Decía Luis Aragonés que el fútbol es “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Receta sencilla, pero compleja su puesta en práctica. Más aún en el contexto del fútbol moderno. Nunca viene mal evocar o aferrarse al espíritu del primer gran arquitecto de la Selección. Sobre todo cuando no hay margen de error. España tiene este domingo su oportunidad de redención tras el traspiés ante Cabo Verde. Debut amargo en el Mundial de 2026 que bajó el suflé en 90 minutos de puro caos táctico. La colapsada enfermería no ayudó a Luis de la Fuente en la confección del once, aunque con las cartas que tenía sobre la mesa, debía valer para sumar tres puntos ante la debutante africana. Este domingo (18:00 hora local), el combinado nacional deberá mejorar sus prestaciones y afinar sus instrumentos para que la melodía suene armoniosa y cosechar los tres primeros puntos que eviten un partido a cara de perro por la supervivencia ante Uruguay en la última jornada de la fase de grupos.

Arabia Saudí no tiene a Lamine Yamal. Tampoco a Pedri. Carece entre sus filas de una amenaza con nombre propio, lo cual supone en sí mismo un notable peligro. Ante Uruguay demostraron su carácter competitivo, arrancando un empate a una Selección de relumbrón – con menor nivel que en otras ediciones -. Un sólido bloque que pretende repetir la heroica ante un equipo que llegó a las Américas con una racha de 32 partidos sin perder. Frente a Cabo Verde se engordó ese ciclo, pero rozando el insuficiente con un triste 0-0 que fue el reflejo de una Selección carente de soluciones desde el banquillo y con plomo aún en las piernas.

Si de algo sirve el tropezón de la jornada inaugural es para aprender que ni los nombres ni la estrella en el pecho ganan partidos por sí solos. España debe recuperar ese lustre y esa rebeldía juvenil que lleva encandilando al planeta fútbol desde el 2024. Piano piano, que diría aquel. Lo principal es rearmar la confianza propia y lamerse las heridas a base de acierto y goles. Lo demás, fluirá. Llegará sólo cuando tenga hacerlo. Para las eliminatorias. Pero cuando se llegue a ese puente ya se cruzará el río. De momento, el objetivo es Arabia Saudí.

Mismo perro…

La cita es crucial. El empate contra Cabo Verde es un tropezón que no ha de trascender la delgada línea de la hecatombe. Los saudíes llegan al choque vivos y plenos de confianza, sabedores de que un buen resultado frente a España les pondría a tiro de los dieciseisavos de final. Un hecho histórico para un país con más dinero que talento, aunque el vértigo de la hazaña también juega malas pasadas.

La principal amenaza saudí no está en su fase ofensiva, sino en su manera de defender. Un equipo tradicionalmente disciplinado, trabajado y muy ordenado tácticamente. Once soldados capaces de convivir sin el balón en su poder. No les importa amotinarse en su área, acumular jugadores por detrás de la línea de la pelota, tapar todos los huecos posibles y esperar al error rival para castigar tras pérdida. Sistema que rima en consonante con el caboverdiano.

He ahí el principal peligro para España: no golpearse dos veces con la misma piedra, aprender de los errores del pasado y, sobre todo, ser pacientes. Es irremediable sentir de nuevo el pánico atenazando los pies. Un sistema que es una kriptonita para cualquiera que busque romper desde las bandas o con combinaciones de alto voltaje. Armas, por cierto, inexistentes en el debut ante Cabo Verde. De la Fuente también debe sacar una lección de aquello. O varias, mejor dicho. Como el uso de la banda izquierda con un extremo y no un centrocampista reconvertido – llámese como se llame -, la ubicación de Pedri sobre el tapete o la inclusión de un perfil más incisivo en espacio reducido y entre líneas como Olmo. Bazas interesantes que jugar ante planteamientos de bloque bajo extremo. Un muro que puede derribarse con la inclusión de una figura clásica de ‘9’ (Borja Iglesias) o, en su defecto, de falso ‘9’ – Mikel Merino, aunque llegue renqueante -.

Ante Cabo Verde faltaron muchas cosas. Lectura y soluciones desde el banquillo, por ejemplo, pero también velocidad en la circulación, desequilibrio y profundidad. Los pocos fogonazos de esto último, gracias a las incursiones de Cucurella por la desierta banda izquierda del ataque español. Mucho balón, pero pocas ocasiones. Arabia ha tomado buena nota de ello y buscará plasmar la misma fórmula que tan buen resultado le dio ante Uruguay: cuantos menos espacios, mejor.

Pero no sólo de la defensa viven estos equipos. Arabia Saudí no es la excepción. Tienen argumentos para castigar cualquier error en zonas intermedias. Sus transiciones son rápidas, atacan bien los espacios a la espalda de las defensas con futbolistas capaces de recorrer grandes distancias en poco tiempo. No necesitan dominio para generar peligro, tan sólo buscan una pelota mal gestionada por el rival o un despiste en una marca para transitar al área rival a gran velocidad.  

Los chicos de De la Fuente necesitarán de altas dosis de paciencia para mimar bien el balón y no caer en una desesperación que se traduzca en una mala pérdida. Una victoria sería un colchón para España, que rozaría con la yema de los dedos las eliminatorias. Ahora bien, otro pinchazo… La parte positiva es que la estrella del FC Barcelona, Lamine Yamal, tendrá más minutos que ante Cabo Verde y – con toda probabilidad – estará sobre el tapete desde el pitido inicial. Su desborde es esencial para romper el muro saudí, pero no debe ser la única arma de la Selección para un partido más que incómodo.

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