Gianni Infantino podría enfrentarse a un rival inesperado en su camino hacia un nuevo mandato: los propios estatutos de la FIFA. La organización de derechos humanos FairSquare ha pedido al Comité de Gobernanza, Auditoría y Cumplimiento que declare al presidente inelegible para las elecciones del 18 de marzo de 2027, al considerar que ya ha agotado el máximo de tres mandatos permitidos.

El problema está en cómo se cuenta su tiempo en el poder. Infantino fue elegido por primera vez en febrero de 2016, después de la dimisión de Sepp Blatter. En 2019 fue reelegido y en 2023 volvió a serlo como único candidato. Sobre el papel, tres elecciones. Pero FIFA interpreta que el periodo 2016-2019 no debe contabilizarse como un mandato completo porque Infantino terminó el ciclo que había comenzado Blatter. El Consejo de FIFA respaldó por unanimidad esa interpretación en diciembre de 2022.

El problema no es solo Infantino, sino quién interpreta la regla

FairSquare sostiene que esa interpretación contradice el espíritu y la letra de los límites de mandato. La organización argumenta que el máximo de tres mandatos fue introducido precisamente para impedir una concentración excesiva de poder y que permitir una excepción específica para el actual presidente convierte el límite en una norma fácilmente esquivable.

La crítica gana fuerza por una cuestión que va más allá del recuento de años: ¿quién decide cuándo empieza a contar el poder? La FIFA no ha modificado formalmente la duración de sus mandatos, pero sí ha establecido una interpretación que permite que el primer periodo de Infantino quede fuera de la cuenta. FairSquare cuestiona además que el razonamiento jurídico de aquella decisión de 2022 nunca se hiciera público.

Miguel Maduro, antiguo responsable del comité independiente de gobernanza de FIFA, ha respaldado la reclamación. Para él, los límites de mandato fueron una de las reformas esenciales posteriores al escándalo que provocó la caída de Blatter y no deberían poder reinterpretarse para beneficiar al presidente que ocupa el cargo.

Una reforma nacida después del escándalo Blatter

La discusión adquiere otra dimensión cuando se recuerda por qué FIFA decidió introducir límites presidenciales. Tras años de escándalos de corrupción y un sistema de poder fuertemente personalista, las reformas impulsadas a partir de 2016 pretendían reducir la posibilidad de que un presidente permaneciera indefinidamente al frente de la organización.

La regla establece un máximo de tres mandatos. El conflicto actual nace precisamente de esa idea: si el primer periodo de Infantino no cuenta, el límite sigue existiendo, pero se produce una excepción que solo afecta a quien actualmente ocupa la presidencia.

Por eso la cuestión no es únicamente si Infantino puede presentarse. Es si las reglas pueden interpretarse de manera diferente cuando el beneficiario de esa interpretación es el propio presidente.

Infantino llega al debate con menos margen político

La polémica aparece además en uno de los momentos más complicados de la presidencia de Infantino. UEFA, la AFC y Concacaf han pedido recientemente una revisión de su actuación después de la propuesta de crear una filial valorada en 20.000 millones de dólares para atraer inversión privada vinculada a las competiciones de FIFA. El proyecto fue retirado, pero abrió una crisis de confianza que todavía continúa.

La oposición empieza incluso a trasladarse a las federaciones nacionales. Escocia ya ha anunciado que no apoyará la reelección de Infantino, mientras el suizo conserva el respaldo de la Confederación Africana y de la Confederación Sudamericana.

El resultado es una fotografía mucho más compleja que hace unos meses. Infantino sigue siendo el único candidato confirmado y conserva apoyos enormes dentro de FIFA, pero por primera vez su continuidad se discute desde varios frentes simultáneamente: el político, el económico y ahora también el jurídico.

La decisión está en manos de FIFA

La reclamación de FairSquare ha sido presentada ante el Comité de Gobernanza, Auditoría y Cumplimiento, que tendrá que valorar si existe base para impedir la candidatura. FIFA no había respondido públicamente a la nueva reclamación cuando Reuters publicó la información.

Y ahí aparece la paradoja más delicada: la institución que debe decidir si Infantino puede presentarse es la misma organización que ya estableció en 2022 que su primer mandato no debía contar.

La batalla por la presidencia de FIFA de 2027 todavía no ha comenzado oficialmente, pero el caso ya plantea una pregunta mucho más importante que el nombre del próximo presidente: si existen límites al poder, ¿quién controla a quien tiene el poder suficiente para interpretar esos límites?

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