Hay una imagen que la Fórmula 1 repite cada vez que llega a Bakú. Los monoplazas abandonan una de las zonas más estrechas de todo el Mundial, pasan junto a las murallas del casco histórico y, pocos segundos después, aceleran hacia una recta interminable con el perfil moderno de la capital azerbaiyana al fondo. La ciudad no acompaña a la carrera. La ciudad forma parte de la carrera.
No siempre fue así. Durante décadas, buena parte del calendario de la Fórmula 1 se construyó alrededor de lugares cuyo principal argumento era precisamente el circuito. Monza, Silverstone, Spa-Francorchamps o Suzuka no necesitaban demasiada presentación fuera del automovilismo. Se iba allí porque allí estaba la pista. La expansión de la competición durante los últimos años está construyendo otro modelo. En Bakú, Miami, Las Vegas o Madrid, el trazado importa, pero alrededor hay otro producto que vender.
El Gran Premio de Azerbaiyán, que este año se disputa excepcionalmente el sábado 26 de septiembre, ofrece una buena fotografía de esa transformación. Bakú apareció por primera vez en el calendario en 2016 bajo el nombre de Gran Premio de Europa y, una década después, ya tiene asegurado su lugar en la Fórmula 1 hasta 2030. La competición renovó el acuerdo el pasado año destacando no solo las características deportivas del circuito, sino también su capacidad para atraer visitantes internacionales. En 2024 llegaron aficionados procedentes de más de 70 países y la audiencia televisiva mundial superó los 66 millones de espectadores, según los datos difundidos por la propia F1.
Este fin de semana incluso el calendario se adapta a la ciudad que lo acoge. La carrera será el sábado porque el domingo 27 Azerbaiyán celebra su Día del Recuerdo. Todo el programa se ha adelantado 24 horas: entrenamientos el jueves, clasificación este viernes y Gran Premio el sábado.
Es una circunstancia excepcional, pero encaja con algo mucho más profundo. La Fórmula 1 ya no aterriza simplemente en un país para utilizar un circuito. Cada vez se integra más en la estrategia turística, comercial y de imagen de las ciudades que la reciben.
El circuito también tiene que salir bien en televisión
Bakú entendió pronto el juego. Su circuito urbano tiene suficientes peculiaridades deportivas para defenderse por sí mismo: algo más de seis kilómetros, una sección extremadamente estrecha junto a la ciudad vieja y una larguísima zona de aceleración que convierte al trazado en una anomalía entre los circuitos urbanos. Pero difícilmente se entiende su permanencia en el calendario sin mirar también lo que ocurre alrededor.
La retransmisión enseña las murallas de Icheri Sheher, las Flame Towers, el paseo junto al Caspio y las grandes avenidas de la ciudad. Cada vuelta son también varios minutos de promoción internacional de Bakú. La carrera permite que una capital que hasta hace apenas unos años tenía una presencia mucho menor en el imaginario turístico occidental aparezca durante un fin de semana ante decenas de millones de espectadores.
La Fórmula 1 ha perfeccionado ese modelo. Miami llegó al campeonato en 2022 alrededor del Hard Rock Stadium. Ni siquiera es, en sentido estricto, un circuito urbano clásico: el trazado temporal se construye en el complejo que rodea el estadio de los Miami Dolphins. La propia Fórmula 1 presenta el Gran Premio asociándolo a playas, arquitectura art déco, gastronomía, vida nocturna y celebridades. El mensaje comercial resulta difícil de separar de la competición deportiva: no se vende únicamente una entrada para ver coches, sino un fin de semana en Miami.
Las Vegas lleva esa idea todavía más lejos. Cuando la categoría regresó a la ciudad en 2023, hizo pasar los monoplazas durante dos kilómetros por el Strip, entre hoteles, casinos y algunos de los edificios más reconocibles del planeta. La Fórmula 1 no se limita allí a alquilar un escenario. Es promotora del propio evento y ha realizado una inversión de largo plazo en la ciudad.
El resultado ha convencido a ambas partes. Este verano se anunció una ampliación del acuerdo que mantendrá el Gran Premio de Las Vegas en el calendario hasta 2037. Según las cifras difundidas por la organización, las tres primeras ediciones generaron un impacto económico acumulado de 3.200 millones de dólares para el sur de Nevada y las tres agotaron sus entradas. Solo la carrera de 2025 habría generado 43 millones de dólares en impuestos estatales y locales.
