El Schalke 04 vuelve a la Bundesliga. Después de tres temporadas fuera de la élite, el conjunto alemán certificó su ascenso con una victoria por 1-0 ante el Fortuna Düsseldorf, gracias a un gol de Kenan Karaman en el minuto 15. El triunfo desató la fiesta en Gelsenkirchen y puso fin a una etapa complicada para uno de los clubes más populares de Alemania, que recupera su sitio en Primera con dos nombres propios cargados de historia: Edin Dzeko y Loris Karius.

El regreso de un gigante dormido

El ascenso del Schalke no es uno más. Hablamos de un club con una masa social enorme, un estadio que volvió a superar los 60.000 aficionados y una afición que nunca dejó de empujar pese a los años de caída deportiva. La victoria ante el Düsseldorf confirmó el regreso automático a la Bundesliga con dos jornadas todavía por disputarse, una señal clara de la autoridad con la que el equipo ha cerrado la temporada.

El Schalke había pasado por años muy duros, entre descensos, crisis institucionales y la sensación de haber perdido su lugar natural en el fútbol alemán. Por eso, este ascenso tiene un valor emocional enorme. No solo devuelve al club a Primera: también repara parte del orgullo de una afición que llevaba demasiado tiempo esperando una noche así.

Dzeko, el delantero infravalorado que llegó para empujar el ascenso

Uno de los grandes nombres de este regreso es Edin Dzeko. El bosnio llegó al Schalke a mitad de temporada, en enero de 2026, procedente de la Fiorentina, para reforzar el ataque en los últimos meses del curso. El club anunció su fichaje para afrontar los 16 partidos restantes de la campaña, una incorporación de experiencia pura para un vestuario que necesitaba jerarquía en la recta final.

Y Dzeko respondió. A sus casi 40 años, volvió a demostrar que sigue siendo mucho más que un delantero veterano. Según los datos publicados, firmó seis goles y tres asistencias desde su llegada, un impacto directo en el tramo decisivo del ascenso. Su presencia no solo aportó cifras: también dio pausa, lectura de juego y una autoridad competitiva difícil de encontrar en Segunda.

Además, su temporada tiene una dimensión todavía mayor por lo que logró con Bosnia. Dzeko fue parte clave de la selección que consiguió clasificarse para el Mundial de 2026, la segunda participación mundialista en la historia del país, tras superar a Italia en la repesca por penaltis. Bosnia no jugaba una Copa del Mundo desde Brasil 2014, y el regreso al gran escenario internacional volvió a colocar al delantero como símbolo de una generación.

Por eso, hablar de Dzeko únicamente como un veterano sería quedarse corto. Es uno de los delanteros más infravalorados de este siglo: campeón, goleador en varias ligas, decisivo con su selección y todavía capaz de cambiar el destino de un club histórico. Su llegada al Schalke no fue un último baile decorativo; fue una intervención directa en una temporada que acabó en ascenso.

Karius y la redención después de Kiev

El otro gran símbolo del Schalke es Loris Karius. Su nombre quedó marcado para siempre por la final de la Champions League de 2018, cuando sus errores ante el Real Madrid condicionaron la derrota del Liverpool y le persiguieron durante años. Desde entonces, su carrera fue una sucesión de cesiones, oportunidades frustradas y dudas constantes sobre si podría volver a sentirse importante bajo palos.

En Gelsenkirchen encontró esa oportunidad. Karius fue una pieza clave del ascenso del Schalke y completó una temporada de enorme solidez: disputó 29 partidos y el equipo terminó con una de las defensas más fiables de la categoría. Además, otros registros le atribuyen 12 porterías a cero, el mejor dato de la segunda división alemana, una cifra que explica por qué su historia se ha leído como una auténtica revancha deportiva.

Lo más potente de su caso no es solo el rendimiento, sino el significado. Karius pasó de ser recordado casi exclusivamente por una noche traumática en Kiev a convertirse en uno de los héroes del regreso del Schalke a la Bundesliga. Ocho años después de aquella final contra el Real Madrid, el portero alemán vuelve a la élite con una imagen muy distinta: la de un jugador que supo resistir, reconstruirse y encontrar una segunda vida competitiva.

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