La Supercopa que conquistó el Real Madrid en Dubai fue el aperitivo de un extenso ágape que sirve su primer plato del menú degustación este viernes. La Euroliga vuelve a la casilla de salida para una nueva temporada y lo hace con una referencia inevitable. Olympiacos defiende el título conquistado en mayo - precisamente ante los blancos -, conservando buena parte de las certezas que lo condujeron hasta él. Giorgos Bartzokas sigue al frente del proyecto de El Pireo, junto a Sasha Vezenkov y Evan Fournier, con Nikola Milutinov como referencia interior. La tripulación helena ha sumado nuevos y mejores remeros este verano. Cambios que, por otro lado, no suponen una ruptura con la identidad de un equipo que le permitió conquistar Europa con hasta dos quintetos de máximo nivel.

Este punto de partida se antoja relevante en una competición en la que varios aspirantes han agitado el avispero de incorporaciones durante el parón estival. Olympiacos cerró la pasada campaña ajusticiando a un mermado pero peleón Real Madrid en la final de Atenas, dando por amortizada la sequía continental que vivía el equipo de El Pireo desde 2013, cuando Vassilis Spanoulis liquidó al equipo blanco, dirigido entonces por Pablo Laso. El título confirmó un proyecto que llevaba años instalado en las últimas rondas y que había rozado el éxito en varias ocasiones antes de alcanzarlo finalmente, polémicas arbitrales mediante.

El verano no ha dejado intacta la rotación del campeón. Thomas Walkup, Moustapha Fall o Alec Peters ya no sirven a las órdenes de Bartzokas. Nombres de lustre que, sin embargo, se han renovado por otros perfiles de no menos relumbrón como el base dominicano Jean Montero, Codi Miller-McIntyre, Mbaye Ndiaye o Tyrique Jones. El técnico ateniense tendrá que hacer algunos retoques en el reparto de minutos, especialmente en el perímetro, pero lo hará dentro de sus parámetros ya embebidos por el grueso de la plantilla y con la tranquilidad de contar con uno de los roster más completos de toda la competición.

Es en la conjunción de estas premisas donde reside una parte de sus principales ventajas de salida. No necesita descubrir qué equipo quiere ser, sino que la construcción ya terminó con la conquista de la Euroliga. Solo necesita ligeras reformas para modernizar las instalaciones. Y es que septiembre es ese mes en el que otros aspirantes todavía están definiendo roles, jerarquías, automatismos… Labores de asunción de conceptos que los chicos de Bartzokas ya hicieron antaño. Una continuidad que les convierte en el punto de referencia y en el rival a batir por el resto de los contendientes.

El Madrid dio un aviso

A diferencia de otros, el presente ejercicio dio el pistoletazo de salida el pasado viernes con la inclusión en el calendario de la Supercopa de la Euroliga. Un torneo que disputaron el propio Olympiacos, el Fenerbahçe de Saras Jasikevicius y el Dubai Basketball de Xavi Pascual, junto al nuevo Real Madrid de Pedro Martínez. A pesar de que el proyecto de los blancos está aprendiendo a gatear todavía, dieron la primera advertencia de que en Europa no vale con tener una plantilla infinitamente mejor y más completa que tus rivales. La sensación de superioridad incontestable no existe y un adversario con libreto y hambre renovadas puede derrumbar los cimientos ya consolidados de un proyecto ganador.

Eso ocurrió en Abu Dabi, con todos los matices que se le pueden poner a un torneo cuasi veraniego. El Real Madrid arrancaba la temporada tras una renovación prácticamente integral. Lo hizo remontando una desventaja de 16 puntos al Dubai en semifinales para colarse en la final y vengarse de la dura derrota de Atenas del mes de mayo. Merengues y helenos volvieron a verse las caras en la final de la Supercopa de la Euroliga, pero los de Pedro Martínez impusieron su ritmo durante el grueso del partido para llevarse el primer título a sus vitrinas por 89-93.

El resultado insufla aire a un proyecto que acaba de nacer, pero no permite extraer conclusiones definitivas. Y menos aún en septiembre. Sí ofrece, sin embargo, la lectura de que, pese a que Olympiacos es la referencia inmediata, no parece un equipo indestructible. Los de El Pireo sangran y así se lo hizo ver al mundo un Real Madrid que se ha lavado la cara y se ha puesto un maquillaje completamente nuevo para afrontar la temporada 26/27. No solo computa el relevo en el banquillo, sino también las incorporaciones de Timothé Luwawu-Cabarrot, Jaime Pradilla, Mikael Jantunen, Nick Smith Jr., Olivier Sarr, Damion Jones o Max Shulga. Nombres que llegan para neutralizar el impacto de las salidas de Mario Hezonja y Trey Lyles, entre otros.

Más allá del trofeo y su connotación histórica, la victoria ante Olympiacos ratifica la constante del Real Madrid como candidato a competir por la Final Four incluso cuando cambia de entrenador, plantilla y contexto económico. No tiene la continuidad de los de Bartzokas, pero el club madrileño tampoco necesita demostrar que pertenece a esa conversación por derecho propio, legado y un trabajo arriesgado de la renovada dirección tras la breve aventura del tándem Sergio Rodríguez-Martynas Pocius.

