Todo el día escuchamos hablar de calentamiento global. De temperaturas récord, de olas de calor, de mares cada vez más cálidos. Y de repente, en las redes sociales, aparece un titular que parece sacado de ciencia ficción: Europa se puede enfriar... ¿cómo es posible?
Europa se puede enfriar... ¿cómo es posible?
La respuesta tiene nombre propio: la AMOC, la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico. Una especie de cinta transportadora oceánica que desplaza el calor desde el hemisferio sur hacia el norte y cuyo debilitamiento empieza a preocupar seriamente a algunos científicos.
He hablado con Samuel Biener, climatólogo de Meteored, para que me lo explique bien y que no nos quede ninguna duda, aunque ya advierte que “es un tema muy complejo y no todos los climatólogos se ponen de acuerdo. No hay unanimidad”.
En los últimos años se está detectando una mancha de agua anormalmente fría
La mancha fría
"Lo que se está detectando en los últimos años es la presencia de una mancha de agua anormalmente fría, que resulta bastante llamativa, teniendo en cuenta que en el resto del planeta las aguas de mares y océanos se han calentado de forma evidente desde la época industrial", dice Biener.
Esta mancha se sitúa al sur de Groenlandia, en el Atlántico Norte, y los científicos llevan años siguiéndola de cerca. Desde finales del siglo XIX, la temperatura del agua en esa zona ha bajado en torno a un grado. Un descenso que puede parecer modesto, pero que, en el contexto de un planeta que no para de calentarse, resulta una anomalía que no pasa inadvertida.
Hielo derretido
La explicación más aceptada en la comunidad científica apunta directamente al calentamiento global como desencadenante. "La fusión tan acelerada de hielo en Groenlandia, a consecuencia del calentamiento global, es lo que está provocando una desaceleración de la AMOC", explica Biener.
El mecanismo es un efecto en cadena: el deshielo vierte agua dulce en el Atlántico Norte, lo que reduce la salinidad de la capa superior del océano. "Si el agua superficial del Atlántico Norte se vuelve menos salada, no es lo suficientemente densa para hundirse e impulsar la AMOC". En otras palabras, el motor que mueve esa cinta transportadora oceánica se ralentiza.
El escenario extremo: ¿qué pasaría si la AMOC colapsara?
Antes de entrar en los efectos posibles, Biener pone las cosas en su sitio: "Hay grandes discrepancias en el mundo científico. La mayoría de los climatólogos pensamos que sí, que efectivamente se está debilitando, pero ya entramos en especulaciones cuando hablamos de un colapso".
Es importante subrayar que, si ese colapso llegara a producirse, sería a finales de este siglo y no estaríamos ante nada parecido a lo que muestra el cine de catástrofes. "No sería algo brusco, como vemos en la película El día de mañana. Este proceso, este colapso, al menos duraría un siglo", aclara. Tampoco se produciría una glaciación a nivel mundial: "Sería más bien un enfriamiento regional".
El oeste de Europa sería la zona más afectada por proximidad geográfica. Los modelos apuntan a descensos de temperatura media de entre cinco y diez grados en Groenlandia, Escandinavia, Islandia y las Islas Británicas. "Hay escenarios que muestran que el Ártico en invierno podría llegar a ciudades como Ámsterdam o Londres", advierte el climatólogo.
España quedaría en una posición más moderada. "Nosotros estamos en el sur de Europa y los impactos y las temperaturas serían más moderados, con un descenso de la temperatura media estimado entre dos y cuatro grados, más acusado en el norte y en la mitad occidental peninsular, por cercanía a lo que sucedería en el Atlántico Norte". Las comunidades mediterráneas y el sur, añade, "lo notarían menos".
"Con un desplazamiento al sur del chorro polar, lo que tendríamos en la Península Ibérica, Francia y parte de la cuenca mediterránea serían temporales de lluvia, nieve y viento más frecuentes y más extremos", apunta.
Más lluvia en España, menos en el Caribe
Lo que hace especialmente complejo este fenómeno es que no afectaría solo a las temperaturas, sino a toda la circulación atmosférica del planeta. "Un colapso de la AMOC provocaría una reorganización brutal de la circulación atmosférica a nivel global", resume Biener. El chorro polar se desplazaría hacia el sur y alteraría drásticamente el reparto de borrascas y anticiclones.
La otra cara de la moneda estaría en el hemisferio sur. Al quedar retenido el calor que transporta la AMOC al norte del ecuador, "se produciría un repunte acusado y generalizado de las temperaturas". Además, los efectos sobre las precipitaciones serían drásticos: "Llovería mucho menos en el Caribe", mientras que en Indonesia, Australia y el noreste de Brasil pasaría lo contrario. Y el monzón, advierte, "se debilitaría muchísimo en la India, en China y en el sureste de Asia, reduciendo las precipitaciones de forma drástica en la época húmeda".
Un sistema que se regularía solo… pero con rebote
Biener subraya que el cambio no sería definitivo. "Con el tiempo, por sí solo, el sistema se regularía, volviendo a la normalidad". El problema es lo que vendría después. Debido al calentamiento global acumulado, "en las zonas en las que bajaran las temperaturas se produciría un efecto rebote con un incremento muy importante de las temperaturas en muy poco tiempo".
Por ahora, hay que esperar: "De momento, queda seguir monitorizando la evolución. Si esto al final sigue aumentando a consecuencia del calentamiento global, en un futuro podremos ya tener algo más claro sobre la posible evolución de la AMOC, su debilitamiento y su posible colapso", concluye Biener.
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