El Regate

La vida después de Messi

Ya no quiero que vuelvas. Ni siquiera necesito una última noche que se parezca a las de antes. Me basta con saber que estuve allí mientras ocurría

Lionel "Leo" Messi asiste a su rueda de prensa para hablar sobre su salida del FC Barcelona en el estadio Camp Nou el 8 de agosto de 2021, en Barcelona, ​​España. EP/Archivo.
Lionel "Leo" Messi asiste a su rueda de prensa para hablar sobre su salida del FC Barcelona en el estadio Camp Nou el 8 de agosto de 2021, en Barcelona, ​​España. EP/Archivo.

Hay una cosa que me preocupaba mucho de pequeño y que nunca le conté a nadie: qué iba a hacer cuando tú dejaras de estar. No era exactamente tristeza. Era incapacidad para imaginar una versión de mi vida en la que tú ya no aparecieras. Habías llegado tan pronto que durante años confundí tu presencia con una de esas cosas que vienen de serie con la infancia.

Así que hacía lo que hacen los niños con las preguntas que no saben responder: pensar que todavía quedaba muchísimo. Y quedaba. Quedaban noches en Madrid y Barcelona en las que terminabas haciendo que un estadio entero pareciera demasiado pequeño. Quedaban Londres, Roma y tantas ciudades que acabé recordando menos por lo que había allí que por lo que tú habías hecho. Fuiste llenando mi memoria de lugares en los que muchas veces ni siquiera había estado y que, sin embargo, todavía siento extrañamente míos.

Supongo que eso es lo que tienen los primeros amores. Llegan cuando uno todavía no sabe protegerse. No tienes experiencias anteriores con las que comparar ni heridas que te vuelvan prudente. Simplemente das por hecho que mañana seguirá estando ahí. Hasta que un día deja de estar.

Te fuiste a París y yo hice lo que solemos hacer cuando alguien importante empieza una vida lejos de nosotros: mirar de reojo. Quería que fueras feliz, claro, aunque quizá no demasiado. Hay una mezquindad bastante humana en desearle lo mejor a quien se marcha y esperar, al mismo tiempo, que eche un poco de menos lo que deja atrás.

Durante un tiempo pensé que volverías. También fui lo bastante ingenuo como para creer que regresar a un sitio era regresar en el tiempo. Después entendí que a veces uno no quiere recuperar a una persona. Quiere recuperar quién era cuando estaba con ella. Y ese lugar ya no existía. Tú habías cambiado. Nosotros también.

Luego llegó Miami. Lejos de aquí pareciste encontrar una casa y, con ella, algo parecido a la calma. También los tuyos terminaron por entenderte. Argentina tardó años en dejar de preguntarte por qué no eras otro, en compararte, en exigirte una prueba más. Parecía que nunca bastaba. Hasta que un día dejó de pedirte explicaciones y empezó a mirarte como se mira a las deidades: no esperando que demuestren nada, sino agradeciendo simplemente haber coincidido con ellas. Para entonces, paradójicamente, ya habías demostrado casi todo.

Yo también aprendí. Primero te eché mucho de menos. Después menos. Al principio todavía buscaba noticias tuyas, quería saber si habías jugado bien, si parecías feliz, si quedaba algo de aquella versión que yo recordaba. Luego fui dejando de hacerlo. Hasta que un día me di cuenta de que habían pasado varios sin pensar en ti. Eso fue lo raro. No tu ausencia, sino acostumbrarme a ella. De pequeño imaginaba el día en que dejaras de estar como una especie de catástrofe, un antes y un después imposible de disimular. Resultó ser algo mucho más silencioso: una costumbre que fue ocupando su sitio sin pedir permiso.

Después han venido otros y vendrán más. Volveré a emocionarme, a levantarme del sofá y seguramente a pensar que estoy viendo algo irrepetible. Habrá jugadores que me gusten muchísimo, partidos que me devuelvan por un rato esa sensación y noches que también terminen encontrando un lugar en la memoria. Uno siempre vuelve a querer. Lo que no consigue es volver a querer por primera vez.

Ya no quiero que vuelvas. Ni siquiera necesito una última noche que se parezca a las de antes. Me basta con saber que estuve allí mientras ocurría. Que vi a Messi cuando cada partido podía convertirse en un recuerdo y que tuve la suerte de querer el fútbol justo en los años en los que él decidió hacerlo parecer otra cosa. Al final, quizá despedirse no sea olvidar ni dejar de querer. Quizá sea aceptar que ya no queda nada por pedir y mucho por agradecer.

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Etiquetas Lionel Messi