Panathinaikos y Fenerbahçe mantienen la presión

La terna de candidatables la cierra otro griego y un turco. La gran amenaza para el dominio de Olympiacos vuelve a estar a pocos kilómetros de El Pireo. Panathinaikos ha reunido otra plantilla de enorme profundidad, con Kendrick Nunn, Kostas Sloukas y Jerian Grant, junto a incorporaciones como la del exmadridista Guerschon Yabusele, Isaac Bonga, Sylvain Francisco o Moustapha Fall, que abandonó a Bartzokas para echarse a los brazos de uno de los mejores entrenadores de la historia del baloncesto FIBA.

Zeljko Obradovic vuelve al club del trébol, añadiendo un nuevo elemento al proyecto de los atenienses. El técnico serbio tendrá que ordenar un grupo con mucho talento y un repertorio inacabable de alternativas, pero el objetivo no admite demasiado disimulo. El ‘Pana’ vuelve a estar construido para pelear por la Euroliga y no para asegurarse una presencia cómoda en la postemporada.

Por otro lado, Saras Jasikevicius quiere redoblar la apuesta de Fenerbahçe para recuperar el cetro europeo que conquistó en 2025. El club turco ha acudido al mercado este verano para reforzarse con nombres ilustres de la competición como Shane Larkin, Will Clyburn y Shavon Shields. La estructura otomana cuenta con recursos, experiencia y un roster capaz de competir contra todos, tal y como demostraron en las semifinales de la Supercopa, donde los del lituano cayeron por un escueto 92-90.

Ahí aparece probablemente la mejor manera de describir una Euroliga que probablemente no se democratice, sino que eleva el nivel de exigencia a una élite bastante definida. Olympiacos, Panathinaikos, Fenerbahçe y Real Madrid - este último aún por ratificarse durante el curso - parten con argumentos para pensar en la Final Four. El resto tiene que demostrar que puede romper ese techo de cristal.

Dubai y las incógnitas españolas

Detrás de ese pequeño grupo aparecen otros proyectos ambiciosos como el del Dubai Basketball. La entidad creada en 2023 es la que aspira a romper esa jerarquía en el corto-medio plazo. Ha acumulado talento, dispone de una capacidad económica inalcanzable para otros equipos de la clase media - a excepción de Hapoel - y ya ha empezado a competir de tú a tú con varios de los grandes. No hace ni una semana, llevó al Real Madrid hasta la prórroga pese a que se quedó fuera de la final. Este jueves, ambas entidades se dan una reválida en la primera jornada de la Euroliga.

El crecimiento de Dubai, a golpe de talonario, obliga a tenerlo en cuenta. Todavía existe una diferencia entre disponer de músculo económico y una plantilla poderosa y demostrar que se puede aguantar el peso de plantilla e historia de otros equipos instalados en ese escenario desde hace décadas. Tiene argumentos deportivos para acercarse a la élite de la competición, pero todavía no se han traducido en nada más que una esperanza para el futuro.

Como Dubai, el mapa español también obliga a distinguir entre potencial y certezas. El Valencia Basket llega a este reinicio de la competición tras una temporada de crecimiento bárbaro, con el título de Liga Endesa y la presencia en la Final Four. El contra, sin embargo, llegó con la salida de Pedro Martínez rumbo a Madrid. Baja sensible que, sumada a las de Montero y Pradilla, pone en cuarentena los cimientos construidos por los taronjas hasta el pasado verano.

Toca empezar desde cero, pero con la experiencia que puede aportar todo un peso pesado de la Euroliga como Nikola Mirotic y la incorporación del talento de TJ Shorts. Dicho de otro modo, el proyecto del Valencia Basket no puede entenderse como una continuación del anterior, sino como una versión beta que tendrá que testar sus mecanismos, liderazgo y el reparto de responsabilidades. Su techo puede estar alto, pero la incógnita que aparece ahí es saber cuánto tardará en alcanzarlo.

Por su parte, el Barcelona tiene un grado de incertidumbre aún mayor. Entrenador nuevo y once incorporaciones durante el verano. Nombres como Justin Robinson, Tyrese Martin, Josh Nebo u Olek Balcerowski han desembarcado en el Palau, confirmando una transformación que obliga a los azulgranas a empezar desde la nada tras varios años de zozobra. El conjunto culé tiene potencial para coquetear con la zona alta, pero no es realista situarlo a la altura siquiera de los Hapoel o Dubai a estas alturas de la película. Máxime cuando acaba de sufrir el primer revés del proyecto tras caer derrotado a manos del Joventut de Nicolás Laprovittola y Ricky Rubio en la final de la Supercopa Endesa.

Caso similar al de un Baskonia que vuelve a partir desde una posición diferente. Los vitorianos mantienen a Paolo Galbiati, pero también han realizado cambios relevantes alrededor de Markus Howard, Rodions Kurucs o Tadas Sedekerskis. Su primer examen no puede ser más exigente: Olympiacos visita Vitoria en la jornada inaugural.

La Euroliga levanta el telón con más talento repartido por la competición y varios proyectos dispuestos a llamar a la puerta, pero la Final Four sigue pareciendo territorio reservado para un grupo reducido. Hay más dinero, más nombres y más amenazas alrededor, aunque todavía son unos pocos los que comienzan el curso con suficientes certezas como para mirar de frente a las cuatro plazas que conducen hasta el último fin de semana.

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