El Regate

El ocaso de los dioses no se parece para Messi y Cristiano

El argentino cerró su historia con la Albiceleste entre homenajes en el Monumental mientras Ronaldo mantiene abierto su futuro con Portugal en pleno conflicto con Jorge Jesus

Cristiano Ronaldo y Lionel Messi se saludan antes de un Portugal - Argentina. Archivo/FIFA.
Cristiano Ronaldo y Lionel Messi se saludan antes de un Portugal - Argentina. Archivo/FIFA.

Durante más de veinte años, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo parecieron empeñados en hacer casi todo a la vez. Se repartieron Balones de Oro, récords, Champions, goles imposibles y una rivalidad que sobrevivió incluso cuando dejaron de compartir campeonato. Ahora también les ha llegado aquello que ninguna estadística permite aplazar indefinidamente: el final. Y, esta vez, sus caminos se han separado por completo.

Messi se despidió este martes de Argentina en un Monumental convertido en escenario de homenaje, con más de 85.000 personas en las gradas, un partido detenido expresamente en el minuto 10 para ovacionarlo y hasta un último gol en el 3-0 frente a Benín. Cristiano, unas horas antes, había tenido que explicar mediante un extenso comunicado por qué abandonó la concentración de Portugal después de sentirse traicionado por Jorge Jesus. Uno acaba de cerrar la puerta. El otro todavía discute quién puede hacerlo y en qué momento.

No es solo una diferencia de carácter. Tampoco hace falta volver a elegir entre Messi y Cristiano después de dos décadas haciéndolo. Sus situaciones deportivas son distintas y Portugal y Argentina gestionan momentos diferentes. Pero resulta difícil encontrar una imagen mejor del ocaso de los dos futbolistas que han marcado este siglo: Messi abrazando a sus compañeros mientras Buenos Aires le dice adiós y Cristiano defendiendo públicamente que todavía tiene un sitio en la selección portuguesa.

El último tango de Leo

Todo estaba construido para que el resultado ante Benín fuese prácticamente lo de menos. La Asociación del Fútbol Argentino había presentado el encuentro como la despedida de Messi ante su público y el Monumental respondió en consecuencia. El estadio estaba lleno mucho antes de que comenzara el amistoso y cada aparición del capitán funcionó como parte de una ceremonia preparada durante semanas.

Hasta el partido se permitió romper durante unos instantes sus propias reglas. Al alcanzar el minuto 10, el árbitro detuvo el juego y más de 85.000 espectadores se levantaron para ovacionar al dorsal que definió buena parte de la historia reciente de la selección argentina. Hubo fuegos artificiales, cánticos y un Monumental entero coreando su nombre.

Messi respondió de la manera que mejor conoce. Argentina ganó 3-0 y él participó directamente en los tres tantos, con un gol y dos asistencias, para cerrar su trayectoria internacional con 208 encuentros y 126 goles. 

El contraste con buena parte de su relación histórica con la Albiceleste resulta inevitable. Antes de convertirse en campeón del mundo, Messi conoció una Argentina mucho menos complaciente: finales perdidas, comparaciones permanentes con Diego Maradona y aquella renuncia a la selección en 2016 después de perder otra Copa América. Durante años, su historia internacional pareció construida alrededor de todo aquello que le faltaba.

El final ha sido exactamente el contrario. Argentina ha podido despedir a Messi después de haberlo visto ganar todo aquello que durante tanto tiempo le exigió. La Copa América de 2021 y, sobre todo, el Mundial de Catar cambiaron definitivamente el sentido de una relación que había conocido casi todos los extremos. El jugador que alguna vez se marchó agotado por las derrotas ha terminado escogiendo cuándo detenerse y escuchando a todo el Monumental pedirle que no lo haga.

Cristiano todavía discute con el reloj

A Cristiano Ronaldo, en cambio, cualquier homenaje todavía le queda lejos. Y él mismo se ha encargado de dejarlo claro.

