Afganistán estará entre las grandes potencias del críquet mundial en 2027. Su selección masculina aseguró este lunes la clasificación automática para la próxima Copa del Mundo ODI después de derrotar a Irlanda en Belfast, confirmando una transformación deportiva extraordinaria para un país que hace apenas dos décadas estaba muy lejos de la élite internacional. Sin embargo, cada nuevo éxito vuelve a colocar al International Cricket Council (ICC) ante una pregunta que todavía no ha conseguido resolver: qué hacer con una federación cuya selección masculina progresa mientras sus mujeres prácticamente han desaparecido del deporte.
La victoria garantiza que Afganistán terminará dentro de las posiciones que conceden el billete directo al torneo de Sudáfrica, Zimbabue y Namibia, previsto para 2027. Compartirá clasificación automática con selecciones como India, Australia, Inglaterra, Pakistán o Nueva Zelanda, mientras una potencia histórica como West Indies, doble campeona mundial, tendrá que disputar nuevamente la fase clasificatoria.
El ascenso de un país convertido en potencia
El contraste sirve para dimensionar lo conseguido por Afganistán. En 2017 obtuvo la condición de miembro de pleno derecho del ICC, el máximo estatus dentro del organismo internacional, y desde entonces su selección masculina ha ido reduciendo progresivamente la distancia con las grandes potencias.
Pero mientras los hombres han seguido avanzando, el desarrollo femenino quedó interrumpido después de que los talibanes recuperaran el poder en agosto de 2021. Las restricciones impuestas a mujeres y niñas alcanzaron también al deporte y provocaron que muchas atletas abandonaran el país. Antes del cambio de régimen, la federación afgana había concedido contratos a 25 jugadoras de críquet, la mayoría de las cuales terminaron posteriormente en el exilio.
La paradoja afecta directamente al propio reglamento internacional. Entre los criterios establecidos para pertenecer al ICC se encuentra el compromiso con el desarrollo del críquet femenino, una condición que Afganistán actualmente no puede cumplir. A pesar de ello, el organismo ha permitido que conserve su membresía y que el combinado masculino continúe participando con normalidad en sus competiciones.
El ICC intenta encontrar una solución fuera de Afganistán
La respuesta del organismo ha comenzado a tomar una dirección diferente: mantener al equipo masculino mientras crea vías alternativas para que las jugadoras expulsadas del sistema puedan continuar jugando.
En abril de 2025, el ICC creó junto a las federaciones de Australia, Inglaterra e India un grupo específico para apoyar a las jugadoras afganas desplazadas. El proyecto ofrece recursos deportivos y personales a las cricketers que tuvieron que abandonar el país.
La iniciativa avanzó nuevamente este verano. En julio de 2026, el organismo aprobó un programa de desarrollo para las jugadoras afganas refugiadas y encargó a un grupo de trabajo la elaboración de una hoja de ruta a largo plazo. Las deportistas, actualmente repartidas principalmente entre Australia, Inglaterra y Canadá, recibirán acceso a entrenadores, preparación física, fisioterapia y nuevas oportunidades para competir.
Es un movimiento importante para quienes perdieron prácticamente de un día para otro la posibilidad de representar a su país, pero no resuelve completamente la contradicción institucional. Afganistán continúa siendo miembro pleno del ICC sin disponer de una selección femenina funcional dentro del país.
¿Castigar a los jugadores o a la federación?
El debate tampoco tiene una respuesta sencilla. En los últimos años han existido peticiones para boicotear los partidos de Afganistán. Más de 160 políticos británicos reclamaron en 2025 que Inglaterra no disputara su encuentro contra la selección afgana en el Champions Trophy, mientras Australia también ha cancelado compromisos bilaterales por la situación de las mujeres.
Dentro del ICC, sin embargo, predomina desde hace tiempo otra interpretación: excluir a la selección masculina difícilmente cambiaría las políticas de los talibanes y podría castigar a jugadores que no son responsables de ellas. Algunas de las mayores estrellas afganas, como Rashid Khan y Mohammad Nabi, han criticado públicamente restricciones impuestas a las mujeres.
Por eso la clasificación para 2027 tiene dos lecturas difíciles de separar. Deportivamente, Afganistán es una de las grandes historias de crecimiento del críquet moderno. Institucionalmente, cada triunfo recuerda el problema que continúa encima de la mesa del ICC.
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