El baloncesto estadounidense vivió en abril de 2021 una de esas noticias que dejan al deporte en silencio. Terrence Clarke, uno de los jóvenes talentos más seguidos del baloncesto universitario, murió a los 19 años en un accidente de tráfico en Los Ángeles cuando se preparaba para dar el salto a la NBA. Su fallecimiento conmocionó a Kentucky, a la comunidad del draft y a buena parte del ecosistema del baloncesto en Estados Unidos, que veía en él a un jugador con condiciones para hacerse un hueco importante en la liga.
Terrence Clarke no era un jugador cualquiera. Había llegado a Kentucky como uno de esos perfiles que generan expectación casi inmediata: físico, talento ofensivo, buena capacidad para crearse sus propios tiros y una presencia en pista que invitaba a pensar en un recorrido serio en la élite. Se le recordaba entonces como un jugador con opciones de salir en la primera ronda del Draft de 2021.
Un curso marcado por las lesiones, pero con cartel de futuro
Su paso por Kentucky fue breve y accidentado, en todos los sentidos. Clarke apenas pudo disputar siete u ocho partidos durante aquella temporada universitaria por una lesión en la pierna derecha, y sus números quedaron en torno a los 9,6 puntos y 2,6 rebotes por partido. Aun así, seguía despertando interés entre los ojeadores por su proyección y por lo que había mostrado antes de frenarse físicamente. Uno de sus partidos más destacados fue el de 22 puntos ante Georgia Tech, una actuación que reforzó la idea de que tenía talento para competir a otro nivel.
Pese a ese contexto irregular, Clarke decidió dar el paso. En marzo de 2021 anunció que se presentaría al Draft de la NBA, asumiendo que las lesiones habían condicionado su único año universitario, pero convencido de que era el momento de seguir adelante con su carrera.
El accidente que estremeció al baloncesto estadounidense
La tragedia se produjo en Los Ángeles, donde Clarke estaba preparando precisamente ese salto al profesionalismo. Según la policía de Los Ángeles, el jugador circulaba a gran velocidad, se saltó un semáforo en rojo, impactó contra otro vehículo que iba a girar a la izquierda y después golpeó un poste de luz y una pared. Fue trasladado al Northridge Hospital Medical Center, donde terminó falleciendo a causa del impacto. Las informaciones de entonces añadían además que no llevaba correctamente puesto el cinturón de seguridad.
La noticia cayó como un mazazo. John Calipari, entrenador de Kentucky, aseguró estar “destrozado” y definió a Clarke como un chico que llenaba cualquier espacio con su personalidad, su sonrisa y su alegría. La universidad confirmó el fallecimiento y el mundo del baloncesto reaccionó con una mezcla de incredulidad y tristeza ante la pérdida de un jugador al que muchos daban por seguro en la conversación NBA.
Una promesa que ya se movía en la órbita NBA
Otra señal del nivel de expectativa que existía en torno a Clarke fue su reciente incorporación a Klutch Sports, la agencia dirigida por Rich Paul y vinculada a algunas de las grandes estrellas de la liga. Se unió a la agencia tan solo un día antes de que se produjese el accidente. Rich Paul lamentó públicamente su muerte y lo definió como un joven muy trabajador, ilusionado con lo que estaba por venir.
Su fallecimiento dejó una sensación especialmente dura por todo lo que quedaba por ver. Clarke ni siquiera había llegado a comenzar su carrera profesional, pero ya se hablaba de él como un escolta con herramientas para encontrar sitio en la NBA. Boston, su ciudad natal, Kentucky, la comunidad del draft y muchos jugadores y entrenadores sintieron que no solo se perdía a un chico joven, sino también a una historia que apenas estaba empezando.