El portugués publicó este martes un largo comunicado para ofrecer su versión de la crisis abierta durante la última concentración de Portugal. El conflicto se remonta al encuentro contra Noruega. Según relata Cristiano, Jorge Jesus le comunicó que disputaría aproximadamente 30 minutos. El delantero comenzó a calentar tras el descanso, permaneció preparándose durante media hora y finalmente no entró al campo. “El seleccionador había incumplido su palabra”, escribió el futbolista.

Pero la discusión posterior permite entender que el asunto iba bastante más allá de entrar o no en un partido. Cristiano asegura que después mantuvo una reunión con Jesus y con responsables de la selección para acordar cómo debía explicarse públicamente lo sucedido. De aquel encuentro salió, según su versión, un documento de ocho puntos que el seleccionador debía trasladar en rueda de prensa y que contenía una frase especialmente reveladora del lugar que Ronaldo considera que ocupa en la historia del fútbol.

Uno de esos puntos decía: “Me equivoqué al poner a calentar a alguien de la dimensión de Pelé o Maradona para luego no meterlo en el partido”. La frase formaba parte del texto que, siempre según Cristiano, habían acordado previamente y que Jorge Jesus finalmente no reprodujo en esos términos.

La comparación con Pelé y Maradona convierte la pelea por media hora de fútbol en algo bastante más profundo. No se trata únicamente de si Cristiano debía jugar ante Noruega, sino de cómo cree que debe tratarse a un futbolista que se considera situado en ese pequeño escalón reservado a las grandes figuras históricas. Después de más de dos décadas construyendo récords con Portugal, Ronaldo parece aceptar que sus minutos puedan administrarse; lo que no acepta es que esa gestión ignore, según su versión, el peso de todo lo anterior.

Su comunicado, sin embargo, contiene un elemento especialmente significativo. Cristiano no anuncia ninguna retirada. Al contrario: pide disculpas por haberse marchado, acepta que la Federación pueda sancionarlo y mantiene abierta la posibilidad de volver a Portugal si su rendimiento y su condición física justifican la convocatoria. Jorge Jesus ha negado, por su parte, la existencia del acuerdo en los términos descritos por el delantero.

El día en que ser eterno deja de bastar

Hay un momento en la carrera de cualquier gran futbolista en el que cambia la pregunta. Ya no se trata de cuánto puede dar, sino de cuánto espacio sigue ocupando. Messi ya ha cruzado esa frontera con Argentina. Cristiano todavía la está discutiendo con Portugal.

Durante años, ambos tuvieron un privilegio reservado a muy pocos: nadie necesitaba explicar por qué jugaban. Su presencia era la norma. Ahora, en cambio, cada minuto empieza a pesar más que antes. En el caso de Ronaldo, hasta una media hora pactada acaba convertida en asunto de Estado futbolístico porque detrás ya no está solo el partido, sino algo mucho más difícil de administrar: el lugar que conserva una leyenda cuando deja de ser intocable.

Messi ha podido llegar al final con el guion cerrado. El Monumental, el dorsal 10, su familia, sus compañeros y una grada preparada para agradecerle una historia que ya no necesita justificarse. Argentina no tenía que decidir qué hacer con Messi. Solo despedirlo.

Portugal todavía está en otra fase. Cristiano no quiere que nadie convierta en homenaje lo que él sigue entendiendo como presente. Habla de acuerdos, de respeto, de minutos y hasta de Pelé y Maradona porque, en el fondo, la discusión ya no es solo deportiva. También va de quién decide cuándo una figura de ese tamaño deja de ser jugador para convertirse en memoria.

Ahí está, quizá, la última gran diferencia entre ambos. Messi ha encontrado un final que parece escrito desde fuera para que todo encaje. Cristiano todavía quiere escribir el suyo desde dentro. Uno ya ha escuchado el adiós. El otro aún discute cuándo debe empezar a pronunciarse.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora