso de los PERTE, la conversación empieza a cambiar. La pregunta ya no es solo cuánto se invierte, sino qué impacto real genera esa inversión.

El gran reto ahora es ejecutar mejor

Ese es el diagnóstico que plantea Erik Zabala, CEO de Zabala Innovation, tras la presentación del Radar Zabala Innovation 2026, un informe elaborado junto a Deusto Business School que analiza la evolución de la innovación en España y Europa a partir de más de 79 bases de datos públicas nacionales y europeas.

“El gran reto ahora es ejecutar mejor. No basta con aumentar el presupuesto; hay que transformar esa inversión en productividad, en industria y en tecnología propia”, señala Zabala.

El salto entre investigación y mercado sigue siendo el punto crítico

Más datos, menos intuiciones

El informe cruza indicadores del INE, del European Innovation Scoreboard, de la Base Nacional de Subvenciones y de programas europeos como Horizonte Europa. El objetivo: observar patrones, no impresiones.

Una de las conclusiones más claras es la correlación entre mayor inversión en I+D y mejores ratios de productividad en los territorios. Sin embargo, el salto entre investigación y mercado sigue siendo el punto crítico.

“Es fundamental que el conocimiento generado en universidades y centros tecnológicos llegue a las empresas”, explica Zabala. “Si no se traduce en nuevos productos, en patentes o en posicionamiento industrial, el impacto es limitado”.

En un contexto geopolítico marcado por la competencia tecnológica con Estados Unidos y China, la diferenciación ya no es una opción estratégica, sino una necesidad estructural.

La complejidad del ecosistema

El ecosistema es complejo, razona Zabala. “Las administraciones tienen muchísimas herramientas, pero para una empresa es muy difícil identificar cuál encaja mejor con su proyecto”.

En convocatorias europeas, donde la competencia es continental, la tasa media de aprobación ronda el 10%. Zabala Innovation trabaja con una tasa cercana al 40%. En el ámbito nacional, la media de aprobación de la firma se sitúa en torno al 70%, aunque depende de la convocatoria y del volumen de solicitudes.

“El dinero es el que es. Cuanto más atractiva es una convocatoria, más empresas se presentan y mayor es la competencia”, apunta.

Subvenciones que cambian decisiones

Más allá del acompañamiento técnico, Zabala destaca el efecto real de las ayudas públicas en la toma de decisiones empresariales. “Hay proyectos que no se ejecutarían sin subvención”, afirma. Especialmente en sectores como el hidrógeno, la descarbonización industrial o la transición energética, donde las inversiones son millonarias y el riesgo tecnológico elevado.

En otros casos, la ayuda acelera procesos: más contratación de personal cualificado, reducción de plazos o ampliación del alcance del proyecto. El impulso del Plan de Recuperación ha sido clave en este sentido. Sin embargo, el programa Next Generation finaliza en 2026, lo que abre interrogantes sobre el futuro.

¿Y después de los fondos europeos?

Zabala lanza un mensaje de continuidad. “El próximo marco financiero europeo 2028-2034 contará con más presupuesto que el actual. Va a haber oportunidades”. Pero advierte: el desafío no es únicamente financiero. “Tenemos que remar juntos, sector público y privado. La I+D no puede verse solo como acceso a financiación, sino como estrategia empresarial”.

El Radar 2026 deja una idea central: España ha mejorado en volumen de inversión, pero el salto definitivo depende de la capacidad de ejecución y de transferencia al mercado. “La innovación no puede quedarse en una memoria técnica. Tiene que llegar al mercado y generar competitividad”, concluye Zabala. “Ese es el verdadero cambio de paradigma”.

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