Las Vegas es seguramente el ejemplo más evidente de hacia dónde quiere llevar Liberty Media el producto. El coche sigue siendo indispensable, pero alrededor aparecen conciertos, restauración, paquetes VIP, hoteles, experiencias exclusivas y patrocinadores. La carrera empieza mucho antes de que se apaguen los semáforos y termina bastante después de la bandera a cuadros.
Madrid entra directamente en esa Fórmula 1
Madrid acaba de incorporarse precisamente por esa puerta. El Mundial cerró hace menos de dos semanas su etapa europea de 2026 con el primer Gran Premio disputado en el nuevo trazado madrileño, construido alrededor de IFEMA y con partes permanentes y urbanas. El acuerdo firmado garantiza la presencia de la capital española hasta 2035.
Cuando Stefano Domenicali explicó por qué la Fórmula 1 había elegido el proyecto, habló de la pista, pero también de algo mucho más amplio: la experiencia completa del aficionado, los desplazamientos, el entretenimiento y la capacidad de Madrid para recibir el evento. El proyecto nació con una previsión superior a 110.000 espectadores diarios y la intención de alcanzar los 140.000 durante los primeros años del contrato.
También aquí la ubicación resulta parte de la propuesta. IFEMA está junto a uno de los principales aeropuertos europeos y conectada mediante transporte público con el centro de la ciudad. Para la nueva Fórmula 1, esa facilidad no es un detalle logístico menor. Permite que miles de aficionados extranjeros conviertan un Gran Premio en un viaje de varios días y que la carrera desborde los límites físicos del circuito.
Madrid conecta así con Miami, Las Vegas, Singapur o Bakú mucho más de lo que podría parecer mirando únicamente los planos de sus trazados. No son circuitos idénticos ni responden exactamente al mismo modelo de financiación, pero todos parten de una idea parecida: la ubicación es parte del espectáculo.
No significa que la Fórmula 1 esté abandonando los circuitos tradicionales. El calendario de 2026 mantiene lugares como Silverstone, Spa, Suzuka, Monza o Interlagos, escenarios cuya historia sigue siendo uno de los grandes activos comerciales del campeonato. El contraste es precisamente lo que explica la estrategia: conservar suficientes templos históricos para mantener el vínculo con el pasado mientras se incorporan mercados donde la ciudad puede convertirse en un argumento tan poderoso como la propia pista.
La otra carrera se disputa por entrar en el calendario
El problema es que el Mundial tiene un límite. La temporada 2026 cuenta con 23 grandes premios y la Fórmula 1 ha dejado claro durante los últimos años que no pretende convertir el campeonato en una sucesión interminable de fines de semana. Mientras nuevos países intentan conseguir una carrera, cada contrato de larga duración reduce el espacio disponible para los demás.
Las Vegas está asegurada hasta 2037, Madrid hasta 2035 y Bakú hasta 2030. Tener un buen circuito ya no basta. Los promotores necesitan financiación, infraestructuras, capacidad hotelera, conexiones internacionales, patrocinadores y, sobre todo, una propuesta capaz de competir dentro de un campeonato que ha descubierto cuánto puede valer convertir cada Gran Premio en un gran evento internacional.
De ahí que incluso la geografía de la Fórmula 1 haya cambiado. La disciplina que durante décadas creció alrededor de circuitos construidos lejos de los centros urbanos busca ahora acercarse al lugar donde están el público, las empresas y el dinero. A veces convierte calles reales en una pista, como ocurre en Bakú o Las Vegas. Otras levanta un trazado temporal alrededor de un estadio, como Miami. Madrid ha apostado por una solución híbrida alrededor de un gran recinto ferial.
Son maneras distintas de responder a una misma pregunta: cómo hacer que una carrera sea algo más que una carrera. Bakú volverá a recordarlo este sábado. Cuando los coches atraviesen a toda velocidad las murallas de la ciudad vieja antes de lanzarse hacia el Caspio, estará en juego la decimoquinta prueba del Mundial y Antonelli tratará de ampliar una ventaja que ya alcanza los 81 puntos sobre George Russell.
Pero habrá otra competición mucho menos visible. La que enfrenta a ciudades, promotores y países por conseguir unos días de atención mundial en un calendario cada vez más valioso. En esa carrera, la Fórmula 1 ya no pregunta únicamente quién tiene el mejor circuito. También pregunta quién puede ofrecerle el mejor escaparate.
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