Cada 20 de febrero, Naciones Unidas celebra el día mundial de la Justicia Social con un mensaje claro: no puede haber paz duradera ni desarrollo sostenible sin equidad, empleo digno y protección social. Mañana, la conmemoración llega marcada por un diagnóstico contundente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en su informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo 2026 alerta de que la economía global avanza, pero no lo suficiente para garantizar trabajo decente y cohesión social.

No puede haber paz duradera ni desarrollo sostenible sin equidad, empleo digno y protección social

La justicia social, recuerda la ONU, es “un principio subyacente para la convivencia pacífica y próspera, dentro y entre las naciones”. Sin embargo, los datos de la OIT evidencian que millones de personas siguen atrapadas en la informalidad, el subempleo o la precariedad. El crecimiento económico, advierte el organismo, no está generando empleos de calidad al ritmo necesario.

La aparente mejora oculta profundas brechas estructurales

Estabilización aparente

El informe señala que el mercado laboral mundial muestra signos de estabilización tras años de crisis encadenadas —pandemia, tensiones geopolíticas, inflación—, pero esa aparente mejora oculta profundas brechas estructurales. “La recuperación sigue siendo desigual y frágil”, subraya la OIT en su análisis.

El empleo crece en algunas regiones, pero se desacelera en otras, y la productividad no avanza con la intensidad requerida para sostener aumentos salariales reales.

Uno de los ejes centrales del documento es la persistencia del déficit de trabajo digno. No se trata solo de crear empleo, sino de garantizar condiciones mínimas, protección social y derechos laborales eficaces. Según la OIT, amplias capas de la población trabajadora continúan en situación de vulnerabilidad, con ingresos insuficientes y escasa cobertura frente a riesgos como enfermedad, desempleo o vejez.

Desigualdad como obstáculo estructural

La desigualdad, tanto dentro de los países como entre ellos, se mantiene como un obstáculo estructural. El informe destaca que las economías de renta baja y media afrontan mayores dificultades para generar empleo formal y de calidad, lo que amplía la brecha con las economías avanzadas. Además, el impacto de la inflación en los últimos años ha erosionado el poder adquisitivo de millones de hogares, lo que ha intensificado las tensiones sociales.

En este contexto, la OIT insiste en que el crecimiento económico por sí solo no garantiza justicia social. “Es necesario reforzar las políticas activas de empleo y los sistemas de protección social”, apunta el informe.

Palancas

La inversión en formación, transición digital y economía verde aparece como una de las grandes palancas para crear nuevas oportunidades laborales sostenibles.

La transición ecológica y tecnológica, de hecho, ocupa un lugar destacado en el análisis. El cambio hacia modelos productivos más sostenibles puede generar empleo, pero también destruirlo en sectores tradicionales si no se gestiona adecuadamente. La OIT advierte de que una transición mal planificada puede agudizar las desigualdades, mientras que una transición justa —con diálogo social, recualificación profesional y protección de ingresos— puede convertirse en motor de cohesión.

Brecha de género

El día mundial de la Justicia Social cobra así un significado especial. Naciones Unidas subraya que la justicia social implica “promover la igualdad de género, el acceso al empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”. El informe de la OIT refuerza esa idea al evidenciar que las mujeres, los jóvenes y los trabajadores migrantes siguen enfrentando mayores tasas de desempleo y precariedad.

La brecha de género en el mercado laboral persiste en múltiples dimensiones: menor participación, mayor informalidad y diferencias salariales. En el caso de los jóvenes, el desempleo y la inactividad continúan siendo significativamente más elevados que en la población adulta, lo que compromete su autonomía económica y sus perspectivas de futuro. Sin políticas específicas, advierte la OIT, el riesgo es consolidar una “generación perdida” en términos de oportunidades laborales.

Trabajo ilegal

Otro de los elementos clave es la informalidad. Millones de trabajadores en todo el mundo desempeñan su actividad fuera de los marcos legales y sin acceso a derechos básicos. Esta realidad no solo limita su bienestar individual, sino que reduce la capacidad de los Estados para financiar servicios públicos y sistemas de protección social. La formalización del empleo, señala la OIT, es esencial para avanzar hacia una mayor justicia social.

El informe también pone el foco en la productividad. Sin mejoras sostenidas en este ámbito, resulta difícil aumentar salarios reales y financiar políticas sociales ambiciosas. La OIT advierte de que la desaceleración de la productividad en varias economías constituye un freno estructural para el progreso social.

Invertir en innovación, educación y capacidades digitales se presenta como condición imprescindible para romper ese círculo.

Diálogo social

En paralelo, el organismo insiste en la importancia del diálogo social. Gobiernos, empleadores y trabajadores deben colaborar para diseñar respuestas equilibradas a los desafíos actuales. La negociación colectiva y la participación de los interlocutores sociales son herramientas fundamentales para distribuir de forma más equitativa los frutos del crecimiento y prevenir conflictos.

En el plano macroeconómico, la OIT advierte de que las políticas de consolidación fiscal demasiado restrictivas pueden tener efectos adversos sobre el empleo y la protección social. El reto consiste en equilibrar estabilidad financiera y sostenibilidad social, para evitar que los ajustes recaigan desproporcionadamente sobre los colectivos más vulnerables.

Mensajes

El mensaje que deja el informe en este día mundial de la Justicia Social es claro: la recuperación económica global no puede medirse únicamente en términos de PIB. La verdadera vara de medir es la calidad del empleo, la reducción de la desigualdad y la garantía de derechos laborales universales. Sin estos elementos, el crecimiento corre el riesgo de convertirse en una estadística vacía.

En un mundo marcado por la incertidumbre geopolítica y las transformaciones tecnológicas aceleradas, el empleo digno se erige como el principal antídoto contra la fractura social. El día mundial de la Justicia Social invita a gobiernos, empresas y ciudadanía a mirar más allá de los indicadores macroeconómicos y situar a las personas en el centro. Porque, como subraya la OIT, “el trabajo decente es la base de una justicia social duradera”. Y sin justicia social, el desarrollo sostenible seguirá siendo una promesa incumplida.

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