Había una concatenación de sucesos en el guion que invitaban a creer en él. La Supercopa Endesa visitaba por primera vez Cataluña, Badalona ejercía de anfitriona y el Joventut se plantaba en la final tras cuatro décadas sin llegar a una. Faltaba el último paso. Y la Penya, impulsada por la magia de Ricky Rubio y las diabluras de Nicolás Laprovittola, lo dio. El equipo verdinegro lo consiguió. Un homenaje a toda esa generación ganadora de mediados de los 80 para desquiciar al Barcelona (101-87) y decretar el estado de euforia en un Olímpic completamente entregado. La tercera Supercopa ya está en sus vitrinas.

Cuarenta años después de aquel último título en la competición, Badalona fue testigo directo de ver a su buque insignia levantar un trofeo con una generación construida a base de regresos, cantera y jugadores que han encontrado en el Joventut un lugar desde el que volver a competir por algo grande. Por soñar. No fue una victoria que se explica únicamente desde la conexión entre el equipo y la grada. La Penya jugó la final con convicción, creyéndose durante los 40 minutos que serían capaces de derrotar a un gigante – aunque venido a menos – como el Barcelona. Ya lo demostraron ante otro coco como Baskonia en semifinales, con una actuación estratosférica de Nico Laprovittola (27 puntos y 10 asistencias). Contra el Barça, su exequipo, siguió en trance.

El argentino llegó a la final después de firmar una de las grandes actuaciones de la historia reciente del torneo, pero le supo a poco. El exterior argentino mantuvo el pulso ante sus ex. Al término del tercer cuarto ya acumulaba 20 puntos en su casillero, con seis triples anotados en ocho intentos, siendo el catalizador emocional de la Penya. Cifras que redondeó hasta alcanzar los 31 tantos y un 28 de valoración. A su lado, la magia de un Ricky Rubio que dirigía el partido con 10 puntos y 8 asistencias. Sulejmanovic y Eli Ndiaye se sumaron a la hemorragia anotadora con 19 y 14 puntos respectivamente.

La Penya golpea primero y no vuelve a mirar atrás

El Joventut marcó territorio desde el salto inicial. Los 32 puntos de los primeros diez minutos fueron toda una declaración de intenciones. Un aviso de lo que sufriría el Barcelona si no apretaba abajo y ataba en corto a Lapro. Los de Sekulic respondieron con 23 puntos, pero ya se veían abocados a un partido de ritmo alto que ni estuvieron cerca de controlar. Lo intentaron en el segundo cuarto, frenando la orgía anotadora de los verdinegros y apuntándose la victoria parcial por 20-23. Redujeron el margen y llegaron al descanso todavía con opciones, pero el Joventut conservó la iniciativa y siguió su idilio con el aro desde todas las posiciones.

Precisamente ese reparto sería otra de las claves que explican la contundente victoria de la Penya. Más allá de los 31 puntos de un Laprovittola desatado, Emir Sulehmanovic anotó 19, Ndiaye añadió 14 a su casillero, Álex Reyes 11 y Rubio sumaría 10, rozando el doble doble con 8 asistencias. Dicho de otro modo, sólo dos jugadores de la plantilla se quedaron sin anotar, sin contar a Torres que tan sólo estuvo 12 segundos sobre el parqué, y hasta cinco jugadores verdinegros acabaron con dobles dígitos.

El Barça se sostuvo principalmente por una actuación descomunal de Joel Parra – con 24 puntos – y el acierto de Kevin Punter (20) y Tyrese Martin (16). De hecho, el tercer cuarto fue el momento en el que más vida tuvo el cuadro culé. De nuevo volvieron a ganar por 19-22 el parcial del penúltimo periodo, permitiendo que el partido llegara a sus últimos 10 minutos con un apretadísimo 71-68. La Penya caminaba renqueante en el marcador al perder parte de su ventaja, pero mantenía el control.

Último cuarto de locura

El Joventut no se despegó demasiado en el marcador hasta los últimos dos minutos, pero sí subieron el ritmo de su baloncesto durante el último periodo. Esos momentos que exigen administrar los nervios. La Penya se reencontró y desprendió de toda la presión que intentaba inocular el Barcelona. De nuevo, otra borrachera de puntos que se tradujo en un 30-19. La resistencia blaugrana desaparecía entre el griterío de un Olímpic que ya rozaba su primera Supercopa en 40 años y su primer título tras cerca de dos décadas de sequía.

La brecha se abrió hasta los 17 puntos y ya no hubo regreso posible. El resultado final es palmario: 101 puntos y un 59% de acierto global. Pero la diferencia también estuvo en el control del rebote. Los locales capturaron once más que el Barça, y concedieron menos segundas oportunidades mientras su circulación de balón terminaba produciendo siete asistencias más que la de su rival. No hubo siquiera un cambio de liderazgo durante toda la noche. La Penya mandó prácticamente desde el salto inicial.

El resultado completa además un fin de semana perfecto en casa: 197 puntos anotados entre semifinal y final, 96 ante Baskonia y 101 frente al Barça. Dos partidos que devolvieron al Joventut a una imagen que Badalona conoce bien, pero que llevaba demasiado tiempo sin saborear.

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