Enes Kanter Freedom ha encontrado una nueva forma de entrar en la batalla cultural estadounidense. El exjugador de Utah Jazz, Oklahoma City Thunder, New York Knicks, Portland Trail Blazers y Boston Celtics ha anunciado que se considera candidato al Draft de la WNBA de 2027, una declaración concebida para cuestionar las reglas sobre género y la participación de mujeres trans en el deporte femenino.
“Tras una cuidadosa consideración y revisar las actuales normas de elegibilidad, me declaro oficialmente una promesa WNBA”, aseguró Kanter en un vídeo difundido este viernes. El antiguo pívot sostiene que, según su interpretación, las políticas actuales permitirían competir atendiendo a la autoidentificación y asegura estar dispuesto a exigir que esas reglas se apliquen “de manera igualitaria”.
Su anuncio es, ante todo, una provocación política. La WNBA no ha confirmado que Kanter sea elegible para participar en su Draft y las normas disponibles no respaldan de forma expresa la premisa sobre la que construye su argumento: que basta con declararse mujer para poder competir en la liga. El convenio colectivo establece que únicamente las mujeres pueden jugar en la WNBA, pero no contiene una definición específica de “mujer” ni desarrolla un criterio basado en la mera autoidentificación.
After careful consideration and reviewing the current eligibility guidelines,
— Enes Kanter FREEDOM (@EnesFreedom) August 7, 2026
I’m officially declaring myself a @WNBA prospect.
If simply declaring who you are is all that’s required, then I meet every single requirement necessary to compete in the WNBA.
My team and I have… pic.twitter.com/msncUZUT1J
Kanter, de 34 años y retirado del baloncesto profesional, asegura que no pretende “burlarse, ridiculizar o faltar el respeto” a ninguna comunidad. Su objetivo declarado es poner a prueba la coherencia de las reglas y del discurso inclusivo que han defendido distintas figuras de la competición.
La WNBA, atrapada en un debate cada vez más político
La intervención del ex NBA llega en plena discusión en Estados Unidos sobre la participación de deportistas trans en las categorías femeninas. Caitlin Clark, una de las principales estrellas de la WNBA, ha evitado adoptar una posición tajante y ha defendido que sean las ligas y los organismos responsables quienes determinen las normas de participación. La jugadora de Indiana Fever ha insistido en los últimos días en que prefiere concentrarse en el baloncesto mientras las instituciones deportivas abordan una cuestión que considera compleja.
Más contundente ha sido su compañera Sophie Cunningham, que se ha mostrado contraria a que mujeres trans compitan en determinadas categorías femeninas. Cunningham ha rechazado que sus declaraciones respondan al odio hacia las personas trans y afirma que pretende defender lo que considera condiciones justas para las deportistas. Sus palabras han provocado apoyos y críticas dentro y fuera de la liga.
La Asociación de Jugadoras de la WNBA, WNBPA, respondió al clima generado alrededor del debate con un comunicado en el que reivindicó los valores de “justicia, equidad, diversidad e inclusión” y rechazó que las jugadoras sean utilizadas como “peones políticos”.
El sindicato, que representa a más de 200 jugadoras, advirtió además de que el odio y la demonización de cualquier colectivo, incluidas las personas trans, alimentan “el miedo, la división y el daño”. La organización aseguró que está dispuesta a mantener conversaciones difíciles sobre el futuro del deporte femenino, pero rechazó que sus integrantes sean utilizadas para alimentar campañas políticas.
Kanter lleva la batalla cultural al baloncesto
La figura de Enes Kanter Freedom lleva años desbordando el ámbito deportivo. El exjugador ha desarrollado una intensa actividad política, especialmente a raíz de sus críticas al Gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan y de sus denuncias sobre vulneraciones de derechos humanos en China. En los últimos años también se ha acercado públicamente a posiciones conservadoras estadounidenses y ha mostrado su apoyo a Donald Trump.
Su anuncio sobre la WNBA encaja en ese perfil. Kanter no está desarrollando una campaña deportiva convencional para regresar a las pistas, sino utilizando su condición de antiguo jugador profesional para llevar al extremo una discusión que atraviesa actualmente el deporte estadounidense.
La incógnita no es, por ahora, si algún equipo de la WNBA podría seleccionarlo. Antes tendría que existir una base reglamentaria que permitiera considerarlo elegible, algo que la liga no ha reconocido.
Su declaración sí ha conseguido otro objetivo: colocar de nuevo a la WNBA en el centro de una disputa que mezcla deporte, género y política. Y lo hace en un momento en el que las propias jugadoras muestran posiciones diferentes, mientras su sindicato intenta impedir que esas discrepancias terminen convirtiendo a la competición en otro escenario de la polarización estadounidense.
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