El fútbol y la política han vuelto a colisionar de forma abrupta. A menos de 100 días para que arranque el próximo Mundial, Irán ha comunicado al mundo su intención de no acudir al torneo que arranca el próximo 11 de junio en suelo estadounidense, canadiense y mexicano. La decisión, anunciada por el ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali, llega cargada de crudeza política y de un dolor nacional difícil de disociar del deporte: el conflicto bélico que sacude al país tras los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel del pasado 28 de febrero, en los que perdió la vida el líder supremo, Alí Jamenei, ha hecho insostenible, según Teherán, cualquier forma de normalidad deportiva.

En una entrevista recogida por la agencia DPA, el ministro iraní fue categórico: "Dado que este gobierno corrupto ha asesinado a nuestro líder, no hay condiciones en las que podamos participar en la Copa del Mundo. Se nos han impuesto dos guerras en ocho o nueve meses y varios miles de nuestros ciudadanos han sido asesinados. Por lo tanto, definitivamente no tenemos ninguna posibilidad de participar de esta manera".

Las palabras del ministro trasladaban algo más que una decisión deportiva: eran el reflejo de una nación en guerra, incapaz de proyectar hacia el exterior la imagen de normalidad que exige la participación en una Copa del Mundo. Irán había completado su clasificación para el torneo y tenía previsto disputar sus tres partidos del Grupo D en territorio estadounidense: los dos primeros en Inglewood, California, ante Nueva Zelanda y Bélgica, los días 15 y 21 de junio respectivamente; el tercero, ante Egipto, el 26 de junio en Seattle.

Trump garantizó la bienvenida horas antes

El anuncio iraní tiene una dimensión especialmente irónica si se atiende a la cronología de los hechos. Apenas unas horas antes de que Donyamali hiciera pública su declaración, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, compartía en su cuenta de Instagram el resultado de una reunión mantenida con Donald Trump en la Casa Blanca. El mandatario estadounidense, que en noviembre ya había garantizado visados para los futbolistas y técnicos iraníes —aunque no para los aficionados, por motivos de seguridad nacional—, volvió a tender la mano al conjunto asiático.

"El presidente Trump reiteró que el equipo iraní es, por supuesto, bienvenido a competir en el torneo en los Estados Unidos", escribió Infantino, quien añadió que el Mundial era ahora "más necesario que nunca" para reunir a los pueblos del mundo. La paradoja es mayúscula: la potencia que bombardeó Irán extiende, a través del fútbol, una invitación que Teherán ha rechazado de plano.

Las consecuencias: multas millonarias y sanciones deportivas

La retirada de Irán no estará exenta de un alto coste institucional. El reglamento del Mundial 2026 es taxativo al respecto. Según el artículo 6 del texto, titulado 'Retirada, partido no disputado, partido suspendido y sustitución', la Federación Iraní deberá afrontar una sanción económica de al menos 275.000 euros si la retirada se confirma con más de 30 días de antelación respecto al primer partido del torneo. Si la comunicación oficial llega en los 30 días previos al inicio del campeonato —que arranca el 11 de junio—, la multa se elevaría hasta los 550.000 euros como mínimo.

Pero las sanciones económicas son solo el comienzo. La normativa prevé que la Federación Iraní deba reembolsar todos los fondos recibidos de la FIFA para la preparación del combinado nacional, incluidas las contribuciones ligadas a la competición. Además, la Comisión Disciplinaria del organismo podría aplicar medidas adicionales en función del momento exacto en que se produzca la retirada y de la gravedad de la infracción. En el horizonte asoma la posibilidad de una sanción que condicione futuras participaciones iraníes en competiciones internacionales.

¿Quién ocuparía su puesto?

Si Irán confirma su ausencia, la pregunta que planea sobre la competición es quién tomaría el relevo en el Grupo D. La respuesta más lógica apunta a Irak, la selección asiática clasificada para la repesca B que todavía no ha asegurado su plaza en el torneo. El combinado iraquí disputará el 31 de marzo en Monterrey, México, un partido único ante el vencedor del duelo previo entre Bolivia y Surinam para determinar si logra el billete mundialista.

Si Irak no obtuviera ese pase de la repesca, sería igualmente el candidato natural para sustituir a Irán en caso de retirada, al ser la selección de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) que llegó más lejos en el proceso clasificatorio sin lograr la clasificación directa. La FIFA tendría la última palabra sobre el procedimiento a seguir, aunque el reglamento apunta claramente en esa dirección.

Queda aún tiempo para que la situación evolucione. La propia palabra de las autoridades iraníes deja resquicios a la ambigüedad: el anuncio del ministro Donyamali es contundente, pero la FIFA y los gobiernos implicados seguirán tejiendo sus redes diplomáticas en las próximas semanas. Lo que ya es inocultable es que el conflicto bélico en Oriente Medio ha traspasado los campos de batalla para instalarse en el corazón del deporte mundial. Y que, a menos de cien días del inicio del torneo, el fútbol vuelve a recordarnos que nunca es completamente ajeno al mundo que lo rodea.

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